Extracto sin hiel de Artes

Y los dioses de los profesores levantaron su mano y dictaminaron:

sea el amor a la estética enredado por nuestras palabras hipercomplejas
hiperprofundas
hiperdetalladas.

Y sean los jóvenes el molino donde moleremos corazones e ideas al poder del mercantilismo.

Podría ser un decálogo para poder conocer el mundo del arte que enseñan en algunos lados.
Llevo algunos años intentando entenderme con el tema y me parece más que justo, necesario, compartirlo con los que leen este blog, sean gaviotas lectoras, planeadores como cóndores, o halcones/milanos/águilas lectoescritoras.
Durante algunos años me he dedicado a aprender sobre el arte, pero lo que más me ha sorprendido es la ceguera de los que imparten las lecturas y sus contenidos.
Me aterra la imperiosa necesidad de indicarte un hacer de **ahora**, sin tomar en cuenta que todo presente tiene unas raíces, inseparables, que además no por denigrar el pasado podremos superarlo -antes, todo lo contrario- y sobra decir que mucho de lo que actualmente se enseña como producción correcta (¿correcta pagada por quién?) le falta una transmisión emocional tan pero tan fuerte que es como si fuera producido por una máquina.

En el caso de Colombia, digamos, el problema se puede rastrear y exponer de tres formas: a) obsesión con la violencia, b) precariedad como condición creativa autoimpuesta, c) ausencia de ubicación cultural.
El primero tiene que ver con que la gran mayoría de los temas creativos en Colombia de mediano o gran reconocimiento están relacionados con la violencia. Si se buscan programas como ‘El Siguiente Programa’, o ‘4 extraños en D.C.’, por hablar de dos programas bandera para una población multimedia de hoy, van a darse cuenta que prima sobre todo el machismo, la sangre, el insulto, la deformación humana.
En Colombia el arte está obsesionado pero tan obsesionado con la violencia pasada o presente del país que ha llegado a un punto de esterilización autoinflingida de opciones diferentes. Y desgraciadamente muchas expresiones gráficas como cómics imitan del Manga esa violencia guerrerista y obsesionada con procesos de miseria. Esa es la realidad mental inmediata del país, sobre todo manifiesta en el crisol de un país que es su capital económica y política.

El segundo aspecto del mismo lo relaciono con la palabreja miseria. Cómo es posible que un programa, digamos, como ‘El profesor Super O’ -la única animación colombiana que conozco y que **defiendo** a ultranza, búsquenla en YTube para ver porqué 🙂 – tenga una calidad tan *pobre* de animación, mientras que se siguen trayendo enlatados que no hablan con los imaginarios de acá… es una tendencia a hacer todo con las uñas y sobre todo por una falta de previsión y coordinación adecuada: el imaginario de trabajo de los artistas y otros es el de la Estrella SuperFamosa, no la de un Reino de Competidores. Hay tanta desconfianza en el propio poder y acción que se intenta aniquilar toda competencia -en el sentido deportivo de la misma-.
Así, en Colombia han nacido Fanzines, colectivos culturales, galerías de arte guiadas por los mismos artistas, periódicos y publicaciones web de temas variados, pero la falta de apoyo y de contacto con otras bases impide y deforma el desarrollo total de la misma con una industria no monopolizada.

El tercero tiene que ver con la falta de comunicación con el cómo piensa REALMENTE la gente.
Colombia tiene una situación hermosa (sí, no voy a hacer más énfasis en lo trágico, para ello está el periódico): todas sus zonas están sin comunicarse entre sí. Inclusive en la misma capital hasta la creación de un medio de transporte masivo no empezó a haber una comunicación real entre las partes más ricas, las menos ricas, las más industrializadas y las mejor organizadas/planeadas. Ello implica que hay mucha riqueza por entretejer por diferentes personas a nivel cultural, pues todavía hay rezagos culturales rurales, bolsillos de ciudadanos de muchos países, influencias de diferentes zonas del mismo país y de otros… y a esa heterogeneidad hay que llegarle, sin miedo a lo políticamente correcto pero con imágenes y palabras que abracen y rocen con suavidad la piel de los sueños de estos habitantes -lo que no imaginas, tal vez nunca lo busques para crecer-.
No solamente son ideas nacionalistas y criollas con ínfulas europeas -pecadillo venial de todo país de América Latina-

Cuando entras a una Universidad y una Facultad de Artes, tú tal vez como muchas personas piensas en el imaginario de aprender a pintar, esculpir, dibujar, tomar fotografías…

pero te encuentras con un discurso en el cual
“esas técnicas están usadas, no vas a descubrir nada nuevo”, “no es bueno que aprendas con tanta certeza, ¿o te vas a especializar?”, “pintar/esculpir/dibujar es del siglo pasado, lo in ahora es la teoría”, “el posmodernismo indica que para hacer Arte, con que tengas una idea de lo que quieras hacer aunque no lo hagas, ya ERES un Artista”.

Y tienes dos opciones: lo aceptas o lo encaras. Como el que dice, o lo ves a los ojos o dejas que te muerda.

En mi caso he visto muchas personas ser abatidas por ello. Se exige a los estudiantes muchísimo más de lo que su medio fragmentado es capaz de suministrarle para explicar sobre estética (?), gestualidad (?), lenguaje de los materiales (?), conceptualidad (?). Algunos dirán: claro, para esto está la Academia. Pero, la realidad es esta: ni la misma la explica bien. Después de un año pedirle a alguien que defina cómo y con qué es que va a desarrollar una carrera como Artes es como pedirte en premédico neurocirugía: no * tiene * sentido.

Así, es como para aprehender entre manos un futuro, se te castran los sentimientos reemplazando la verdad con una pobre excusa de mundo.
Vale, les he hablado mucho sobre una parte del proceso. En caso de que quieran que siga con el tema en otro post, por favor, déjenme información en los comments.

Au revoir! 😀

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One comment

  1. OSCAR · marzo 16, 2009

    Algo que he aprendido en el tiempo y de lo cual estoy completamente convencido es que hoy en el arte, en Colombia, es absolutamente necesario durante cualquier proceso creativo, darnos la oportunidad de indagar, dar espacio a esa complejidad instintiva que todos lo seres humanos poseemos de preguntarnos el porqué de las cosas y particularmente el porqué del contexto cultural en el cual se desarrolla una obra de arte. No podemos seguir dejándonos llevar por las mismas ideas eurocentristas que aunque si bien estamos inmersos en una aldea global, la tendencia postmodernista no puede reducirse (por lo menos aquí en país del divino niño) a que la sola conceptualización de ideas pueda llegar a ser arte.
    La necesidad de hacer arte no solo debe estar dirigida a impactar, conmover o provocar sino que por medio de propuestas nacientes de una cuidadosa respuesta a las condiciones culturales (de politica, religión, medio ambiente, raza, género o los aspectos que sean pertinentes) y que en general responda a la cultura del sincretismo que nos caracteriza , nos motive a superar el instito de querer saber más del territorio que vivimos, junto con el deseo de querer ver una realidad distinta. El problema del conocimiento en general pero sobretodo para un artista no solo está en el saber sino también en el hacer.

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