Gotas de populismo.

El llegó al café.
Pidió una copa y la tomó en calma entre las manos, antes de estallarla con furia contra la pared.

Luego sus miembros volaron en todas las direcciones:
luchó con furia,
luchó honorablemente,
luchó con toda la sangre que tenía,
hasta que entre seis personas le pidieron el favor que parara, que no tumbara más el lugar.

Se enfundó la maleta encaletada detrás de un hueco en una pared: la revisó, estaba entera.

Se secó la sangre de la boca con la manga que no estaba llena de la sangre ajena.

Caminó por las calles, sin querer todavía llegar a casa.

Pensó.

Mano en la barbilla y nuca rígida.

Quiero que me lo digas pavimento. Quiero que me digas qué fue lo que pensó este hombre, qué fue lo que le llamó la atención del día a día y que lo llevó a este sitio, a ese trago de vino-vinagre adobado con una cerveza para su indigestión. Quiero que me digas cemento cuál fue ese sueño roto dentro de su mente, para que no pudiera por ningún momento descansar. Un gaván azul enfundado sobre un jersey amarillo es lo único que como sueño le queda y un sombrero y un deseo de vida lo único que le sobra. Quiero que me des una explicación, una, que sea válida, que no sea la que ya conozco, porque esta es demasiado cruel y desalmada.

Si solamente somos esclavos de nuestros deseos, si solamente somos esclavos de reflexiones vagas, creo que somos caldo de cultivo para cualquier tipo de populismo.

Estos seres bienintencionados a su modo, en sus arenas, que no conocen ni ven ni quieren dejar ver otras son entes peligrosos para la salud, para el orden de los seres vivos, para mi jardín, mis lombrices de tierra y mis caléndulas y mis rosales. Que ni son míos, son prestados y algún día, como todo lo orgánico, inflexiblemente morirán.

Adivino que este hombre observó con más cuidado el desarrollo de lo que pasó a su alrededor entretejido.
Adivino que reconoció sobre su piel a las mareas humanas variantes como la noche y el día.

Hay un alma entre todos, encerrada en el puño de unos pocos. Que amasan el poder a punta de mentiras y decepciones multicolores. Y la decodificación de esta alma, como el mismo hombre de gaván azul puede constatar, tiene que ver más con lo que sostenemos dentro de nuestras cabezas como mundo incorregible, que con un papel y una policía.

Tal vez enfundado en una canción de elegía a Cortázar y en un ruido de trompeta perdida en un subte abandonado de otrora gran ciudad pudo oler y constatar,

que acá y en el infierno, el Diablo siempre debe pagarle al abogado más caro.

Vendrán noches o amaneceres para esta efigie perdida,
pero si una cosa es cierta
es que su mano no está sola y que las paredes y los nudillos y tus ojos lo han comprobado:
aquella fuerza puede golpear tu víscera más interna

puede despertar al lobo, elefante, conejo y golondrina que llevas dentro,

para fabricar nuestra propia primavera.

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