La mano se te dobla.
Los dedos te duelen, ¡tienes una cortada!
Rápidamente llevas tu cobriza humanidad a tu boca, pero luego haces muecas de desagrado…
dado que los miembros cortados por dinero, por accidente, dejan un sabor aún más amargo en la boca.
Te secas levemente la sangre en el pantalón y continúas, con los libros en una [...]