La frustración del campo artístico (xii de xii)

[Nota de Autor: Este post tiene dos formas de leerse. Una de arriba hacia abajo. Otra, de abajo hacia arriba. En cualquier caso, solo ponga la música y empiece a leer. Ah... y feliz viaje]

Que finalicemos el proceso entero de transmutación de un hombre cualquiera a el hombre pleno que puedo ser, sin ansiedad como presupuesto en la cartera. ¿Angustia? La que quieras -Silvio Rodríguez en eso tiene toda la razón-. Pero ansiedad: cero.

Que no me baste la plegaria para cada día estar protegido de hacerme daño y evitar hacerle daño a los demás. Que me vuelva yo un solo acto, tanto de Broadway como de alineación estelar, cada mañana, cada tarde, cada noche. Que yo camine cada vez con menos peso en los hombros, sin culpa de sentir la conexión que siento, lejos de los deseos de personas que no comprenden cómo habitarla, lejos de pensamientos y palabras para sacudir las cabezas podridas que impiden que el agua de nuevo corra sana.

Con esto no quiero justificar las castraciones, las ruedas con palos, los arranques trancados, las muletas invisibles de madera podrida que tenemos que usar para caminar. Con esto sí quiero decir que así como es necesario recuperar la valentía de expresarse y asumirse como un foco de desarrollo y de conexión de percepciones (que es a lo que llega una persona artista cuando su trabajo es pleno), así mismo es necesario recuperar la serenidad y fuerza para tener tantos orgasmos seguidos como queramos transformando la vida en un sibaritismo y alegría amplios, con profundidad y carisma, con remordimientos vaciados. Tal vez se pierda un poco de control, pero lo que está al otro lado del muro de hielo es el poder propio de la sensualidad, y ese es un dragón que es necesario aprender a caminar con él, para un día poder montarnos en su lomo y poder salir volando, para reírnos de tanta pendejada universal.
Erróneamente nos dicen que tiene que ver el placer con no meterle cabeza sino probar, dejarse llevar. Claro. ¿Y esa angustia, ese dolor se apaga cuando lo hacemos? No. Surge una costra encima, pero el dolor, la inmanencia de sentir que no se goza pleno, sigue: no es una voz en la cabeza, es un malestar corporal. Luego algo no está bien. Algo más debe poderse hacer. Por eso nuestro proceso artístico solamente se vuelve fructífero y pleno cuando encaramos ese factor. Aprender a amar la fluidez de la vida implica un solo momento de decisión, pero toda una vida de práctica para (sin remordimientos) aplicarlo.
Algunas personas venimos a este mundo a recuperar la noción de placer. A reaprenderla, resignificarla, cocrearla. A gozarla de otra forma. A unir el deseo de un placer luminoso con el deseo de cuero, látigo, espuelas y humedades.

Reemplacemos las palabras.
Lo opuesto de la degradación y la destrucción como actitud preestablecida desde el a(A)rte atacando a los centros del poder  es la decisión de entrar en una vida plena de desafíos orgánicos: somos ya seres cibernéticos, bueno, entonces hagamos la fantasía de todo comic realidad: transmutémonos en seres tecno-orgánicos. ¿Y cómo realizarlo? Aprendiendo a reciclar. Aprendiendo a recuperar espacios de reciclaje. Aprendiendo a cambiar el cableado mental mediante el ritual para la expulsión definitiva de los anclajes de consumo que rigidificaron las neuronas y nos impidieron estar ahora, proyectándonos, con esa amplitud propia de los buenos espíritus.
Lo opuesto del “vamos a destruirlo todo y además es lo que está de moda, luego, me paga” no es un paganismo reencauchado, no es la obsesión por no caer en ismos. Es la postura de zazen, es la postura de zeiza, es la comida y el agua en cantidades abundantes, es el preguntar “¿qué diablos hago con todos estos residuos de vida que ya no son míos?, ¿a dónde los llevo para que se vuelva una nueva humanidad?”, es el pasar de la estrechez porque se considera como forma grandiosa de vida al uso responsable y abundante de los recursos de la Madre Tierra como proyección permanente de vida que atrae riqueza por estabilidad, no por consumo desaforado. Dicho de otro modo lo último, es atraer la plata para comprar lo que necesitamos y deseamos, el influjo de caja que queremos sin volvernos los Homo Faccio Consummistas que tanto criticamos en nuestros padres y madres.
Lo opuesto es pasar por ese aprendizaje e insistir en el poder del cableado nuevo. La idea es superponer a la onda magnética de una idea la onda sana completamente opuesta, para realzar el poder que tenemos. Lo necesario es que todos los artistas que trabajan con el cuerpo empiecen un proceso de desintoxicación de drogas de un año, para poder realzar realmente los tejidos que tienen y darle la vuelta de tuerca que tanto desean al sistema porque se decolonizaron por dentro del modus vivendi: en un mundo de adictos, no hay nada más revolucionario que el ayuno, el enema, lo zanahorio.

Reemplacemos las palabras.
Para mí, creo que no deberían existir propuestas que apuntaran a crear un ejército de artistas nuevos, sino un micelio de artistas nuevos, o una simbiosis de artistas nuevos, o quizá un DiversiPanal de artistas nuevos. El artista pasó de l’ art pour l’ art a el punk por el punk y se juró que estaba avanzando… pero es incapaz de poner en cintura a CocaCola, pero es incapaz de poner en cintura a Glencore Xstrata, pero es incapaz de reclamar su mente como propia, pero niega lo trascendente y lo ansía a punta de gramos de cocaína. A mí no me da pena decir que escribo para la mente nueva hoy, porque el mañana no tiene acción para mí y el accionar de la memoria del ‘hace unos años’ lo uso para vaciarme de otras intenciones: no me interesa ese modus vivendi en el cual queremos los latinoamericanos un Renacimiento que no nos pertenece, así como un Barroco que solo nos trajo sangre y un posmodernismo que solo es sangre degastada con lavandina, porque no puede aportar nada que realmente sacuda este sistema sin anarco-destruirse.

Yo veo que adolecemos, que somos adolescentes, que la adolescencia social llegó a su fin y entramos en un periodo en el que hasta el mismo cielo tendrá otro color y otros nombres, sin rendirnos pleitesía y sin la intensidad de jurarnos ombligos hormonales del universo. Y no soy digno de habitar ese sendero a casa, no a veces. Y por eso, reconecto.
Yo quiero conectarme porque brinda paz, serenidad, una fortaleza sobria que me permite moverme sin el dolor de sentirme abandonado a una cierta miserableza que es, a mi modo de ver, la única opción que elegantemente me regala este sistema de producción, como un hombre gordo que ha sudado alcohol estando fusionado a una mujer, masturbándose en su interior, botando lo que para ella representa su próxima cena en forma de hoja de papel pintadas con números, encima de una mesa cualquiera de país cualquiera.
Yo quiero reconectarme porque necesito saber a qué saben los frutos de un mundo sin pena, sin dolor, sin exorcismos de virilidad en las fotos de la prensa.

Algunas personas nacemos con un desafío muy grande. Ese desafío es el desafío de conectarse con la Tierra, con lo que representa la naturalidad y la fuerza de la misma. Se nos pide y exige que seamos fieles a otras cosas, pero no podemos, porque eso es lo que desafía y amplía nuestro día y noche: el recuperar los lazos con la que nos sustenta a todos.
Muy lejos de mí está esa ilusión de que todos somos iguales como una gran nata blanca batida: todos somos igualmente constituidos, pero no todos estamos igualmente desarrollados espiritualmente. Y las grandes mafias corporativas y eclesiásticas lo saben, y por eso capturan tantos adictos, porque en un mundo de locos o tú elijes un desatino controlado o alguien elije para ti tu esquizofrenia con arias exquisitas como modus vivendi perpetuo. No hay puntos intermedios en ello, es otro plano y otra vuelta en el tango la que se abre frente a ti cuando lo admites.

Debería importarnos porque todos somos uno. Debería importarnos porque estamos conectados. Debería importarnos porque nunca, jamás, estaremos tan cacofónicos como lo estaremos cuando nos alejamos de nuestro centro. Pueden surgir las ganas de pelear, de decir que no es importante, que el nihilismo es la única opción, pero eso lo dice solamente el que no siente la savia debajo de los pies, ni huele el amor de los árboles, ni oye en el viento contaminado –todavía- caricias de amor, ni el que siente que el cosmopolitismo es bello, pero poco o nada tiene que ver con una vida sana para sí mismo… no como te trata, no como te oye, no como te desconecta, no como te miente. Eso lo dice el que está dispuesto a ser comida para otros seres.

¿A quién le importa? ¿Por qué debería importarnos? ¿Por qué no deberíamos morir jóvenes y quemarnos en vida?

Nadamos en un universo de petróleo pero luego nos preguntamos el por qué está todo a una chispa de distancia para incendiarse…
Mirar que esa podredumbre también te ha afectado. Tienes un mundo lleno de inmundicia y basura por dentro y no eres capaz de hacer levantar cabeza ni vientre. Como los verdaderos hombres. Como un ser completo. Como si no fueras una rémora.
Es ver como el interés inicial se rompe y desespera.
La memoria de un mundo mejor corre sempiterna. Deseas, desde el fondo de tu corazón, que no sea mentira, que las personas se detengan a escucharte, a oírte, a comprender lo que está pasando al frente de ellos, ahorita mismo, en un espacio alivianado para sus caderas. Rejuvenecimiento total para todos como modus vivendi.

Es la enfermedad nativa de cualquier persona nacida el borde del tercer milenio del calendario tributario romano.
Es por amor a la Tierra. Sus conexiones, lo que la compone.
Es por imaginación.

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Americanías

Latinoamérica no es un pueblo al sur de Estados Unidos.

Latinoamérica es un inconsciente colectivo que se caracteriza por la unión -pendiente- de las dos sangres que le complementan, Latinoamérica siendo un cuerpo de voces que no son armónicas porque no se reconocen visibles, Latinoamérica como abrazos desviados de un cauce natural si no se tiene cuidado alguno.

Latinoamérica como experimento. Latinoamérica como forma de vida. Latinoamérica como vaciar la palabra tantas veces que adolecemos de reconocimiento del peso cultural que implica el ser mestizo entre, ¡hasta dentro de dos mismas naciones, como Bolivia y Colombia, Argentina y Colombia, Haití y Costa Rica, Panamá y Brasil, eso ya es demasiado para nuestras mentes porque están gimiendo las memorias!
Latinoamérica es la prueba fehaciente que los cuentos de hadas existen cuando se ponen a andar y no cuando descansan sobre un periódico: los periódicos, al fin y al cabo, están ahí para dramatizarnos la vida, no para desarrollar o acompañar su natural tejido. Latinoamérica entonces, ¿estará muy pero muy pero muy pero muy lejos de los periódicos?… ¿toca aprender a estudiarlos para dejar de decir como un ancianito ‘¡a mí no me engañan!’, sino refrescarse mirando hacia adentro?
Latinoamérica como un viaje iniciático con sustancias varias.
Latinoamérica como el sueño húmedo de sustancias que abren la percepción al color de los diálogos internos y a los más avezados, los cosmonautas, a las conexiones de trascendencia que superan lo que la sintaxis ponga en palabras. Latinoamérica como el deseo y la fertilidad inmanente que continúa seduciendo a Holanda y Tokyo para yagé enlatado, brotes de peyote ‘mejorados genéticamente’ y salvia-coca-cannabis adornando pasteles.

Latinoamérica como pináculo del contraste entre ser rico y ser pobre. Latinoamérica como la joya de la corona de la justificación mental del ‘devórame lentamente todas las verdades a punta de aguardiente y sexo’. Latinoamérica como una lasagna, por capas de crujientes escondiéndose en un mar de hervores, definiéndose por la temperatura y lo que chorrea por los bordes más que por el valor de su contenido. Latinoamérica como la nutrición encogida de la mente en cuerpos con quince centímetros más de talla. Latinoamérica como un guión de teatro que debemos escribir a cinco manos todas las personas que podemos hablar coherentemente… a veces pienso que mi mayor crimen es el solamente hablar pulido en castellano, que me estoy debiendo más de la mitad del continente, que tal vez, solo tal vez, el mejor tiempo esté por venir y un leve escalofrío de la inmensidad del tiempo de antaño vuelto hoy presencia, vuelto hoy manifiesto decisivo y extraño. Latinoamérica como un beso que se desliza entre cada ventana enrejada, cada cobertor de almohadas desgastado, cada sábana salpicada de comida y de sangre, de corporeidad y paciencia, de lejanías que se vuelven tontas porque al pasar el tiempo no hay debilidad que no quede al descubierto. Latinoamérica como graffitti repetidos por las autopistas de una ciudad que le gusta que le den por el culo, pero por las buenas costumbres de un señor con sotana que no sabe nada de sexualidad sana, niega lo que le amplíe ese grisáceo manifiesto que tiene por arquitectura.
Latinoamérica como densidades, como la población más joven de todo el planeta y la timidez solitaria de tener que regresar al origen de la serpiente para esta vez, sí, esta vez avanzar, sí, esta vez no deberse a nadie y por nadie complicarse y de nuevo poder emigrar. Latinoamérica es un baño de albahaca, destrancadera y plantas de yagecero. Latinoamérica es el miedo telúrico a ser la sombra eterna de lo pacato y atermorizado, a punta de bayoneta y glande, de todo este pueblo.

Latinoamérica es la contracción de la presión social que en este momento me permite ver diamantes… aún cuando ellos mismos no los conozcan como tal. Latinoamérica es también la reproducción del que cree que el sistema funciona, cree que la justificación no nos abandonará y que los militares ponían todo en orden, también es la ceguera de las generaciones jóvenes menores a 24 años que nunca han vivido un estado de conciencia profundo como para reevaluar eso. Latinoamérica es una mujer joven en un taxi haciendo catarsis mientras va a la casa de un supuesto chamán que después de haberla enredado durante meses la violará plácidamente, mientras su corazón no metabolizará las heridas sino a destiempos, mientras su evaporación de Arcadias sucesiva se deberá a la fatalidad de un continente.
Latinoamérica también es la mujer que va por la vida actuando, porque no le da el corazón para reconocer su propio destrucción y abuso, con los pies en la tierra, que tan lejana está del pulso acelerado de la cocaína y el byte. Latinoamérica es el abrazo en un hostal del que vino a conquistar cuerpos y finalizó conquistado una etapa de su ser, lléndose a su continente de origen con cicatrices amorosas en la espalda y una linternita para ver el palacio enjoyado de las diferencias que todos llevamos por dentro. Latinoamérica es la mente enana e inane de las chicas jóvenes que son al mismo tiempo objeto del deseo y objeto de condescendencia, porque nadie puede tomar en serio a la persona que confía su magnanimidad en su apariencia de madurez o potencia plena. Latinoamérica es el baño diario de sarcasmos y quejas sobre lo prohibido y rechazado que es el continente, en lugar de la amplificación del avance de un continente que, colmena extraña, habita al mismo tiempo con abejas, escorpiones, colibrís y quimeras dentro de un solo panal… porque todo es perversamente dulce en esta tierra, hasta la tierra misma lo es.

Latinoamérica es un viaje de estados alterados de conciencia que está hasta ahora haciéndose consciente del inmenso daño que causó el no digerir su miedo por parte de sus papás y abuelos, qué tanta libertad le han quitado esos miedos… es un niño adolescente quitándose los barros, con el peso del mundo entero sobre sus hombros y reclamos de manutención y comprensión cuando nadie le da una mano, buscando entre las flores que se materializan paulatinamente una con forma de caja de resonancia azul y ámbar para cantar la sanación posible.

Latinoamérica en presente se conjuga con desilusión, reinicio, amor, transmutación, sensualidad en Fa# Mayor… y frontera nueva.

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El vientre blando del dragón

En la madrugada, desempolvo dos pañuelos y tu memoria.

Tus labios,
el ángulo de tus ojos al sonreír,
el aleteo que te persigue al caminar,
tu espalda ancha y tu estilización de colibrí,
tu risa de color madera y las vetas de otros cielos sobre tu cabeza.

Uno más.

Tu caminar de osito,
tus ambiciones desmesuradas para tu pequeño paso,
el tendal de caricias que impresionaban,
los besos a las cuatro de la tarde que harían soñar hasta a una estatua…
y se suman al caminar irrigando mis sueños,
sembrando con cuidado el amor,
paladeando con delicadeza los abrazos que se habían perdido,
perfumando los sueños de un color celeste precioso,
mientras con la cabeza se hacía un nudo en mi mente sobre un desconocido pero ya posible
París.

Y entonces toco el borde de la barca y con las manos la empujo hacia afuera de mi oquedad.
Muerdo una almendra, luego otra, luego agua, luego nada más.

Metiéndome las manos en los bolsillos, salgo a caminar y aprendo a no pensar… corrijo, aprendo qué es no vivir más con vos.

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La frustración del campo artístico (xi de xi)

El beso de la muerte a la carrera académica de haberse dado cuenta de que no es solo cuestión de compromiso artístico, es cuestión de sinceridad con el nivel de radicalismo y el nivel de comodidad propio, el nivel enseñado, el nivel imitado… y el nivel que necesitaremos para en paz llegar a buen puerto.

200 gms de bicarbonato de sodio para exfoliarse la piel, el alma, los dientes y el intestino en pequeñísimas dosis en vasos de agua.
Peso del amor.
Evolución.

Una vez le oí decir a una persona que no estábamos listos para el cambio. Que eso lo haríamos para dentro de veinte años, para dentro de treinta, cuando la sociedad no estuviera tan inmadura.  Que por más que golpeara la puerta, la gente cambiaba cuando estaba lista a cambiar. Y punto.
Eso me recordó el cuento de la piñata y los niños pobres:

“En una fiesta de unos niños ricos, todos bailaban sin cesar. Afuera, un grupo de treinta o veinte chicos miraban con el estómago crujiente la comida tan rica que caía de las fuentes, las piñatas, todo lo que se inventaron para la alegría de estos privilegiados, desde la vista de la venta que regalaba un viejo árbol de mango.
Un chico rico, conmovido, convenció a sus padres y amigas de que pusieran una piñata afuera en el árbol. Colaboraron con toda la fuerza que tenían. La piñata estaba rellena de pasteles de carne y de tortas, de juguetes y dulces, era realmente un gran árbol de navidad con colores tropicales esperando a ser compartida.
Los chicos que estaban afuera se alegraron y se reunieron y rieron durante horas debajo de la gruesa rama por la noche. Con esa imagen en mente, el chico que cumplía años se regocijó y se regresó a la fiesta.

A la mañana siguiente,
un grito agudo y dolido lo despertó. Salió de su propia casa, pero pronto parte del barrio empezó a registrarlo también por igual. Un coro de preguntas y llantos le hizo buscar a sus padres y, con el miedo típico de la ternura, buscar la fuente del dolor.
Encontró al asomarse a la calle rostros compungidos, digiriendo la situación.
Y halló que debajo del árbol habían veinte o treinta niños muertos de hambre. Todos con los ojos clavados en la rama y lo que colgaba en ella. Todos con el desespero de no haber podido.
Todo porque estaban convencidos, viendo la facilidad de lo que pasaba adentro en la fiesta, de que la piñata se abriría por sí sola.

Pero una piñata no se abre sola.
Tienes que tomar un palo y reventarla.”

Me acuerda mucho de cómo las personas piensan que un país prostituyendo a sus mujeres y vendiendo selva como si no importara la inmensa vida que contiene, va a ser desarrollado. Claro, la imbecilidad que estaba en potencia ahora es un hecho: romperse los dedos hablando de arte político mientras no se ha trabajado de campo fuera de una gran ciudad en este país es como hablar de prostitución y violación y trata de blancas sin haber tocado de frente el fenómeno… no aplica, no va, no se dimensiona justamente.
La novedad se ataca, me dijo una mujer una vez con ojos de topacio clavado en verde. Me dijo también, que por
ello se intenta destruir mediante la confusión de la percepción del encierro propio del que se le narra el relato.

Una virulencia sobrenatural, como espasmo de clímax, me arroja a la maleza de miles de datos que confirman lo que he sabido desde hace 14 años: la guerra del cambio se avecina, y no estaremos listos. Qué lindo es ver que se busca una salida espiritual a todo el proceso; que mal que se abalancen tantos estéticos sobre el tema como mercaderes de mesías.
Querer parar. Darle sentido a la inercia enorme que me arroja a los brazos de la misma acción de ingerir ese veneno.
Ver noticias para comprobar los tiempos de la locura.

Eugenesia y un breve amor al orden homogéneo, para tapar la podredumbre que heredaste y que si no abandonas, no puedes comprender tu identidad.
Entonces, ¿cómo me vas a venir con que estoy demasiado pequeño, o no sé de lo que hablo, o es un sueño de adolescente? ¡Pues claro que adolezco, tu indolencia me causa esa llaga con forma de flor roja en el pecho, la idiotez sin filtro me la fumo mientras esperas la excusa de la violencia como única forma posible de sostener tu relación con el mundo!
No va a funcionar porque ahora necesitamos otra respuesta. Recorro con los dedos las plantas en BrasilBolivia y en Bolivia misma y en ArgentinaBuenosAiresMardePlataBarilocheNeuquén y el olor de VillavicencioBogotáPopayánYopalSanAndrésChía y el olor a despedida que no cesa es el mismo.
Ilusión de separación. División. Pasaporte. “Mi país es mejor que el suyo”. “Le funcionó así a mi abuelo con la gente, ¿por qué a mí no?”

Se vuelve confetti barato el talento cuando ya no hay nada para alimentarlo excepto títulos y sesudos análisis, mientras hay allá afuera un ritual masivo con mi nombre y el tuyo esperando que recuperemos la línea para integrar lo que ya existe.
Nunca me sentí interesado en el cuerpo humano de las medidas como tal. Quise durante mucho tiempo poseerlo, dibujarlo perfecto, representarlo con esa voracidad enorme que da el realismo, pero la pared que surgió fue: ¿qué hará eso ahora, cómo funcionará, qué logrará desarrollar en los demás aparte de cierta admiración figurativa?

No quiero más que las violaciones de mis abuelos y abuelas determinen mi porvenir.
Quiero un día ver a los artistas de este continente reciclando el Eje de los Acuerdos que desearon pero nunca tuvieron nuestros abuelos: cuerpo sano, mente sana, lengua sana, espíritu volando.
Y quiero verlos girando en el espacio. Los quiero ver alejándose de sus identidades. Desafiando con tesón, con valentía, la basura mental regada por nuestros padres sin reciclar.

Yo quiero ver a más artistas enfocándose en desmilitarizar sus cuerpos. En recuperarlos para sí. En recuperar la posibilidad de ternura y delicadeza y calentura tibia que da la confianza, en lugar de tanta represión barata que no hace más que dilatar todo el miedo que están sintiendo hoy en día todos los que me rodean con su supuesta fertilidad increíble pero con esa falocracia con pies de arena tibia y contaminada…
Vivo en un mundo en el cual, hoy por hoy, es más fácil ser fascista que aceptar la sexualidad propia y del otro. Si me reconociera como Jano, con dos caras, con dos tipos de genitales, con dos tipos de labios, con dos necesidades eróticas complementarias, ¿podría trabajar, hacer amigos, vivir en el medio que me rodea? La respuesta es profunda y es negativa… y yo no tengo en este momento debilidad para ser mártir.
Labia. Vulva. Frenillo. Glande. Asterisco del ano. Dilatación del orto. Piel nueva. Piel curtida. Piel ajada. Piel deshecha por los viajes y las manos ajenas. Piel regentada por las dietas. Piel mal nacida.

Y es más fácil decir que es mentira, pseudociencia, afán de figuración o un añoramiento por el mundo hippie. Yo no sé de lo último. Pero algo sí puedo asegurar: no vivo en un mundo feliz y me da pena ajena la debilidad de tantos artistas que salen a la plaza pública sin poder desarrollar el miedo, el dolor y el placer que sienten por no poder recibir un manojo, o lo que es peor aún, por vil chantaje a perder el que con esfuerzo han conseguido.
Rasguémonos las vestiduras, ¡pero en serio!, porque la fórmula ya perdió su eficacia y este mundo flúor-ácido-extremo de los noventas dió paso a un mundo 8bit-liseínamescalina-yagé-cristal drugs-redRedrEd en el que la diferencia nos hace sentir dinosaurios en la propia piel… rasguémonos las vestiduras porque no tuvimos los cojones de asumirnos completos y ahora lloramos porque “está estancada la escena artística”… ¡pero cómo no lo va a estar, si necesitamos un enema en el alma todos!

No me vengan con que hay una diferencia entre si es institución pública o privada, que llevo 11 años viendo cómo se cae a pedazos todo y los que ayer pelearon porque el trabajo corporal era demasiado influenciado por una estética gay son casi los mismos que por usar gafa pasta y hablar con un acento porteñizado juagado en una lejana Quilmes se asumen completos parangones del progresismo total.
Tal vez si fueramos sinceros, un punto de Tao necesitamos, nada más, para retornar.

¿Qué es el dibujo? ¿Qué es la pintura? ¿Qué es la performancia? ¿Qué es lo que late dentro de mi interior?
La demencia senil de seguir el planteamiento de padres y hermanos como fuerza única posible para la punta de la lengua desenrollar.
El grito de caer en vertical cuenta de lo que ocurre y ocurrió dentro de lo que se divide al medio.

Ver a personas creerse animales de mito navegando entre palmoteos de aprobación de dioses y no ser más que puros potros en el establo dando coces, solo ser efebos para cualquier ventisca, Ganímedes desechables ante cualquier peso impuesto de ‘realidad’.
Oficio de ingratitud que te encierra a la primera entre paredones de mierda y miedo, con dolores anclados en el medio del pecho que nunca te dejan respirar de tanta vertiginosa información que se sigue desplegando en tu andar.
Manifiestos. Labios ajados por la cafeína, el azúcar, la marihuana, la cocaína, el tabaco…

La locura sempiterna de recordar lo que hemos sido y la angustia de querer ser algo que no se puede, desoyendo a cada paso el beso eterno que da el hecho contundente: que ningún hombre o mujer se negará jamás a su hora, pues en esta late el beso completo de lo que ocurrió y la caricia cercana de lo que será.
Los dedos chasqueando pidiendo respuestas, invocando memorias, evocando paisajes emocionales que ya no están, ya no fueron, ya no vuelven.

Un beso desvanecido entre las olas que pasan y las que se pierden.
Desgaste.
Cansancio.

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La frustración del campo artístico (x de x)

Creo que no hay nada más difícil que ayudar a recordar a las personas de artes que existe algo llamado LIBERTAD. Que tienes que luchar por ella conquistando tus miedos. Que no hay nada malo con el miedo de convertirte en tu padre o en tu madre, que no hay nada malo con el miedo a la vejez y los estragos horribles que trae -si te dejas-.

No hay nada más difícil que pedirles a estas personas que salgan de su concha y empiecen a abrir sus cabezas, a adoptar tácticas que tal vez no les gusten, pero que serán las mejores para el futuro que se va a abrir de frente, al costado, al medio y suavemente, mientras nos volvemos vulnerables… ¿por qué temen tanto aceptarlas?

Raro el mundo del artista, que profesionalmente actúa como una piraña o un tiburón pero en lo personal es un mar de incertidumbres y ritos anquilosados.

Yo no quiero ser ese artista.

Mi artista necesita hacer revolución desde el amor y la comprensión del otro, no ve de otra forma el presente.
Mi artista necesita atravesarse vulnerable, verse bisexual y crédulo, verse en los ojos de niño con cuerpo de adulto y en las manos de anciano con el corazón vuelto al medio.

El arte no lo concibo como una escisión espiritual sino como una conexión de mundos.

Para la separación, está ya la política.

Así que, ¿por qué no dejarse de pavadas y hablar de alternativo o independiente y empezar a taclear esto de construir el colchón de sueños propio, donde quepan otros, en serio?

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Sobre marchar

Marchar es un símbolo. ¿De qué? Para mí, de querer ir de un estado, de un modo de vida, a otro.
No es puro.
No es coherente por sí mismo.
No carece de propósitos, de necesidades de recursos, de gente que los pone, de gente que omite lo que le conviene.
No es cómodo. Y a veces, simplemente no es bonito.

Sin embargo, me parece más bello el fragor de una marcha que la alharaca de querer que haya un cambio pero no apostar nada por ello.

Yo veo a las marchas como algo inherente a una democracia. Algo que necesitamos sentir, algo que necesitamos aprender a hacer para dejarnos tocar por los demás. Las apropiaciones no importan, los apoyos políticos no importan, las representaciones laceradas no importan –estas últimas menos, los golpes de pecho son para la culpa no digerida y así no se va bien a ningún lado-. La transmutación por el estar presente en el sentido pleno de la palabra -sí, incluido el místico- es el que se necesita y eso no lo logras intermediado por aparatos y sistemas haciendo siempre lo mismo.

Minga”. “Minga es caminar tu palabra.”Y como caminar es un esfuerzo, es poner un pie delante de otro, es respirar y darme cuenta que hay un mundo más allá de mi ombligo y que aunque un solo cuerpo es insuficiente para cambiarlo todo, ese cuerpo propio está lleno de conexiones que hacen un cambio posible.

El mar de mermelada, la promesa McDonald’s de una democracia y el mundo de eterno champán, bit y marihuana más otros sin com-pli-ca-cio-nes, solo sirve para alimentar McMafias.¿Y nos vamos a quedar quietos mientras siguen tragándose todo, con el cielo rompiéndose y la locura como modo de vida?

No.

Entonces, minga. Entonces, aprendemos qué es poner un pie delante del otro, así como en nuestra vida alguien con amor nos enseñó a amarrar una línea de tela enrollada llamada cordón una y otra vez, hasta que aprendimos a ponernos bien nuestros zapatos. Y a cuidarlos, y limpiarlos, y quererlos, y…

Eso, es lo que hace una democracia.

El impulso humano de sentarse sobre su trasero y dejar que ‘otros’ hagan y decidan por mí incuba dentro de sí una fuerza muy fuerte que deriva en el automatismo. Ese impulso es lo contrario de la democracia y justifica a las grandes dictaduras, las quemas de libros, la extirpación del clítoris y la sodomía de niños, todo un gran esfuerzo por aplanar artificialmente la piel deelefante, la diferencia y arruga que es el ciclo vital.
Entonces, por eso es que cuando vaya a una marcha, déjese tocar. Juegue. Reclame su derecho a jugar, a imaginar otro mundo posible. Y tal vez, a fuerza de hacerlo tantas veces, caerá en cuenta que se ve tan bello que está caminando con fluidez hacia él. Claro, fluidez no implica que no haya un esfuerzo detrás, ¿no?
Esfuerzo habrá. Lo habrá. Siempre lo habrá.
Y eso es lo bello. Lo que hace todo perfecto.

Eso, es lo que hace que superemos los conceptos y los pajazos mentales y hagamos comunidad.
Caminamos con otros que caminan en sus perfecciones y sus percepciones para abrir la puerta de un mundo nuevo, cada vez más integrado, coherente, erotizado y diverso.

Hay también personas que marchan en el sentido contrario del nuestro, y están ahí para enseñarnos algo, y nosotros necesitamos aprender porque son otra parte de nuestro propio rostro humano. Simple ambición, codicia, ansia de control y destrucción también son facciones que importan tanto como las más nobles. Sin una la otra no puede existir. Pero si al marchar se queda uno solo en el confrontarse con el otro, está luchando contra sí mismo y a menos de que se pueda arrancar el corazón no sirve de nada eso, pues lo oscuro lo lleva también adentro.
Por eso es muchísimo mejor afilar la atención al marchar, para que no sea una mera caminata que no afecte en nada, ni a usted ni al grupo que le quiere comunicar algo de hecho. Se vuelve algo militarizado, algo de guerra, el andar así.

Camine hacia la paz. Vea qué es paz. Sea usted paz. Y esté en paz.

Y en ese instante que ponga los pies en ese movimiento, antes de que sea muerto y estadística, antes de que llegue el recuerdo y la vejez, sepa que su serenidad y alegría y búsqueda de plenitud le darán la inmortalidad que tanto busca.
Es solo una forma más de celebrar que está vivo. Que usted elige cómo habitar su propio tiempo.

Y por esto, por todo esto, es que hay que marchar.

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Fragmentos de un discurso amoroso: Plutón.

Vas a perdonarme.
El atrevimiento, el dolor, el sin sabor, la rabia que mal llaman ‘coraje’.
Vas a tomarme de las manos y me vas a besar la frente y a pedir disculpas, yo lo sé.

Apenas recupere estas plumas de amor peregrino desparramadas por el suelo, vas a hacer lo que miles de sombras de pelvis anchas prometieron conmigo: volver para pedirme disculpas por lo que ya es.

La palabra fue es demasiado amplia como para permitir que le nazca adentro flor alguna.

*_______*________*

Dormí y dentro de mi beso habían espacios que estaban rotos. Soñé con miles de seres, vivos y no vivos, que se retorcían por amor a sí mismos alrededor y dentro de mí… y ví como una brizna de origen rojolunar me recorría y me mostraba las cicatrices como millones de puntitos y pixeles, como si fueran partículas de palabras puestas a secar sobre el amor desahuciado que ahora ocupaba el olvido al ser expulsadas, como costras secas, de mi cabeza.
Desperté y en mi coronilla yacían dos pájaros.
Uno cantaba que el tiempo de ocupar el sillón de abandonado había pasado, que había que venderse hacia otra cosa totalmente diferente. El otro, el otro te lo quedo debiendo en descripción y variaciones. Todavía se niega a que lo abrace completamente.

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Si temo la normalidad, la normalidad me rodea y me intenta engolfar. Si temo la mediocridad, la mediocridad me hace nadar en ella. Si soy incapaz de ver lo que sobra de mi cabeza cuando dejo de parpadear para verme contigo, estoy en problemas y en lo que no es cierto.
Empujo con mis manos canicas que juro que son de cristal pero son esferitas de óxido de minerales de planetas extraños en lenguas extrañas, así paso mis días, muevo mis manos para que sean de cristal pero puedo sentir a veces cómo van retrocediendo, retrocediendo, retrocediendo mis articulaciones.
Lucho contra la vejez como medalla por haber sobrevivido. Chistosa la vida, que te condena a la inversión de valores para la supervivencia… perdés frescura si te lo permites, existe todo un aparato para que te sientas feliz por ser cada vez más vegetal, mientras en estos años solamente deberías regocijarte en que conoces las llaves para cada vez ser más vital.
Lo triste es que eso solo lo puedes celebrar tú.

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Tal vez no entiendas que desde el canto de mi mano se desprende un aroma enorme de compasión. La razón por la que quiero hacer todo esto, la razón por la cual quiero que oigan, es porque quiero que yo pueda oír el murmullo del mar y el pulso de una montaña sin tener que estar rodeado de las reglas tontas del hombre. ¿Qué estoy dispuesto a sacrificar? ¿Qué quiero sacrificar? ¿Si sigo este camino, voy a poder mirar atrás en diez meses y decirme a mí mismo que sí, apruebo la contracción y el estiramiento, el dolor se volvió dulce victoria y valió la pena?
Me siento como una pira sentimental que flota en todas las direcciones girando en caída de celestina con estrellas que no se pueden degustar bajo un marco en el cual la dirección de la historia tomó un curso y yo, errores o no, tomé otro; ahora somos colores y sabores diferentes, ahora lucho por integrar ese cuarzo roto luego de moler las culpas como polvo de nuevas creaciones, nuevas pinturas, estoy sobre todo buscando con ansiedad cómo cantar la lengua franca de las nuevas emociones que me regalaste al perdonar mi cuerpo sobre tu mesa de quirófano, madre.
Yo siento que el mundo me quedó debiendo tiempo y me quedó debiendo matriz. Que por más que lo intenté, no cupe, no ocupé el espacio que podía ocupar por pura negligencia y ahora tengo como una combinación de luces electrónicas sobre mi cara, como una LED, tengo una imagen espectral en la cual veo cómo parpadea y se desvanece un sueño de vida, mientras se disuelve la posibilidad de vida y quedo lanza en mano, cazando la comida de otra vida, abriendo sus opciones.
Algunas personas desean haber nacido antes para ser lo que realmente son. Yo hubiera deseado haber nacido 10 años después, para haberme evitado todas las desgracias y dolores que curten el sentir afinidad natural por hematocritos en clave 8Bit, dejando de sentir esta culpa tan necia, tan infantil, por gozarme el presente en lugar de vivir de las fiestas pasadas como un mediocre.

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Después de un tiempo te repites, pero no por fuerza del destino solamente, sino por opción. Entonces quieres un cambio de vida. Quieres un cambio de fortaleza. Quieres modificación pero hay agarrotamiento. Agarrarse de las últimas ramitas de lo que te rezó tu madre y te amplió tu padre como modos de actuar y desear porque se ajusten a tus experiencias.
Saltar de negación en negaciones, mientras el agua nos lleva a todos hacia un mejor lugar, un mejor mundo, un espacio en el cual perdemos la debilidad de las promesas.
Viento, juego, fuerza y salsa. Abandonar lo cíclico y desesperadamente evitar el borde de tus labios, que son la promesa en el recuerdo de un mañana mejor juntos, encarando el mundo como dos locos de plenitudes, sintiendo que yo fallé a la mitad de mi acuerdo de posenamorado -como cuando comía demasiada azúcar sabiendo que me iba a dar caries pero de alguna u otra forma quería la sensación del poder actuar sobre mi cuerpo sin que lo restringiera nada sobre este planeta-.

Agito frente a tí como un pañuelo el espacio breve en el que se transmutan mis pensamientos. Qué decirte. Qué hacer contigo, con tu sueño y con el mío, con el alcohol rebosado de los que comen a deshoras -forma de matarse lenta es esa-, con jurar que se avanza y ya lo ves, hallarse amarrado sin razón a esta vieja roca, perdido entre lo que quiero hacer y lo que me toca.
Humillado en la comprobación de que no hice nada y que tengo que empezar desde abajo. Siempre, desde abajo.
¿Será que la dificultad es para mi encarnación más que un estado, una posición sexual? Ya me lo voy preguntando…

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Arrojo cartas desde la sinrazón del abismo. Sentado, no veo cielo, no siento tierra, soy un mimo nadando entre la oscuridad de su realidad virtual y los fogonazos de una vida alterna, en la que el éxito y el status social se alcanzaron a pesar de sí mismos y de todos los demás. Entonces fuego, Luna, mesa pintada y hojas rojas. Entonces paz, huída, liberación y promesas alzadas a las patadas, un bebé en mis manos dos segundos antes de ser lanzado por un séptimo piso de un hospital a una avenida rota. Entonces martillear suavemente las teclas y las mentes reconocerlas como perdidas.

Necesito, es claro, algo: necesito un amor que me brinde la dirección al desenfoque de fuerza que ahora me recorre con la excusa de llamarse ‘mi propia vida’.

Desconfío naturalmente de las personas que se justifican diciendo que no hay nada allá afuera para ellos en el mundo. Es más cómodo vivir dentro de la casa, es más cómodo no cambiar de estado, es más cómodo expulsar a las personas que te rodean que realmente desintelectualizar la vida y desafiar los arcanos. Yo ya no quiero salvarles, no quiero salvar al mundo, tan solo quiero salvar mi pobre y vapuleada alma de nigromante… ¿en serio te parece, a estas alturas del juego, tan extraño?

Creo que no. Creo que no estoy dispuesto a sacrificar más por los demás, a entregar más, en pos de una recompensa y una piedad que no van a llegar jamás. Te lo digo de frente: beso hoy por hoy cada palabra como si fuera un espada corta con la que he de desafiar a un conquistador, y no me interesa lo que otros esperen del viento en contra, querido hermano. Porque después de tanto horadar en el alma, estoy luchando por mi supervivencia y mientras me convierto en el mejor cazador y recolector de oportunidades que pueda ser, no me voy a dar el lujo de perderme por la promesa vana de una mano abierta.
Y me cansé de hacer elipsis, de juzgarme como indigno de libertad de pensamiento y adolescente por seguir lo que realmente quiero y debo. Ahora veo cómo estaba de herido y de ciego, ahora quiero dejar de repetirme todos los días, para contener un rojo de vampiro y francotirador muerto, las palabras ‘necesario’-'ciclo’-'normal’-'propósito’. No quiero bañarme en la fuente de una hipocresía que intenta darle mayor trascendencia a algo que no es tal… y me veo en el espejo de obsidiana y me corto de forma ritual una a una las siete capas de la piel, amando como se deshilachan las fibras de maíz alrededor de lo que realmente se generó en mi interior en el tiempo en el que me exilié de este mundo. El hecho concreto es que lo que tememos es nuestra mutación, es en lo que nos convertimos. Y ahora no tengo más puente hacia el infinito que caminar sobre esa falla para trascender.
Pero iré a dormir esta noche sabiendo que cada fragmento, cada lienzo roto que llamo piel se destruirá. Porque no podía dar lo que no tenía adentro. Y ahora que lo tengo, solo puedo reforzarme este hecho: nadie más va a correr por mí la maratón del Averno a los labios de Adonis. Nadie más va a tallar un torso de mármol y a lamer el jadeo del aire después de soltar entre mar-sudor-lágrimas el placer y dolor que ello conlleve.

Nadie tiene derecho a decirme qué vivir o cómo desde el ojo del hombre, si los caminos se desviaron y mi especialidad abarca los mundos prohibidos al ojo del hombre común. Y ello, será realidad o será potencia, pero jamás será invisibilizado.

Nunca más.

 

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