Texturas en la boca.

Cajas de música.

Encontré de mis versos manos. Dos manos rotas, de yeso vencido,
entre cajas y giros de camiones sus frágiles tendones corroidos.

Abrí un cajón, moví la persiana,
salieron serpientes con cizaña y palmeras podridas
para sentarse a mi lado, sobre mi almohada.
Sentí el golpe seco del recuerdo en mi cara y perdí el conocimiento.


Cuando me desperté, me enjuagué la boca de sangre. Tenía hambre. Mucha hambre.
Así que, lentamente, desenfundé mi dinero, bajé hacia un abarrote y compré un poco de felicidad en forma de chocolate.

Subí contando los peldaños, giré la llave, me senté de nuevo en el medio del silencio.

La habitación proyectó en mí su rechazo. Y no la culpo: gruñen siempre las paredes de los nuevos años e igualmente las de las casas que durante un tiempo no han tenido quien ame en ellas.

En mi mente ha pasado otro año más a pesar de desperezarse recién el minutero electrónico de su letargo nocturno,

cociéndose en un fuego albino todos los momentos que dejé pasar,

resarciendo con los pedazos de amor los tiempos faltantes.


Y hoy siento haberme encontrado un color indefinible a cemento dentro de mi pupila, de ojos grandes e impulsos sin parar, hoy he sentido un parte, una décima, pero esa décima suficiente para hacerme vibrar las notas y suspirar.
No, no estoy hablando de ella -ya sabes que de ella no me gusta hablar, de ella no te iré a hablar-.
Estoy diciéndote que a cada paso de este palpitar la enterré entre las nieblas de mi mente pensando en que era un espejo perdido de mí mismo, esos nosequé que nunca nos gustan ver demasiado tiempo pero nunca dejamos de admirar. Ojos púrpura, cielos al amanecer y un abrazo fundido sobre las cabezas fueron las voces de la orquesta de ese tiempo.

Hoy me siento árbol convertido en papel que por segunda vez será picado para volverse pasta indestructible y destructora de soledades
entre los hombres, los humanos.

El día de hoy tuvo un sabor dulce a victoria.
Pude recoger tus saberes entre las letras y dulcemente los cocí a fuego lento dentro de mi pecho, hasta que ebullieron y me rompieron la boca, terciándola como una copa rota de vino…

pero, ¿de qué se trata el encontrar una relación, una conexión, si no es de encontrar la parte que te toca?…

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2 comments

  1. ameliepoulain11 · abril 17, 2009

    Precioso, es lo más bonito que te he leido hasta ahora 🙂

    Saludos de Amelie

  2. ameliepoulain11 · abril 17, 2009

    Aunque triste..

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