Neonato.

Quisiera recordarlo.

Recordar el día en que abrí ese paquete y aprendí poco a poco a comerme estos pasteles.

Qusiera recordarlo para poder arrancarlo de mi memoria.

Hallar dentro de los recovecos y ventanas de mi persona el día en el cual dejé a un lado toda comunidad y conseguí preocuparme.

¡Quisiera hallarlo ahora, al estirar mi mano!

Poder invocar dentro de mí la respuesta que no he encontrado durante
el trazar del arco lunar y el envejecimiento y desaparición de los que vieron nacer a mis padres: ¿por qué?
¿Por qué pasa esto? ¿Por qué no deja de pasar? ¿Por qué nos cuesta tanto como humanos amar, respetar?

Como nota final todos los días he buscado
desde que hallé las palabras adecuadas dentro de mi mar de hormonas
demostrar, conjurar, levantar,
una pared de barro hecha con mis dos manos para romper el muro del miedo
y de la angustia
que como hormigas sube a escalar por mi garganta y decirles suavecito pero con firmeza: por favor, no más. No, no, no escales más, baja y sigue viviendo. Elegí otro cuerpo.

Nunca he… sí, es cierto, jamás he hallado una respuesta satisfactoria a la pregunta: ¿pero por qué, por qué deben pasar tantas cosas que no me tengan a mí en cuenta, a mis manos mi sangre mi voz mi esperma mi abrazo mi sonrisa, y por qué se me exige que transite dando palos de ciego para ser feliz o morir?
¿En qué momento, según los muchos autores, por el hecho de nacer firmé con sello de cera roja y suspiro roto el consentir que otros rompan mi alma? Me duele que no podamos muchos tener el mismo amor y el color que sí tienen unos pocos… ¿eso me hace…malo?

Lo volví ritual, sí, lo admito.
Sentarme frente a la hoja de pixeles y decirme, mentirme, suplicarme: “¡hoy sí, hoy se darán cuenta de que todos los niños y cachorros que llevamos por dentro no paran de llorar… hoy se asomarán a la libertad!”.
Pero no pasa. Viajo como pajarito en helada y mis ojos han aprendido a extractar con cinismo de las letras trocitos de algo, gotitas de posibilidades, nunca comida entera para el corazón frente a las circunstancias.
Dentro de mi se agita un animal grande, un latido sordo de madera en crecimiento que alguna vez me pronosticaron moriría al pasar ciertos abriles, pero sigue imponente, jungla de saberes que me lo dice claramente: esto, no va bien. Estas raíces son de mandrágora y su cuidador es una quimera, ojo te envenenas.
[Animal sabio que se levanta en torbellino cuando le intentan imponer otra ley.]

Comparto como muchos el sueño de un éxito. Pero ahora me pregunto si matarse para conseguirlo según estas reglas vale la pena, cuando me voy a dormir todos los días sabiendo que para muchos ese cielo tiene más ropaje de infierno por el hecho de sentir dentro de sí que nunca lo han de rozar, es rocío de mañana y nada más. ¿Cómo empatas eso, cómo no te aguas de ternura…?

Los monjes antiguos después de un gran entrenamiento bajaban de la montaña a enseñar a hacer la lujuria, sembrar el amor y comer con educación y altivez de niño.
Es mi deseo que puedan bajar muchos de sus montañas de soledad y aislamiento al fútbol, la lujuria que no sabe a nada, las ideas que forman logias, y compartir un poco más de agua y fruta con los que tanto quieren comer, y están en verdad desnutridos sus corazones de tanto pan circense.


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Apasionada.

En el día de hoy, me levanto empapado de sudor.

El sueño me has robado, hasta el sueño me has robado. Miles de veces te pedí el favor: si vas a beber mis palabras, déjame vivir con mis labios. No pretendas que sean mis labios los tuyos propios.
Ahora que ello no pasó,
como un velero rondas suelta por una hondonada de fantasmas y proyectos, entre olores salinos y ácidos de vida y soledad.
¿Cuándo vas a entender, cuándo vas a comprender, que no puedes dar de lo que a duras penas conoces?
¿Cómo he de hacerte entender, bello racimo de colores, que si no te pones de acuerdo con tus sentimientos, solamente eres una niña y nunca una mujer…?

Aunque tal vez ahí radique el problema.


Dibujé con mi dedo un mito y en él pensé que tu cabrías, que tú estarías dispuesta a ver lo que está condensado en el poder del mismo; pero la realidad es que no solamente no tienes con qué desarrollarlo sino que estás perdida entre las noches oscuras donde el aire fresco no puedes sentir y no sé como hacerte llegar a tus oídos mis susurros: observa, despierta, observa…


Y así,
yo camino ahora las calles solas entre tanta gente. La ciudad ahora es más grande y hay muchas cosas que desarrollar, gracias a lo que aprendimos los dos durante estos días pasados a sol, canto, ladrillo, humedad y libro. Las personas ahora me ven brillar con modestia y poco a poco se desempolvan viejos argumentos recogidos en pergaminos dentro de mi cabeza… el círculo del tiempo cierra su cola para estallar en espirales de opciones.
Este, ahora, es mi sino.

Tal vez hoy por hoy busques una llave para desentrañar esta sabiduría tuya. Cuando estés con tu cofre, recuerda que fueron mis manos, las manos de alfarero, las que generaron un pequeño espacio entre los pliegues de nuestros corazones para que descendieran las palomas cuando fuera necesario.

Recuérdalo, así solo oigas tu propia voz y las de la plebe que poco o nada sabe de libertad y éxtasis.


Yo nunca lo he olvidado.


Retrovisión.

Camino hacia el árbol sagrado.

Pétreo. Afilado. Desolado. Infinito. No hay palabras que definan el significado real de ‘camino’.

Camino con el poder del divagar de los amantes perdidos en un silencio que no se pudo romper.

Sigo.

La luz desde lo alto me abre al cosmos de los colores
y sentado sobre sus raíces, tocando los pies de este coloso sagrado pronunciaré todos los nombres de Dios que conozca; entonaré mi canción, mi única canción elaborada durante eones y eones de existencia:

Que aprenda a ver en los grises el color del amor,

que comparta, con los que me han robado el pan, de la copa de mi compasión,

que sepa yo ver el tiempo correr al lado mío y mirar su estela sin un punzón de odio.


Señor portal de todas las variaciones de existencia,

que mi mano empuñe tu espada siempre
para proteger a los que sean débiles y liberarlos de las cadenas
que mi limitada comprensión y potencia puedan disolver;

a la Señora de las mil potencias,
con humildad pido piedad para nuestra ignorancia, somos raza joven que le falta eones por comprender

y te pido, con el grito desgarrado de una madre violada,que ceses el torrente de maldiciones y acosos

y nos brindes un poco de néctar de hadas

o canciones levitantes

para escapar de toda sinuosa celada a nuestro corazón.

Que con fidelidad a tus ejemplos confiaremos en las dulces miradas
de la infancia que nunca nos abandona
el poder de crear una nueva marejada
en la cual poder descansar nuestras almas.

Robustéceme. Límpiate. Sáname… ¡ÁMATE!


Y con devoción solicito en un acorde sagrado ver una generación libre de las maldades del maltrato
para siempre desterrado como moneda común
de nuestro vocabulario.