ii. Calibración


Espirales.

Veo espirales mientras camino por el apartamento.
La niebla es fría y las calles son mordaces, como son todas las calles mordaces en esta ciudad.

A lo lejos escucho el beso intranquilo de una excavadora. Faltarán unos minutos para que el aire se despierte y pueda morder el placer de caminar y correr, como nuestros antepasados cazadores acompañados de canes y piedras en la mano.

El día transcurre.
El poder solar es un contrapeso en mi corazón de las calles finitas, los edificios anquilosados, la memoria abierta y la revolución eternamente aplazada que se pasea rampante por mi soledad, mientras un sorbo de hoja de coca me anima a despertar y a palpitar, a poner en pulpa y carne viva estas letras mientras otros danzan sin cesar.
¿Tus labios se adelgazan? Los labios se adelgazan, cuenta un sabio inventado entre los paneles de mis neuronas, porque las palabras no pueden beber el aire, y entonces se lo roban, ultrajan, raptan, devoran, a los labios que anteriormente eran sus señores y amos.

Como adolece de calor el corazón frío de Buenos Aires.

La mañana es rara para los de eternas primaveras o eternas brumas -no solo el nacer sin estaciones afecta tu sensación de paso del tiempo sino la misma posibilidad de ciclicidad y posibilidades dentro del mismo-. Los pullovers se adecúan a tu garganta, recorres pasadizos de cuentos escritos para leer en la palidez de la eterna adolescencia y brotan tus hormonas que juraste a un dios olvidadas cada que acaricias una página que no conocías de una ciudad o pisas un pavimento con tus héroes predilectos.

Hay un muro que debo escalar, que cada mañana me adormece.
Ahora, solo ahora,
viene mi sangre purificada noseenqué tetera y mi alma de bolígrafo
a invocar esos amores que no eran amores sino sombras de la china entre los pliegues del número 20 al pasar los años.

Como una maleta solitaria en un rincón,
he sido mudo testigo del desplazarse, el perderse, atiborrarse, extrañarse, someterse al olvido y alumbrar la memoria con el candil prendido del presente.

¿Estaré maldito?

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4 comments

  1. oscar cortes · abril 9, 2009

    es el sentimiento de soledad y pasión por las cosas q suceden en la vida. unas buenas, otras malas, pero de todas se aprende, y si no, en una mañana de estas de lluvia, que se asemeja a lagrimas q salen del corazon de la tierra nos hacen vivir el extasis de la amargura y la melancolía. como una catarsis que nos hace respirar un aire más puro y mas noble. de lo contrario no habría personas q escribieran y desahogaran sus tragos de pena.
    el amor, el miedo, la avaricia, la destrucción, el hambre y demás, son armas q nos provee la vida, el cósmos, el no sé que, para disfrutar con o sin dolor cada circustancia para crecer y tal vez en un futuro y por que no ahora mismo proclamar lo que nos pertenece, la vida misma

  2. aguaynotas · abril 9, 2009

    …y dijo mientras tomaba un suave café desde la ventana cualquiera de una ciudad perdida entre las montañas. 🙂

    Gracias por escribir. 😉

  3. Augusto · abril 11, 2009

    De verdad, escribes Muy padre! muy bonito!

  4. aguaynotas · abril 11, 2009

    ¡Gracias!

    Acá no más para serviros. 😉

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