Sueltas (i)

Me dió un puño en la frente. Uno más en la espalda.
Me atravesó con los ojos y la mirada resuelta y con un beso golpeó el espejo.

Al caer yo al piso ensangrentado entre los vidrios,
ella se enfundó la falda que nunca se atrevió a vestir conmigo,
se puso el labial y el caminar que nunca deseó mostrarme,
arrancó de nuestro paisaje su hermoso retrato
y el azotón de la puerta dijo hola y adiós…

mi sombra lamió con un claqueteo las chispas de sus ojos mientras se alejaba para siempre en el ahora…
[dulce sombra de amareto que envalentona a los cándidos amantes]

¿y todavía es tan descarada ella de preguntarme por qué por corazón tengo un signo de interrogación?

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