Encantos de estudiar arte. (i)

Saber que no importa que tan genial llegue a ser tu trabajo, cuando todo termine, así seas soltero o no, toooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooodo ese desorden creado sobre tu mesa debe volver a su dueño: vos.

No hay escape.

Por otro lado, si eres soltero, te enfrentas al maravilloso dilema. ¿Debo salir a comprar huevos, o dedicar ese tiempo a dormir para terminar el trabajo?
¿Hoy quiero y necesito hacer el dibujo, la pintura, el ensayo?

Cuando llega el momento decisivo, ya no estás solo. Estás como en el taller de Rodin, rodeado de musas desnudas y sátiros danzantes desnudos caminando, en el sofá, jugando cartas, estimulándose y gimiendo, reclamándote que se haya acabado el pan y la mantequilla, con risa brillante mientras se prueban tus prendas castas -y las non castas, también-.

Y mientras más conoces de los pintores más te desarticulas y te preguntas si tiene sentido una pose de pobre rico burgués culturable amable erotizable.
O lo mismo, pero al revés e invertido.

 

[Estos pensamientos fueron plasmados mediante:]

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