¿Y mis verdades? ¿Quién me las cuida?

No es que los odie por lo que puedan sentir, pero sí los detesto por sus putos actos.

No es que me los pase por la galleta, pero, no los soporto.

Basura Uno

((Traducción:         Tú *hablas* de sacrificio...
               ¡el *supo* el significado de sacrificio!))

Me cansan esos colores verdes brillantes, me aburren las armas, me aburre la violencia oficial y justificada y las cortinas de humo para taparlas y que haya tanta desinformación sobre en realidad, qué pasó y qué dejó de pasar porque estamos atrapados por un verde mlitar hasta en nuestra hemoglobina.

Estoy muy cansado de la militarización que tenemos en el alma.

Aburrido de la juS.S.tificación a todos los problemas y de la necesidad de imponerse por la fuerza todo el tiempo.

Me tienen aburrido, mareado.

Se podrían redactar muchas palabras sobre la milicia.

Yo me conozco algunas de memoria. Injusta. Cruenta. Desbalanceada. Terratenientista. Elitista. Vengativa.

¿Pagar para poder moverme?
Es decir, carne de cañón por punta y punta, ¿verdad?
No hay forma en la cual se pueda sentir con calma el viento y la piel propia y las líneas de color del universo, porque eso ya entra a hacer parte de un maldito delito. La educación, que más que un derecho, es la forma en la que la sociedad nos desinteligentiza y nos ralentiza, es hija de su tiempo al igual que las acciones artísticas lo son del espíritu de guía de la época hacia las clases que componen el riñón e intestino y corazón de las industrias, las clases medias (Benjamin).

Siguiendo el análisis de Benjamin y de otros escritores (Bordieu y su habitus, Galeano y su análisis de la repartición de riqueza) es imprescindible que volvamos al inicio, a mirar cómo es que desde pequeños nos enseñan a los hombres a ser guerreros más que a ser sinceros, a ordenarnos de forma adecuada en paquetes cómodos de consumo.

¿A q’ no?

Reflexionemos.

El colombiano de *Bien* no es el colombiano que está BIEN.

Para poder romper eso es que debemos dominar lo que consumimos, sobre todo de parte de las noticias, que se dedican desde que amanecemos a entonar himnos marciales, y cualquiera que haya leído con detenimiento (y hasta con náusea) 1984, de Orson Wells se acordará de la forma como cada mañana el Gran Hermano, mediante el televisor que podía observar a sus súbditos… perdón, “ciudadanos”, les hablaba sobre las victorias sobre la Guerra que estaba allá, en esas zonas desconodidas; les hablaba sobre las victorias Acá, por parte de las milicias; les mostraba el rostro que necesitaren odiar para poder seguir, callados y sin parar, recibiendo órdenes de cuándo gritar de forma adecuada bajo qué putos parámetros adecuados y con qué voz perfecta.

Si pudiera hablar abiertamente sobre la Milicia, diría que se ve como ojos que todo el tiempo paranoicamente están mirándome y leyendo lo que hago par saber si debemos o no seguir adelante con nuestras vidas.
La pregunta surge: ¿cuánto tiempo más vamos a tardar los que no somos militares a aceptar los abusos de los que sí lo son? ¿Cuál es el freno? ¿Ir al gimnasio y usar anfetaminas? ¿Dedicarse a oír la música autorizada y los patrones autorizados de vida?
¿Cuál es la respuesta?
¿Cómo empieza la desmilitarización si no valoramos nuestra propia expresión en los espacios que tenemos?

Hay que ser muy caradura para hacerse la vista gruesa y reducirse a vivir ya que todos somos partes del mismo barco y estamos a punto de estallar tarde o temprano en este planeta y yo recomendaría que lo hicieramos de una forma productiva antes de hacerlo de una forma completamente destructiva,
como siempre nos han enseñado a hacerlo.
Hacer el amor y no la guerra incluye escribir sobre la propaganda y el efecto que este tiene… nos hablan de ‘ejércitos de estudiantes’, ‘ejércitos de armas de casas’, ‘ejércitos de campesinos’… no pueden hablar de otra forma… o tal vez saben en el fondo, al igual que todos los demás, al igual que todos los Otros Yos, que esto tiene tintes de competencia y supervivencia, y que solamente puede una forma salir viva caminando de todo este rollo. Y es de la mano, no sobre las calaveras de otros…

Como nosotros podemos hacerlo claramente, entonces, salen bromas específicas de estos procesos, como en… ¡LOOOOOOS MEXICAS!

No basta solamente con la protesta y el reclamo y el acumular el veneno. Hay que darle forma específica a todo este tema. Tenemos que vomitar a nuestros muertos antes de que ellos vuelvan por nosotros de formas que harían rabiar de envidia al más drogado Allan Poe.

Hay que volver al inicio.

¿Sintetizando?

No sé que tipo de libertades pueden darse
cuando en el nombre de la paz y el sueño de poco
el espacio de despertar de otros se vuelve eterno
y todos como un código serial, estamos desnudos frente al mareaje de la impunidad.

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