Transitoriedad.

Hoy me acuesto,
con ojeras,
cansado, con la mente
en blanco desde la información de los invasores antiguos con escamas que “siguen en el poder”,
hasta con la música y los colores perdidos de la esperanza monetaria desvanecida… pasando por las apariencias de cambio que siempre engendran las políticas y las reflexiones de las paredes blancas que me besan las horas que paso entre ellas.

Una sola verdad envuelve como papel de colgadura los edificios por donde transitaré en unas horas:
las almas en pena
miran con envidia a los que llevan ropa limpia, ojos dispuestos, un estómago lleno y el paso decidido hacia alguna actividad que no sea errabunda,

y leo siempre lo mismo en el aire que despiden sus huesos:

“¿por qué
yo
no?”.

[En homenaje a todos los desplazados, mendigos, pobres y ambulantes ‘residentes’ del barrio Chapinero, Bogotá. Gracias por su constante enseñanza de humildad.]

Mármol.

Y una lágrima se volvió vapor de neón en su caída toroidal en el abrazo de tu recuerdo,
mientras los años de mayor delicadeza sucumbieron a tu sombra y a mi sombra.
Sin ser perfectos los dos nos buscamos como oxígeno, como átomo faltante entre una pieza de rompecabeza entre esquina y esquina.

Mañana, cuando siga sentando frente a mi destino luminoso sin derroteros y un lápiz en la punta de mis labios,
comprenderé de nuevo que el transitar del afecto deja estelas inenarrables en el espacio de una persona.

Que aún entre las sombras de las memorias procesadas y aunque perdoné tu odio y tu falacia y tu falsa bondad, transformada en arcano de Tarot y ortiga…

el entrañable beso no lo olvido.

Y con una sonrisa levanto mi copa de vino.

Clave de fuga

Mendigo, ¿a dónde irás?

Tus noches se han ajusticiado. Tus días se han vuelto más cálidos. El hueco del hambre en tu pecho ha llevado a anidar pájaros variopintos. Los navajazos, sin embargo, no han parado. Así que dime a donde irás mi amigo.
Mendigo, ¿dónde dormirás?

Tus abrazos ya no son secos. El cuerpo, armado de un valor de color celeste a la potencia infinita, se ha vuelto macizo, sólido, como si fuera un roble que puede morir de pie. Y la muerte tantas veces has visitado que ya no comprendes cómo más vivir si la puedes ver cuando le quita la vida a la flor en el parque y a la abeja que reposa laboriosa para siempre.

Mendigo, ¿cómo aprenderás?

Igualmente te digo mi amigo cómo es que puedes escoger cuidadosamente tus cuitas.
Escógelas con sabiduría.
Ya ambos sabemos que eres adicto al sabor de la adrenalina, que no puedes vivir sin ella. Y que ella ha formateado toda acción en tu vida…
¿qué vendrá?

Mendigo, ¿me recordarás?

Estás dispuesto a bajar las cortinas, pagar tus deudas, sanar tus cuitas.

Pero también a bajar al infierno. Y todo hombre que ha caminado por el abismo y en él sabe que nada se vuelve igual una vez la luz eléctrica reemplazza el poder de la luz solar sobre la cabeza de los hombres…

Mendigo nato, joven mendigo, alma de viejo, ¿qué te esperará en el último tramo de tu vida?

Relicario. (Para M. M. H.)

En el corazón de todo hombre late un explorador, alguien que desea conquistar un trocito del mundo para sí y decirle a los que sean como él en carne o hueso ‘yo pude llegar hasta acá, te cedo el espacio para que llegues hasta el más allá de lo que tienes acá frente a tus ojos’.

En el corazón de todo hombre late la necesidad de misterio y fantasmagoria, unido con aventuras y el volar. ¿Quién puede atar al viento, anudar el corazón, comprimir su potencial, excepto la inexorable fuerza del murmullo vital?

Hubo una vez un amor que era puro y sagrado…
mas esa frase todavía es demasiado joven para lo que hay que mostrar.

Continúo.

En el corazón de todo niño late una pupa, cosita de nada que promete el ser algún día un maravilloso y eficiente insecto, cuyo colorido, forma, desplazamiento y elaboración serán la admiración a su manera particular para el mundo que le rodea.
¿Qué ocurre cuando llega el día de salir de la crisálida, y el niño encuentra que carece de todo poder para volverse el insecto maduro?
¿Qué ocurre con los dados de Dios en la mano del que es romo, sin afilar o rasgar, cuando sus alas no salen naturalmente hacia afuera, bombeando savia para desplegarse y volar? ¿Aún en claro riesgo de daño?

El animal entonces se transmuta en híbrido dimensional, en átomos en semimutación y proyecciones de cinema sobre la pared más inmediata: lo que se dice está lejos, muy lejos, de lo que realmente se es.
Partes de la coraza se adhieren al corazón y a menos de que se pueda comprometer la vida en limpiarse de ello, estas se enraizan alrededor del miocardio y no puede nunca más respirar completo el joven animal, siempre es algo incompleto su caminar…

Yo leí una vez de un hombre que para ayudar a nacer a una mariposa, destruyó la crisálida. Pero la joya escamada nunca pudo ser, dado que sus alas no se esforzaron para ser plenas; y quiero decirte que sí, lo sé, hoy mis palabras son algo acres. Es que hoy escribo con el corazón kafkiano, en los últimos estertores de una vida de arrastre y carga que ya no fue, con la conciencia de haber creado  dentro de mí miles, millones de huecos y galerías y de haber engendrado nunca oportunidades sino crías de dramas.
Tuve opciones para ser otra vez y otra voz, pero me venció y avasalló el miedo al cambio, a la luz, al arcoiris de la simpleza bella diferente.
Y una vez levantados los nubarrones de lo preescrito, queda solamente el silencio y la hendidura con forma de huella en la superficie del pulmón… la huella natural del que vive como espectador sin asir libertad.

Ahora lo sé.

Hubo una vez un amor puro y sagrado, un amor que me pedía solamente a cambio abrir los ojos y valorar las oportunidades que me acercaba. En lugar de ello, le dí la espalda y lo maldecí, lo culpé de todos mis daños y me encerré en mí, cavando dentro de mi ser moliendo huesos y carne hasta ser un cascarón de alegría, esperando la muerte lo más pronto posible.

Pero ahora que la cazadora alegre, la hermosa liberadora definitiva, me ha rechazado,
debo asumir este rastrojo de vida.

¿Tienes, caro lector, algunas moneditas de vida y verdad para un ser como yo en tu pantalón?

Porque ahora ese amor se ha cariado, se ha dañado, tal vez para siempre.
Y necesito hacer una colecta para que se sature de osos de felpa y flores, rápido, antes de que se desmorone y se vuelva un ente como yo,
rodeado de la soledad que ahoga del que no comprendió a tiempo.

¿Los mandones supremos?… ¡na-ah-ah!

Muchos de nosotros los que nacimos en la década de los ochenta somos familiares con una frase en las banderas, íconos y logos norteamericanos (o gringos, como le llamamos en Colombia); Righteous Rulers, los ‘Gobernantes Supremos’, o con una traducción más literal, los ‘Correctamente elegidos para Gobernantes’.
Toda la cultura que se nos ha inyectado y educado desde hace muchos años involucra un endiosamiento de la cultura norteamericana y de su capacidad adquisitiva e industrial en la cual vemos representado en el rostro del hombre blanco que habla inglés como lengua nativa el modelo a seguir, emular, o al menos, imitar (aunque los esfuerzos son bastante patéticos, si alguien me preguntara…).

Entonces, ¿está mal usar elementos propios del lenguaje y costumbres de otro país?

Yo creo que no. No lo creo, mientras se aprenda que es solamente eso: lenguaje de otro país. Que sí, se puede entender, asimilar, congregar en la mente las diferentes ideas y comprender un poco la forma de actuar y plantear las cosas de un extranjero, mas hay que desarrollar un propio músculo de pensamiento que sobrepase lo meramente nacional.

Y esto lo planteo, porque, mucho más cerca de lo que creemos, los latinoamericanos nos vamos a dar cuenta en masa de que la falacia de perfección e imitación realmente no merece la pena como la hemos imaginado para nuestra supervivencia mental, porque no es un pueblo blindado y puro elegido técnicamente para mantenerse impoluto culturalmente y que tiene que aceptar que está en una aldea global.
Para la prueba, mira esto.
Si analizan y buscan las palabras ‘foreclosure’ e ‘tasa de inmigrantes actual + USA’ en Google, van a encontrar algo que tal vez les modifique permanentemente la visión sobre el mundo como lo venden por televisión.

La pureza de raza se está terminando de forma definitiva, así como la hiperriqueza en un 1%. Aunque no se crea. Aunque se crea que son [todavía] las personas y no las corporaciones las que generan las guerras para tener sus bolsillos llenos de dinero. Aunque todavía se satanice por que un diario lo indica a una nación. Aunque, todavía, crean algunos que es viable sostener ahora un Imperio.

Sentido del arte

Waiting on the World to Change – John Mayers

A veces me asombra profundamente la diferencia.

Una parte del pasar de los años, de no morir, de que ‘no te toque la cazadora’ [Castaneda], es que empieza un ente a ergirse y a crecer. Ese ente se llama memoria. Y existe también el ejercicio del músculo de la comparación.

Hoy pienso que he llegado al futuro planteado en mi educación y la de mis padres y definitivamente no es lo que me prometieron. Brillantez, limpieza, bienestar y prosperidad para todos: nada de eso ha variado para bien exponencial en Bogotá, en Colombia, en nuestra cultura.

Me entrenaron para ser un yuppie más, me entrenaron para un mundo de colores ácidos y poder convertidos en dinero, lujos y pertenecer a círculos de aquellos que hacen imperios. [1] [2]
Y me pregunto cuántos más estarán en el mismo plan que yo, preguntándose ¿cuánto más? se necesita o se necesitará para darse cuenta de este *mundo de la miseria* que era el sutrato del *mundo de lo sofisticado*. Me da miedo tanta indigencia y tanta pobreza, no porque se pegue ello (como alguna vez equivocadamente sostenía), sino por la ira y el dolor tan latente -son como bobinas andantes que canalizan todo el odio de la ciudad o sitio donde habiten los que en pobreza e indigencia viven-. Me da terror a veces dejar de recordar la década de los ochenta porque cuando lo hago siento el sabor a plástico y hormona de esta época… toda la violencia de los ochenta se convirtió en la misma de los ’01, ’02, ’03, etc. y el mundo tiene una vibración de thrash industrial hiperacelerado y hambriento que no mira más allá del dinero y lo que pueda comer. Y es desgastante a veces el frenar ese PNL de consumidor voraz imperial y guerrerista -con derechos a despilfarrar y nunca equilibrar, es un PNL de otro tipo de licencia para matar-; es una batalla para aprender a no ser un robot sino un corazón con glándulas y músculos con inteligencia propia.
¿Cómo pedirle a alguien más que tenga sentido al estudiar en la universidad si ya no tiene sentido el trabajar para asegurarse un tiempo futuro, si hay tanta maldad sosteniendo la red artificial de beneficios del día a día?

Y creo que por eso amo a todos los artistas jóvenes que se pelan los dedos trabajando y que me enseñan a cantar bien o al menos al querer cantar para cambiar el mundo.
Porque sí. Porque al mundo hay que cambiarlo. El planeta está bien, divinamente está la biología: el corazón humano bajo diez mil capas de excrementos (en sus variantes “Responsabilidades”, “Posiciones sociales”, “Instituciones”, “Sistemas”) es el que hay que cambiar.
El Arte tiene el poder de cambiar el mundo. ¿Cómo así? Si en la academia, en el colegio, en la sociedad y al hablar con otros sobre la religión y la música me dijeron mil y mil veces más que la vida no debe desperdiciarse en esas pavadas, que no valen la pena, que hay cosas más importantes. Acá estoy para decirles que el Arte tiene el poder de cambiar el mundo; pero hay un tiquete que pagar -la grandeza no viene así de fácil- y es servirse en un vasito de vulnerabilidad y beberlo mientras somos testigos de la percepción de otro ser humano, vulnerable también.
Hoy por hoy es doloroso el darse cuenta que no había tal prosperidad infinita sin un contacto con la Madre Tierra y que la artificial, la fácil, la cómoda, la deslumbrante, la ruidosa, ha desrtruido y llenado de dolor y sangre todo fruto de la Naturaleza. ¿Cuántas personas están locas o volviéndose dementes (literalmente) por tumbar esta sombra en su cabeza o por empezar a verla? ¿Cuántas intentarán morir? ¿Cuántas se asustarán frente a la prueba más grande de vacuidad del mismo sistema interno?
Y ese coraje que se siente hay que convertirlo en luz, en poder, en amor para dejar ir la publicidad de lo que sería nuestra vida en algún futuro, para apreciar la que construimos ahora mismo, mejor.

¿Creen que no tiene aplicación?

Ya les traeré las muestras.

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P.D.1:   Sobre instituciones y la hipérbole de la paranoia.
P.D.2:  Sobre el cómo usar la rabia creativamente y proyectar claramente a través del arte, los cambios que el mundo necesita.