Embryótico.

Hace muchos años cuando la tierra era todavía redonda

y los mares por empinar

las montañas por escalar, rasguñar y llorar,

los árboles amigos cercanos de voz profunda que habla desde el silencio de un más allá
tan cercano

y el viento un poder más dentro de las entrañas de la tierra,

un vaticinio fue creado.

Que sea una gran estrella

que tenga poder

que tenga asfixias, dolores y dientes filudos como acompañantes

y que durante un cuarto de su vida iniciática tenga rapaces como compañeros durante la noche
el luengo día
y la boreal aurora.

Hace muchas lunas, el pensaba en términos de notas.

El pensaba sobre lo que habría de venir, los corazones a romper, los corazones propios que se romperían en el y cómo las nubes volverían del cielo una y otra vez…
cómo las nubes de tormentas nacidas de plantas serían luego sueños de lúpulos o de vides entreveradas entre sexus, abrazos y pensamientos.

Cuánto amor desperdigado dentro de un corazón latiente, cuántas mentes inexploradas como cavernas de sintomáticos y alados pensamientos,
turbinas generadoras de malos vientos y pocos alientos. Vamos que el que mucho habla poco muerde pero el que nunca habla todo lo muerde.

Noches de melancolía y pérdidas entre los sueños de la mañana…
y cada noche detrás de la siguiente. Cada mañana avanzando y concretando los movimientos peristálticos de la siguiente. Cada noche de melancolía rota después por mensajes de amor contenidos dentro de los vasos, los papeles, los vientos, los dientes torcidos, el olor a ladrillo y sangre por la supervivencia, cada mañana más cerrera que la otra y las estrellas abandonando mi mente e integrándose a mi repertorio.
Quiera Dios que no haya tenido yo un caleidoscopio para jugar que me gustara -los de plástico eran muy pequeños y aunque fascinantes no eran místicos- me dió los ojos de mi jardín interno, y con ellos dibujé los mensaje de otros planetas durante largos años.

Cuánto de continuar se nos ha exigido, cuánto de tragar se nos ha impuesto. Cuánto de comprobar con nuestras manos, a nuestra costa, a costa de fluidos y tejidos -que es el mayor impuesto a un ser aplicable- y gemidos y alaridos el precio de cada cosa y cada cosa en su lugar entre los zigzagueantes proverbios y los pensamientos que habrán de llegar.
Cuánto de exigir, de aceptar lo amargo para llegar a lo dulce y de dejar lo dulce porque se puede convertir en amargo, de abandonar lo ácido, la imaginación, la curiosidad, la afabilidad, en pos de la mercantilidad, la avaricia, la ambición y el renombre. El orgullo que cuando pequeño se veía como un amigable y entrañable documento guardado bajo las faldas sinuosas de nuestras medias ahora es a veces la única razón de vivir, de reproducir, de morir. No fallecemos por voluntad propia sino que algo dentro de nosotros decide hacer los ajustes y las velitas que nunca miramos en nuestros/otros cumpleaños si no han sido derretidas son las que no admitiremos en los propios; las amistades y los juguetes se nos rapan de las manos y se nos empuñan letras, pasajes, pensamientos extraños (cosas como patria, nación, dinero, confiabilidad, estabilidad, el mundo, dignidad, el jefe, viejos tiempos, vida real, sociedad, burguesía, confianza, talento frustrado, desarrollo, estatus, nivel) y nadie nos pregunta si queríamos esos materiales para jugar, nadie nos acuna y nos toma de la mano de forma suave a través de ello, sino nos ofrecen motes pequeños para excusar esa quema de un cielo de algodón y proverbios baratos para aniquilar a las mariposas que siempre habitan dentro de nuestro corazón. El amor primero es el más hermoso porque las mariposas las sentimos de nuevo y qué triste, qué afanoso es ver a tantas y tantas personas escribir toda su vida por sus lolitas ahora dentro de un cuerpo aciago y sueño que en su edad no era y sus mocedades que no avalaron sinfines de carruseles.

Ahora tiñe un cielo de gris y un gris más claro o un gris más oscuro… y todas tus semillas, todos tus hilos y todas sus voces cada vez se te acosan más… mientras más pasa el tiempo, a veces se siente como una carrera entre los lobos metálicos y los de verdad, los que somos de carnes marrones pero vibrante música en la sangre. Empiezan a florecer los rituales vacíos y sosos, de besos bobos y buenas intenciones pero cortos análisis que comprendan el nacer de estos formalismos de señor, señora, suegra, suegro, yerno, otros.
Deshumanización detrás de los títulos y de las manos que abrazan nuestras propias tierras del viento.

Acosan los pensamientos sobre las responsabilidades. Las letras son abandonadas y cada vez menos comprendemos el cómo nacen las fuentes, el cómo se modifican las mismas dentro de un sueño de soledad, apaciguamiento y comprensión/obligación, estrellando tus estrellas dentro de un cielo y forzando la forja de sueños. Los labios son rotos y forzados a volcarse hacia un centro que no termina nunca de alumbrar.

¿Cuál es tu próximo condicionamiento? ¿A qué te debes, que debes dividirte y separar tu mente de lo que viene adelante y de lo que nace en el hoy?

¿Qué traen en realidad las arrugas, cuando quieres el cielo todavía tocar entre dos manos? ¿Cómo debemos levantarnos del after-cielo cuando descubrimos que las decisiones que habíamos tomado como nuestras no son en realidad tn nuestras sino hijas de un gran acuerdo, al cual no podemos luchar cuando nos damos cuenta…

cuarenta años después de venir acá?

Y aunque hay momentos y movimientos maravillosos,

risas que no pueden ser proyectadas dentro de las islas sumergidas de los templos de Luxor
construidos entre alientos y babas y sueños vencidos por el azúcar…

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One comment

  1. ameliepoulain11 · noviembre 3, 2008

    Me encantó, si señor, una gran reflexión, leer este post me ha recordado una vez mas que la libertad (sea del tipo que sea) es tan solo una ilusión…

    Un saludo!!

    PD:he contestado tus dudas en mi blog 😉

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