Sondeos.

1980’s.

Se sienta al rincón de un salón embalsamado por la pátina del sudor abandonado al derroche pueril de ser de clase media. Hay juegos afuera, hay invitaciones y curiosidad por el mendrugo sedimentario materializado leyendo ahí, día tras día, en la única jornada de aburrimiento compartida durante ocho horas entre astronautas pequeños.

1990’s.

Desde una mesa carcomida, rodeado de paredes porosas a medio hacer, palpita en sus sienes el lector galopante y el inquisidor, deseando encontrar algún día ese sueño ya no en obra negra sino completo. Aún con disertaciones o divagaciones, completo.

Final 1990’s.

La inocencia se destruye y se entierra en losa fría.
La ingenuidad permanece.
Los rostros de las malas compañías emergen de la niebla de lo normal, lo común, lo corriente.

Ah.
Y las señoritas, los prefieren brutos.

2000’s, parte I.

Dientes quebrados.
Malas proyecciones.
La maldad sale al fin a la luz y se ve en todo su esplendor el señor oscuro que se yergue desde el pasado y con su manto avasalla todo potencial de futuro.
Y los oídos se cierran para masturbarse en fantasías materialistas de final de milenio.

2000’s, parte II.

El sueño se ha roto. La realidad, también.

Ha perdido su piel de humano cada día que pasa y las estrellas le hablan ahora en la misma cadencia y sintonía.

Entonces, pequeño, que sigue igual a como era en los ochentas, es usted la ÚLTIMA pieza que le falta a mi rompecabezas.

No le destruyeron las maldiciones. Las condiciones. Las represiones. Las militarizaciones. Los desplazamientos forzados o voluntarios y la red de requisitos para ser amado o deseado entre los que nacieron en el mismo año que vos, en la misma loca cosecha convulsionada.

Y ahora yo, pequeño transeúnte en su viaje al mar, le pido que me oigo, ahora es cuando le necesito para bruñir mis rocas y brillar más que Venus,
si usted quiere,
si usted me lo permite.

¿No me cree? Ahora, dejando de lado toda sonoridad, o aparente sobriedad: te suplico que emerjas para destruir las rocas del camino con tu ímpetu, y dame para siempre el poder brillante que has guardado solo para las hadas elegidas y has temido que te roben los mortales…

estira tu brazo y traza esa onda brillante en el lago. Yo acá, te espero.

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One comment

  1. alejandra179 · agosto 22, 2009

    hermosa crónica de vida… 😀

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