Gotitas de juventud.

No hay drama, ni dolor, mi corazón dice.

(A excepción del color del dolor de mi pecho floreciendo, es cierto, no hay tal.)

Es el vigor de la vida, floreciendo entre los muslos, subiendo entre los espacios en la yema de los dedos, es esa tibieza del poder acariciar el alma sin violentar la ropa, el aire o la respiración.

Es la noche dentro de tu beso que se abre a infinitos colores carmesís,
flores salvajes de fuego que cabalgan mientras detienes el flujo y empiezas el camino de regreso de tu vida,
seiscientos días o miles más después de iniciarla.

Es el aprender a ser sustituto del aire en los átomos de tus labios,

comprender poco a poco el poder de la creación dentro de dibujos de silencios con texturas

de amores deseados materializados,

rupturas de mentes

y sanciones a aquellos que nos digan que no podemos volar.

Poco se entiende del poder real del amor ni de la mente que late dentro del corazón más allá de la palabra
o la contracción del cerebro.
Mil imágenes me enseñan a seguirme en tu rumbo,
que es el destello de mis sueños:
tal vez una pequeña verdad sobre el efecto de la fuerza llamada Amor
es que nunca nos da lo que queremos sino lo que necesitamos
para ser libres…

…sea dentro de una canción, un cartón o en unas letras.

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Gotitas de despedidas.

Muchas veces dependemos de un amor o una noche cualquiera durante días y días para seguir adelante

solamente queremos mentirnos y negarnos que los hechos nos superan cada día más,

porque la noche es solamente las cosas que nosotros extrañamos

las cosas que queremos hacer o dejamos de hacer: sol de recuerdos que sin parar no hemos vaciado del ayer.

El trabajo de vivir se vuelve el trabajo de mentir el trabajo de extrañar el trabajo de postergar. Sobre el trabajo mucho se ha escrito pero poco a poco se ha construido cada día, un poco, un velo más. Muchas veces nos preguntamos cómo es que las personas estamos cada día y cada compañía más lejanos de lo que le pedimos al cielo y nos preguntamos cuándo es que nosotros podemos hacer las cosas que deseamos hacer.
El cielo se vuelve dentro de cuatro paredes un color estucado, el dolor del dinero se vuelve el olor del pensamiento y el único reducto del cambio. La huida no es solo inminente sino el sabor que exige el alma.

Se viene encima el dolor de la noche y el saber que no hicimos lo que queríamos. Que hay un lugar dentro del prisma del hueso que nos envía sin parar hacia otros círculos, que le huimos, y que el amor, para algunos, huele a tierra fresca antes de despegar. Aroma de aeropuerto con desinfectante y del vacío pasajero.

Como este asunto de las letras, en las cuales muchas veces nos sometemos a un ordenador para poder escribir con las teclas lo que con la mano realmente queremos escribir cada día o noche

sobre la vida

sobre los aciertos

sobre las familias que perdimos sobre los momentos de despedida que vienen no solamente con una edad, sino con las responsabilidades de sobrevivir y como decían algunas personas, con tanta liberad desperdiciada en el acá, en el presente.

Muchas veces pensamos cada noche en el retorno al huevo en el volver y salir, en volver a vivir  con intensidad.

Pero si tenemos la red rota cómo podemos salir a volar sin fracturanos las alas, se preguntarán algunos,

bueno, eso es algo que depende del colorgamatonokromo del cielo que veamos, en ese

breve momento en el cual cerramos los ojos, aleteos ondeantes al respirar.

Si el color es un vibrar que sabemos que nos va a llenar de amor, de olor y luz, de poder,

entonces podemos estar seguros que ese cielo es el cielo de azules bermejos y poderosos rayones

que nos va a ayudar a cada día más

continuar la vida que dejamos a un lado al pasar al otro lado del espejo.

Las uñas se vuelven largas y los dedos se han anquilosado de tanto esperar el despertar, y duelen cuando lo vuelves a usar, mas su savia es real y hay que apreciar cada sorbo de ellos. Esa sensación orgánica de pensamiento y naturaleza, no se encuentra en el espacio virtual, no se encuentra en el deleznable y detestable sabor a asepsia que produce un ordenador…

se da en el tejido perdido en la mano abierta.

Cara amigo

Noctámbula.

La habitación es cálida pero el corazón frío.

A lo lejos, una luna aulla a los lobos como yo que con ojos rojos de sangre y activos por fuego nos movemos dentro de los cuerpos humanos,
danzando en vaivén, con esa sensación rara de ser lluvia dentro de una habitación asquerosamente seca.

Seca como los besos abandonados y los sueños postergados

seca como las manos húmedas de sexo y no de pasión

seca como las secas conciencias de las manos que ataron un continente estrellado desterrado en sí mismo…

y sobre todo, el calor inmisericorde que hace que afuera todo sea cálido pero el corazón lata como una violeta sin parar para poder decir que soy una estrella de mar como lobo dentro de las paredes grises de las nuevas montañas de estos tiempos.

Sí, cómo arde, cómo cuesta saborear la lluvia…
como si un mundo luminoso estuviera frente a nosotros y no parara de brillar, mas aún así es nuestra nioche la que no nos deja decaer y extrañar
las noches y los versos rotos ya sus labios verdes desolación -el color favorito de la temporada-
e insisto en que no dejo de sentir la lluvioa ni de jo de sentir
el grito de la manada que no nos deja, a mi y a mis cuatro patas, en paz:

Manos y tendones expresados en armonía mientras corro sin parar.

Atrás veo en la cortina una pequeña niña con sus ojos regordetes y
con el pelo y el rictus tan… insípido, tan… mecánico… una alma de Dios perdia dentro de una máquina con cara de niña sensual buena…

Mientras el cuerpo está quieto y mi mente corre, mientras mi señor me ignora y yo puedeo actuar por él a través de sus tendones anestesiados y dormidos al placer de la hierba y la vida en el monte,
déjenme decirles cómo es la vista desde arriba y en el piso, cómo es la vida del agua dentro de mi cuerpo cuando todo lo que me rodea es de viento cálido de soledad reunido, ni una brizna de raíz para seguir el sueño perdido de los jóvenes sino el dolor y la sequedad de la pena y la verguenza de la pulcritud amansada para el sueño eterno de las incomodidades extraviadas.

Sueño con pastos más cálidos el verde fulgurante de los que cualquier humano podrá soñar jamás.
Y he visto dentro de las noches en las noches de las estrellas sueños de reconstrucción y células que nacen cada día al despedirse de los que aman sin más.

La despedida no te duele sino tienes en cuenta el dolor ajeno sino el poder de los demás.

Una noche más de calor y miseria o una noche más de locura y soledad… ¿qué preferirías en tus manos, sahib, que desearías que estuviera a tu alcance una vez más?

Como decía al inicio, es una locura, una habitación cálida, un corazón helado, y al fondo, las estrellas sobre el pensamiento girando en sí mismo…

desalojado en el espacio de correr libre como la manada y la ventana presta a la noche, el ruido y el palpitar libre de los amantes.