Arte-ando. (Otro extracto, sin hiel)

Me parece un poco triste esto de preocuparse por la moda para ser artista.

Estaba recordando por estos días que en una clase de Historia del Arte una profesora me decía algo como lo siguiente:

-Todas las personas somos kitch. Es decir, estamos siendo y haciendo cosas que no nos corresponden y como no nacimos así siendo eso que nos ponemos, somos kitch nos guste o no.

Y me puse a pensar un poco,
y sin sentir verguenza, pero qué poco me mata el mundo del arte.

Cuando entré a la Academia era una persona con la ilusión de hacer el tipo de arte que se hace con las manos, no con la cabeza solamente.
No había pensado en ningún momento en las palabras dinero, manutención, estilos, modas.

Era muy, muy puro de todos los eventos que se tejen alrededor de decidir aprender artes. De la infinita cantidad de envidia que se emana de tener éxito: de una exposición válida para tí y para tus amigos, de otra exposición válida para “La Academia”, de una publicación en cualquier medio que hablara sobre los medios de comunicación de una forma posmoderna y super coloreada y super interesante, de querer encontrar una verdad más completa de ‘termina las copias, nos vemos en el parcial’, de *tener* que generar odio por los Diseñadores Gráficos-los Diseñadores Industriales-los Publicistas, de odiar además a todo aquel que pueda hacer dinero sin problemas, de vender una obra, de no estar inconforme pero tener razones y procesos para probar la falla.

Nunca pensé al iniciar la carrera que tendría que, para poder ser fiel a mí mismo, caminar sin mirar a los lados para luego dar la vuelta la cabeza y continuar sin parar dando vueltas sin detenerme…
y que al caer en el vacío pasaría por las iniciaciones en las mañas que tejen el mundo adulto de una forma tan profunda.

Una cosa que se dice mucho del camino del arte es que el tiempo es el que te define el caminar.
Y que el tiempo te garantizará la libertad. Pero es una carrera, es un afán y eso puede deprimirte mucho, puede convertirte en un virtuoso sin alma. Y aunque caminar alejándose de una decisión de ese calibre es algo muy fuerte, porque esa decisión tiene un peso pivotal en la forma en como aprecias las oportunidades que vienen adelante, ¿acaso no hay mejor sensación?

En mi caso realmente aprendí el significado de la palabra periferia cuando fui a ‘enseñar’ dibujo en una ciudad sabanera en el Oriente de Colombia. Mi país tiene un gran número de personas en mudanza permanente, entonces enseñar dibujo en cualquier ciudad es enseñarle, técnicamente, al 90% del mismo país.
Enfrentar la utilidad del arte con la pragmaticidad invasiva de nuestras economías internas sentimentales/mentales/emocionales…

eso no fue lo que me indicó que ocurría mi círculo de amigos artistas, mis compañeros de escuela, mis críticos o entusiastas.

Llevo tres años por fuera del círculo.
He tenido experiencias sobre el mundo del arte, por mi propia cuenta, pequeñas. Pero lo suficientemente impactantes como para poder redactar un libro.
Lo llamaría, brevemente “Caminos hacia el espejo:   O el cómo destruir la mitología actual de la enseñanza artística”.

Y uds., lectores, ¿qué piensan de esto?

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