215 West 57th Street (between Seventh Ave. and Broadway)

¡Hola Francesca!

Entonces… estoy emocionado por el proyecto… ¡tú no? Lo siento, tal vez es una cosa muy latina, tal vez no la comprendas bien.
Por naturaleza soy antiacademicista, tú lo sabes, no creo que el tener carita de encorsetado ayude mucho a pesar de que los entiendo con una naturalidad… y sí, todavía refunfuño porque no me devolviste mi asuntito de The Kooks… por el de Metronomy. Claro que esa foto que enviaste fue bastante  O_O
I will not argue with the fact that the color red suits you.

Volviendo a lo anterior es que quería darte gracias porque creo que este proyecto está apenas en su momento.
El agua ha estado trabajándose durante semanas y es probable que nunca más volvamos a hablarnos si el impacto emocional es demasiado fuerte para tí.
¿Sabes? Me acuerdo cuando en clase preguntaste a los mexicanos por qué sí tenían todo tan claro venían acá solo por la escena nocturna y tú les recordaste que ya habían nuevas propuestas desde hace varios meses y que gracias a los tratamientos que estábamos haciendo, los músicos ex-drogadictos estaban tocando como si tuvieran 23 años a pesar de estar en sus 36-38… y las risitas cuando sacaron su paquete de merca les hizo ganarse una carcajada tuya cuando les arrojaste el libro de Stanivlasky en la cara.
Fue inigualable XD

Te dejo. No quiero ser un pesadote más… estom… ¿revisaste mi nuevo número de móvil? Eso espero. Esto de tener Saturno en Escorpio me hace un poco menso, un poco ortodoxo… espero no te saque corriendo.
Somos la avanzada de lo mixto: tiempos postmultimedia. No me alcanzan palabras…

Vemos el martes. ¡Besos!

******

Sweeeetieee!!!

Te pido disculpas, es que salí a tomar un rato con los chicos y alguien halló entre las ruinas de su estudio -parece nido de trolls esa cosa, muchas esculturas por el suelo te digo- una de Fernet y junto con lo que habíamos tomado…

Francesca, Frannu, Fry, Frinnuela, FrancescaFrancescaFrancesca… acá tengo valentía en forma etílica, así que estoy escribiendo correos. , inclusive ese que me dijiste que no enviara cuando estábamos en Cleveland filmando los nuevos búhos radioactivos de nieve: el director de ciencias de MIT ya sabe dónde se puede meter su racismo, doblado o no. ¡Nadie acosa a mi pelirroja favorita!
Jamás podré dejar de estudiar. Jamás podré dejar de pensar en El Muertito y La Boticaria Santera (mejores nicks no hemos podido dejar) como los que me llevaron a hacer lo que quería, cuando quería, como necesitaba. Por eso te conocí. Por eso estoy acá: me gustas. ¿Ok? Miranda tenía razón. Ups.

Todos los colores que combinas, con la gracias con las que los combinas, AMO todo eso de tí. No puedo esperar a que cantemos en un escenario. No puedo esperar a terminar mi tratamiento para que nos veamos todos los días, para que me digas cuánto me extrañaste, para que estemos tranquilos dentro de la casa antigua contándonos el futuro en presente, a que me muestres tu cicatriz completamente y comprendas que yo tengo las mías también… quiero agitarte el color de pelo con las manos hasta que rebotes por toda la noche como esa mujer con la cual tocaba bajo… ¿la que por celos contigo me echó? Esa.

 

Toda mi vida soñé con que alguien me salvaría la vida y mirá por donde, lo hiciste tú. Cuando dejé de ser un llorón debilitado por la ira, viniste tú. Si te vas voy a seguir siéndolo, pero ¿no será más divertido compartir taller y tener casas propias, como soñamos en Barcelona? ¿Te gustaría?
Tú nunca vas a ser una llena pasaportes, una resentida con la vida que solo por Twitter puede sostenerse con lo que no puede vivir con ella misma. Y te adoro. Haz lo que quieras conmigo después de leer esto, pero tienes que saberlo: te estoy escribiendo esto desde el corazón Y el computador de Marco (que no ha dejado de poner canciones demasiado SFParade incluso para MÍ gusto y está aletrolansoiaksjhdkjadhfoadpksdjoas Felipe es un maricón y es míoioipojdkbjfljdodiyaasdc)…
perdón, me quito el teclado. ¬¬*
Como decía, estoy donde Marco y si quieres venir y darme posada en tu sofá o donde sea, hazlo -CurlyBoyfriend está acá-. Te adoro y gracias por llenarme las noches de música: ya no soy un viejo lobo desde que cambié y me escuché. Y te encontré a tí.
My lovely brain is yours. And my brave heart is mine. Wanna trade?

Love, F.

P.s.: Marcos manda decir que necesita el corset. Aparentemente a su novio portugués le gustó como te viste y le dió ideas. ¿Mi aporte? Quémalo después, ¡no quieres saber lo que pase con eso puesto XD!

*****

Querida Francesca:

¿Cómo estás? Hace mucho que no me envías nada. ¿Debo pensar que FBK es nuestro mejor amigo gay, que nos ayuda como intermediario…? :/
Los doctores dicen que tu enfermedad se puede curar, pero la condición es que no puede tocarte nunca más un solo rayo de sol en el trópico… ¿saben ellos sobre tu hija perdida? ¿Les dijiste? No quiero ofender, pero te conozco y eres demasiado orgullosa como para decirles eso.
F, necesito que te recuperes pronto. El equipo de grabación te está esperando, te está esperando y nos está costando cada día un poco más de dinero que no vengas. Hay un límite establecido para el 15 de Abril y si no vienes no sé qué va a pasar, no sé cómo vamos a hacer para poder sobrevivir el tiempo de grabación sin los giros y como tú eres el contacto con la Embajada es importante que al menos respondas mis correos.
Si me das un poder -no, no va a pasar como con mi hermano, te lo prometo-, puedo ir lo más pronto posible a terminar el tema en su totalidad y darles a los chicos lo que necesitan para finalizar los retoques: haremos todo dentro del apartamento en Bogotá.

Tenías razón: de todo este país dormido emocionalmente, solo resisto Bogotá como ente citadino. Paisajear sí, pero…

Lo siento por el párrafo del medio :C … te extraño, no comprendo qué hacer con esto y me pongo nervioso.

Por favor, pídeles que te den de alta pronto y dime qué hago para tu transferencia. O dime que condiciones necesitas y te ayudo en tu regreso directo a Nápoles. Estoy seguro que tu padre quiere verme también, han sido un par de meses largos.
Y no hay dolor que no cure un buen vino. Piénsalo.

F.

*****

Querida Francesca: encontré este trozo de carta. Está fechada en el 2008, en Octubre.
Te la dejo acá de nuevo. Dime, ¿es profética?

“Tú eres lo que no consideras sobrenatural para los demás.

Tienes las manos bellas, los zapatos arrojados después de un día de lluvia encima del cable de un barrio de clase media vuelto final feliz de The Walking Dead donde todos están protegidos y aprendieron a amarse.
Un dejo de cigarrillo en la boca pero también un olor tierno a piel sin depurar convencida de su invencibilidad. La piel tatuada con el alma y esos colores se ponen bellos cuando los rozas con un dedo anular con comodidad y remeras blancas sobre los dos. Y te estoy escribiendo desde esta prisión andina para que sepas que todo el tiempo que ha pasado entre los dos no ha hecho nada diferente que extender mi aprecio por tu tiempo y amor.

Gracias por sacarme esa noche a caminar. Por incitarme. Por estimularme. Por despertarme. Por darme besos de una forma tan natural después después de días de parques y ojos recriminantes. Por traerme a la vida. Por tu delicadeza insensata. Por iniciar mi mente en misterios antiguos del teclado electrónico y los diez bajos del cielo azul.

Escribir cartas es algo de personas antiguas, pero adivina qué, son la mejor forma de plantearlo todo. Te adoro pequeña, aún cuando tú ya sacaste tu diablo de la botella y brillas con la fuerza de un fractal de cometas.
Y así.
Barú, aquí.
Hace algo de viento seco hoy, la playa me sienta bien.
Es solo un día más en nuestra ciudad de megaedificios vueltos jardines y ciervos supongo. ¿Cómo está la companía intinterante de MetaVibracionales v. Nápoles? ¿Mrs. Habrock ya dió el visto bueno para la presentación nueva? txt me asap.
O tal vez me lo puedas contar mirándome a los ojos: llego a LaGuardia en 15mnts en transbordo. :)

Luv, Felipe.

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Parietales de mármol

Tiempo.
Dale Tiempo a que se de cuenta de su error.
Tiempo para que ella sostenga las promesas que hizo cuando tejía cosas.
Tiempo para organizar y reorganizar la vida y el tiempo y el espacio.
Y más allá del Tiempo estoy acá, sentando, esperándote a que llegues a la misma orilla mía.
Y dentro de las teclas y los bits y la pantalla fría reflejando el ahogo, la falta de aire, se muere el Tiempo por no poder entrañar a nadie.
Tiempo.
Y he leído tanto las notas que se han vuelto rojas, verdes y dolientes las palabras que arrojo en los intervalos.
Con una mano quemada estiro los dedos, esperando la caída de la lluvia que devuelva la humedad al suelo; por cada mineral al interior del cuerpo hay una palabra, un gesto y una temperatura y color que le cristalizó.
He botado línea desde línea tras de línea viendo al mundo como objetivo, no como placenta, no como cercanía.
Tiempo.
Como si fuera una vieja narrativa siento que se desenrolla dentro de mí una fracción y otra de celuloide impreso, a pesar del clima, a pesar de la reducción de mentes. Ninguna boca es visible sino la que ha enunciado dos o tres vibraciones, ningún recado es más bello que el que imaginamos nos dicta la persona con la que compartimos ese breve metro cuadrado de risa, ese tirón de infancia que, por un momento, nos hace libre en este mundo de depredadores.
Luz, amor, desespero y guerra… gritos de batalla y drama cuando no es necesario, cuando lo que se pide es el amor incesante para poder avanzar y regresar. Sentir que no dirige la memoria Scorsese, pero casi. Y coquetear con tu idea al borde del filo de una botella y muchas sustancias.
Tiempo.
La vez que una madre te trajo una torta y la humillaste al frente de todo el mundo.
Empujar a un adolescente con su pie enyesado por creerte el rey del universo.
La egolatría de detalles, la economía de humildad, la obcecación por las palabras.
Un mundo que abandonaste cuando no te diste cuenta que eras demasiado débil para controlarlo.
El horrible peso de la soledad instaurada que atravesó el minutero y los segundos.
Tiempo.
Deformarse hasta imitarte.
Comprender con error que dentro de tu piel tienes la piel de una serpiente atravesada.
El convertirse con asco en una boa a pesar de sí mismo, devorando y ahogando todo.
La eterna confrontación con el paso del sol sobre la tierra. Y la devastación de no poder besar de nuevo al león, ¡pero recordarlo con la nitidez del espejo!
Con inmenso asco comprender que el paso del tiempo puede segar, de un solo golpe, la racionalidad y la objetividad de una persona dentro del grano fílmico por el grano fílmico hacia la universalidad de su relato expuesto con el alma que ha pixelizado -y que es obvio esto último para todo el mundo, excepto para él- como único presupuesto amoroso hacia un mundo que no le es real.

La dilatación de la muerte, la vida y la libertad a través del Tiempo.
La ralentización del amor desde una botella de alcohol, la explosión mediocre de la pasión por una captura perdida de tiempo.
Tiempo intentando perdonar a los que no valen la pena… tiempo usado sabiamente destruyendo una falsa moral.
Tiempo de sincerarse con uno mismo y comprender que esa persona no tiene el mismo interés en tí que tú en ella.
¿Tiempo en el cual habito? Fácil. El tiempo en el cual las personas reconocen qué ocurre cuando  le dan la espalda a los dioses que todos llevan eregidos entre pecho y espalda.
Tiempo perdido. Tiempo ganado. Tiempo de reconocerse menos frágil y más divino.
La inmensa falta de objetividad de las madres colombianas que quieren tener a sus hijos al pie de la cama, como hacían en su tiempo de crianza matrimonial.
La detestable locura de los hijos, que hacen caso a esa enseñanza.
Es de locos en este momento pensar que tiempo es lo que nos sobra o nos cobija.

No hay tiempo más desagradable que el que vivo, el que habito, el que paladeo posterior a darle honra al que merece fosa común y yerro.
Tiempo de aferrarse cada día con uñas y dientes a lo que se hace y buscar no desfallecer.
Tiempo elaborando, con filigrana, 18 años para abrir la llave y que emerga el demonio sumergido por tu actuar constante de demolición.
Tiempo en el cual las personas quieren inútilmente que haya una revolución, pero no se quieren ensuciar sus manitas creativas y ejecutivas cambiando ellos mismos, cueste lo que cueste, por encima de quien sea… porque esa debilidad fue nuestra única herencia.
Tiempo de beber alcohol, de irse de putas, de hundirse en la drogadicción, porque este sistema, ¡por fin!, vamos comprendiendo que se alimenta de guerras… y acá viene la Tercera. ¿Tiempo de no imitarte, de no leer más periódicos y ser libre mientras algo de sangre y los 5 años me queden cerca?
Tiempo de preguntarse algunos días si puedo sanar los tajos en el corazón para sonreír a profundidad, o si esto será marca de agua permanente mientras viva… si la gente viera todo el tiempo tu no-sonrisa, labios finos apretados y rictus de cátedra olvidada, ¿tanto alabaría?
Tiempo en el cual lloré solo
de pie mientras un cuarteto de sonidos
entre los linos y las personas -que me trataban como cucaracha por no tener dinero mas no lo decían-
eran calentadas y parecidas a humanos mientras este contrato inerme
de aparentar cuidar y no hacerlo, de ser jardinero fiel como Ralph Fiennes… pero de materas de plástico,
se desenvolvía como una sábana de petróleos
y gritaba mi alma con todo volumen, “¡que alguien me sostenga las flores,
y las memorias con olor a madera y lana,
y las promesas de irme un día de la casa,
y el futuro que entonces se vía promisorio, estable y bello,
que estoy condenado a un valle de ciegos!
¡Maldita sangre sefardita, con tu eterno ansío de retorno,
abandóname y quémate también en esta pira, para poder ver algún día
Málaga y Coruña y Lisboa
y no volver a salir de ellos!”

Y todo ese tiempo ahí de pie, me dí cuenta de mi enorme soledad en este mundo.
Tiempo hacía en el que había pedido compañía a las personas y ya he renunciado a la seguidilla de ello.
Tiempo para encerrarse a elaborar que no pude evitar reproducir el ciclo, pero no por mi voluntad, sino por programación, y reafirmar mi compromiso a destruirlo en lo que me sea posible.
Pues el tiempo de la creación de esa disociación enorme,
raja enorme de tu dictadura,
ha empezado a fluir en reverso.
Y para tí, y para mí, y para nadie será nunca más, un secreto la tortura elíptica y crítica.

Solo, pues, abrí y cerré los cajones y quemé las fotos y me pregunté qué era eso de escribir sin apuntarle un dedo al universo sin reconocerse tan inmensamente pequeño. Ello ahora despliega en fractal de papel y carne mal cocida algunas zonas de mi tiempo.

Tiempo que habito ahora que es un préstamo para la muerte, tiempo con resurrecciones calladas con pocos gramos de serotonina,
mientras se vacía la casa,
mientras se pierde la alacena y al amor al cigarrillo,
mientras algunos buscan un símbolo de paz con otra bandera puesta menos la piel mestiza,
mientras me acerco, antorcha en mano, a prenderle fuego a toda la herencia de mi familia
para evitar ser yo el carcomido.

Vencí. Llegué al final de tú tiempo.

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BONUS TRACK: Fugaz aleteo

Aprendí a conjugar el verbo ‘palidece’ en primera persona y doblé la tinta sobre un punto
y descargué durante horas
mi diario
percibir.

Y encontré enorme a América, y la extrañé inevitablemente, y lo extrañé por lo que jamás fue,
dejando caer mezclas de densidades por partes iguales
mientras el acto de recordar no terminó.

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Ojo de ágata

El club de los abrazos rotos tiene ojos fugaces
y memorias de lo que fue ayer
potencias mal adquiridas
y violaciones.

Tiene abrazos de cristal y gritos de desesperación, de buscar ayuda, de cortesías falsas,
de momentos arrancados al espacio.
Los ojos de una niña pequeña lo vadean. Vulnerabilidad en rama
y la conciencia cruda de que tu voz no cuenta para nada para ella
completan el paisaje.

Supongo que eso es mejor, que el contacto sea tenue,
que tú cantas con el grito de soledad insertado al medio
y que estás en esa parte en la cual, para recrearte, debes moler las aspas que impulsan
tu infancia
primero.

No había sentido una mezcla tan fuerte de soledad y química en años. No había visto los ojos curtirse y el amor destruirse. No había comprendido que sí se ha avanzado y que la delicadeza de la propia fuerza amplía la fragancia propia del marco en los huesos en que se sostiene el otro.

Hoy advierto que mi propia voz es el trenzado de miles de caracteres y golpes con los dedos a cuadraditos, acumulados durante años. Es, pues, ese tiempo de navegar y navegar las otras instancias. Y un acumulado de comprender cómo vivir el mundo consigo: porque el mundo es genial, pero en sí mismo nada es tan grandioso y brillante.
Siendo franco, la deseo a ella. Pero no como es, sino como veo que puede ser. Y ese espacio alrededor de ella, esa ruptura divina, es la que ansío complementar, lo que quisiera gritar en sí y por sí. Quisiera poder sentir esa fuerza, mover fuerte los brazos y que fueran alas.
Ella no comprende que somos vecinos: ambos caímos de la misma estrella.

Fantasmas helados de alma con una calidez de velita pequeña, una llama tan frágil que da miedo su propia existencia.
Y se va, girando y gritando en un sueño.

Tal vez cuando parpadee, veré su figura estallar en fuego encima de esta silla habitando esta memoria mientras la mesa manchada de pintura y grafito me pide que le haga hora.

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Por el amor al rugido

Escribo esto antes de prender de nuevo el fuego, alentar al agua y depurar las membranas, para darle vuelta al pliegue correspondiente de alma.
Criatura, tu hijo de plástico bordado por un falso demiurgo te invoca.
Con esos elementos simples, basta. La necesidad de abandonarme, sobrepasa.

Una cosa más.
Esto no es cuestión de individualidad, ahora lo sé.
No es cuestión, tampoco, de forzarse a ser diferente.
Se trata de que cuando estás entre tus dos manos, rezando, percibiendo, moviendo, eres capaz de regresar de lo más perdido de la sombra para esculpir el mundo con la luz. Eres capaz de sentir que el mundo debe ser intervenido con cincel, pasión y amor, tal como lo ha hecho Rodin para todos claro –ya nos dijo: ahí está un camino, síguelo-.
Se trata de que en realidad, quitadas las máscaras de lo aprendido por la infancia y por la familia y la religión y la propiedad privada
y las paraonias de tus padres y el acuerdo social reproductivo
lo que queda es brillo en hueso
y a eso te debes,
a algo que asusta y llamamos con una palabra para relacionarlo con lo colosal, lo temible, lo bizarro y lo fantástico o lo sicótico y lo tenebroso.

¿Y si el afecto no sobrevive? ¿Y si me pierdo tanto en esas fracturas de vida que un día me levanto en el espejo y veo una figura menos parecida a mí que a Clayman, pero besada por los dedos de las novelas gráficas que no leí… algo parecido a un desliz de impulsos puesto de forma visual?
¿Qué pasa entonces con el afecto que te promulga el mundo? ¿Cuántos sabrán leerte? Es una pregunta infantil y tonta, hay que asumir lo que se hizo y desde ahí elaborar y aún así surge, porque los retoños de las acciones reciben juicios y para alguien con plumón en lugar de escamas desarrolladas, ese cambio de temperatura duele.

Canalizar, destapar, romper los sellos tiene que ver poco con el contenerse… tiene mucho que ver con regularse. El poder que se despliega de ello y por ello es enorme, el poder que se recombina de ello y para ello dentro de ti arroja facetas varias: sitios y juegos de exploración temprana; saber que ninguna noción de identidad propia sobrevive el contacto de la piel del otro; levantar las rocas de lo dormido para rehabilitar cierto lenguaje mohoseado por alguna cepa de dolor fermentada; aprehender a tallar los huesos que, secretamente, han sostenido las vigas maestras del corazón propio desde hace mucho tiempo; abrazar al niño que se quedó congelado como maestro y señor de mis alfareros; convertirse en la versión de potencial que poco tiene que ver con hombre y mucho con queer sicodélico dibujado.
Canalizar es esto.

No solamente lo que es una recombinación de imágenes –si yo digo hipoelefantaleóntástico, por ejemplo, o rosarenísticoflamante, tal vez-, estoy hablando de esa esencia que se despide en el calor de lo humano que nos va enseñando lo que no es humano que habita dentro de nosotros.
Trazar con fidelidad y escala ese mapa, a 1:1, tiene la enorme implicación de alumbrar esas grietas o tiene que ver con el abandonar toda noción de seguridad, de ser isla, de ser contenido o continente, para verse como placa tectónica, como río que sabemos se volverá piso de agua para otras criaturas, o tal vez como ceiba enorme que contiene los secretos del alma encerrados en pequeñas fórmulas químicas.

Imagina la refracción lumínica generada a tu interior que te muestra las miles de facetas que no han vuelto.
Imagina tener un trozo al blanco vivo insertado en el pecho. Imagina el esfuerzo para contener, para andar, para circular con él.
Imagina que te quepa en la cabeza el hecho singular de la travesía humana de que nuestras burbujas perceptuales son cometas rotando por el Universo conocido.

Pero, ¿en realidad es esto tan fuera de lo común, algo malo? ¿Es algo decadente?
Usamos las palabras para tejerle así alrededor del mundo.
Cuando algo es deforme o anormal así lo relacionamos o nombramos.
Es más fácil decirse a sí mismo que es falso el otro, en lugar de preguntarse si ese es en realidad, su pelaje.

Monstruo.

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El efusivo beat

Ella tenía en la mano los dos tiquetes.
Porque había una vez un concierto, y la otra había prometido llegar
a tiempo, y ambas sabían que si se le atravesaba algún chico con bufanda azul
eso no sería cierto.
 
Se acomodó el peso del cuerpo de un pie a otro, con sus zapatos
tatuados de unicornios y sus hebillas de velcro.

Tic tic tic hacía la Luna,
tic tic tic hacía la luz verde del último semáforo antes de cruzar la
avenida.
 
Adriana caminó las últimas calles antes de llegar al sitio y vio
corriendo hacia ella una gabardina roja. Sonriendo, dió dos pasos
hacia su amiga para entregarle los tiquetes.
 
Rápidamente
un flash
dos sonidos como de ollas chocándose
y un aleteo liviano, como si una caja llena de cuarzos se hubiera
estallado contra el suelo.
 
Tic tic tic hacía la Luna, tic tic toc hacía ahora el pavimento.
 
La Muerte, con su larga gabardina roja, tomó los tiquetes, se apretó la
bufanda verde al cuello y se revisó rápido el mechón.
Tomó de la mano el alma de Adriana
 
y ambas entraron al último concierto que recordarían en New York.

[Para Isabel A., que le gustan los cupcakes y las letras sicotrópicas]

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Tiempos, destiempos, momentos

Cuando vi tu rostro, sentí la revolución de miles de seres en mi cabeza.

Cuando lloré desconsoladamente por la muerte de mi antepasado, sentí el peso en mis huesos de la soledad.

Cuando te volviste humo y luego masilla seca de hueso, te entregué a un árbol y pude abrirme a un nuevo significado de la palabra bajo el mismo cielo.

Cuando habité el espacio entre un segundo y otro intentando olvidarte, surgieron miles de deshielos sobre mi alma.

Cuando complementé el sueño que había perdido, me dí cuenta de que había matado a un tigre y me negaba a volverlo mera fábula: lo quería como manto protector, no como vil alarde de fuerza hercúlea.

Cuando ví lo que conformaba tus recuerdos, tuve que escupir de ciertas cavidades alargadas las comparaciones entre tu mapa y el mío.

Cuando ví lo que te faltaba cuando tenías mi recorrido biológico y me dí cuenta que casi encajaba a la perfección, intenté huir, pero solo pude sentarme de frente y ver al destino.

Cuando dejaron de ser los días iguales y cada uno se levantó con furia divina a rescatar de sí mismo un significado es que supe que ya te había soltado.

Han pasado algunos días. Se han juntado y vuelto meses.
Y en ese tiempo me he dado cuenta que las personas drogadas jamás son buen respaldo para los momentos de duelo, me he dado cuenta de que hay personitas demasiado pequeñas de alma y demasiado barriales para dimensionar la ausencia del otro que te prestó su experiencia.  Dedo a dedo y tecla a tecla pude elaborar una ruta de escape de mi pasado y empezar a correr veloz, por mis propias piernas, por mis propios medios, hacia allá.
Abracé también conceptos extraños como pertenencia, como fundamental, como algarabía, como nimiedad. Comprendí que la diferencia entre mis semejantes y yo se zanja de forma gigantesca: no se para de producir y de elaborar por el duelo, se sobreelabora y se sobreproduce dentro de las cuatro paredes donde uno habite para ahí sí medirse el alma en relación con el dolor de lo que ya no existe.

Tal vez en pocos meses llegue un velero nuevo, un encadenado más a este reino de políticos y fantoches, donde las personas viven mentiras para justificarse sus lujurias. Tendré que bendecirlo, pero al menos sé que no voy a ser arena donde encalle una invasión de menores pensamientos: es mi derecho de nacimiento elegirlo así.

Como no podemos capturar las alegrías ni las enseñanzas, buscamos burlarnos de ellas. Pero he acá el problema: nos hemos vuelto demasiado sarcásticos sin darnos cuenta, nos hemos intentado arrancar los nervios del alma por moda, porque nos dicen que es muchísimo más fácil el vivir sin sentir vitalidad que con ello. Ahora, no te voy a mentir, una parte mía preferiría la seguridad de la liviandad y asepsia dentro de una imagen incólume de mí mismo, pero si no aclaro mi bestia, seré como aquel que despido, seré mala entraña y peor recuerdo.  Y cosas firmes siento hoy. Y una de ellas, es que prefiero morir cabalgando al tigre, que huirle a todo momento.
Las lujurias son las puertas de entrada a la sencillez y plenitud de lo que se pide de nosotros, estemos haciendo, lo que estemos haciendo.
La mía cayó de frente. Me dominó. Me levanté. Me integró. Y con ella parto, con bridas y fuerzas que deberé forjar y que nunca pensé necesarias, cavando un nuevo espacio en mi identidad y mis pensamientos. Es la ventaja que da el sabor de la muerte propia a través de otro.
Y esa ventaja es el arma que blando hasta que Marte salga de Libra, hasta que la belleza verdadera retorne acompañada de una corona de rey, hasta que en poco vuelvan los líderes y reinas que muevan desde el corazón a los hombres, hasta que tenga en mí las alabanzas para ser nuevamente el devoto que la corona de cristal de ella, necesite.

[In Memoriam I.]

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