Para tu ausencia.

Me llenaste los cuatro puntos cardinales del corazón
con la curiosidad tierna de la adolescencia por el caminar, el conocer cigarras, el beber fuentes y anudar dentro de las maderas los estallidos de amor de los que una mano invisible y con pólipos de envidia condena día a día a andar sin manto.
Brindaste con tu voz, tu juventud, tu alegría, espacio abierto. Cuando te oían, muchos te oían como una voz lastimera: falso, lo que se despertaba dentro de ellos siempre era el miedo, el miedo al cambio, a explorar de nuevo y por nuevo explorar, a canalizar en la voz algo muy cierto y es que la garganta se hizo para tejer en el viento nuevas realidades y prosperidades a todos.
Todas las miles de manos fuertes que te acompañaron hoy viven un momento triste, desolado, no porque ya no estés acá con nosotros, sino porque los más jóvenes habían olvidado y habían y han sido entrenados para olvidar tu abrazo sempiterno tejido a la sombra de un mate, una coca, una quinina, con caminos y letras fuera de la maraña eterna del reloj que reemplaza a la cigarra,
con el corazón abierto y despierto, como una guerrilla de amor. Habían olvidado eso y desde hace ya 20 años, ¡20 años!, se sentían solos negrita… como si Dios solamente oyera oraciones en inglés, o envueltas en piel blanca.

Mis gracias son humildes. Solo son gracias desde mis 27 dientes en par y mis eternos suspiros. Ya entiendo por qué te decían negra, por qué te repudiaban, por qué la empatía fue automática desde que te oí. Juro velar por tu memoria y pasarla a otros, para que no olviden y recuerden que pueden serlo, deben serlo, están a punto de hacerlo: ser creativos, pero más que como un ventarrón de romper, como una mano que teje de un corazón a otro.

Si hubiera visto tu amor en vida, como una vez pude hacerlo, creo que hubiera sido aún más triste esto. Ya de por sí mi corazón palpita entre marejadas para abrazarte por siempre. Pero ¿eso lo sabías, no? El amor se mantiene por siempre en un bolsillito del alma.

Gracias, Madre, porque no olvidaré nunca tu enseñanza y ahora la recapitularé para ver como juntar todas las manos, cantar al sol, estudiar adecuadamente, construir contigo una latinoamérica unida y libre de su propio criollismo.

Adiós.

((Esta es la versión original, del artista César Isella. Aparentemente, ni siquiera dejaron a la Sosa cantar completo este himno, y deseo que ustedes aprecien el para qué.))

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One comment

  1. aguaynotas · octubre 4, 2009

    “Ciñe el Ecuador
    de luz Colombia al valle cafetal.
    Cuba de alto son
    nombra en el viento a Méjico ancestral.
    Continente azul
    que en Nicaragua busca su raíz
    para que luche el hombre
    de país en país
    por la paz.”

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