Unas Letras Abiertas.

Querido(s) Asustados  y Paranoicos:
Hola.
Mi nombre no importa. Soy algo común; estudio artes y quiero terminar mi carrera de forma pacífica y sin peleas en Colombia.
Este mensaje es para que lo roten si lo consideran necesario.

Colombia tiena una bendición muy grande: su geografía le permite ser casi 9 países en un solo país.
Colombia tiene una tarea pendiente: la comunicación entre las diferentes personas que la habitan, las prácticas sociales (como ven la familia, lo que piensan de derechos humanos y deberes civiles, etc), la alfabetización y la integración a la población de otros países sin ser xenófobos (esto es, miedo al extranjero), la inclusión del discapacitado.

Los artistas trabajan para comunicar.
¿Comunicar qué?
Eso es harina de otro costal.
Lo básico es comunicar.
Los que estudiamos arte poco a poco vamos aprendiendo que dependiendo de lo amplio de nuestra percepción y de lo fértil de nuestras ideas en relación con cosas del acá y el ahora podemos desarrollar no solamente pinturas, sino objetos, actividades, canciones, escritos, documentales, ropas y textos que aborden la relación del ser humano con el ser humano: sus relaciones culturales. Algo que afecta el pasado, el presente, el posible futuro.
Por eso es que es importante apoyar al estudiante de arte y a sus propuestas. Porque así se sale del aislamiento que producen el trabajo del día a día, cumplir con las tareas, el conseguir la comida, cuidar a los hijos o a la personita en espera dentro de la mamá, visitar a los abuelos, etc. Estas tareas sin ser malas nos ensimisman por desgaste y no levantamos cabeza para mirar cómo y qué nos habla el otro. Cuando eso pasa, lo más natural es burlarnos sin motivo, invalidando. Pero quedarnos solo en la burla no nos permite darnos cuenta que nos estamos invalidando al rechazar la experiencia del otro. Y eso, lo Otro, lo que no soy yo, es lo que comunica el arte: puede que nos agrade, nos interese, nos asuste o nos fascine. La gama es amplia afortunadamente y no hay repeticiones.

Esta reflexión podemos verla aplicada en lo que dan en las escuelas/colegios de Colombia, pues estos siguen viviendo en el siglo XVI en la cual ‘ el hombre produce más que la mujer y la mujer -el primer Otro que conocemos los hombres- sirve para costura, comunicación y esas cosas sin valor‘ [S. Beauvior, El Segundo Sexo]; esa reflexión como les decía es en este momento muy relevante, sobre todo por tanta confusión y desinformación sobre lo que la cultura puede ser y el cómo nos afecta.


Hay algo llamado Tejido Cultural, que depende de la combinación de lo que hacemos con el valor, el costo y la importancia que le damos a nuestras actividades y las que nos rodean -y ojo que no es lo mismo valor que costo, muchas cosas valen mucho y no cuestan nada, muchas cuestan mucho y no valen nada-.
Nuestro tejido cultural lleva muchos años reparándose de a poquitos y ahora es cuando más debemos abrazarlo, debemos usar esa masa crítica compartiéndola con los que nos rodeen para desinfectarnos de apatías. ¿Pero qué es ese tejido? Algunas pistas.
Nuestro tejido cultural no es una campaña publicitaria pasionaria. Nuestro tejido cultural no es decir que todo lo que haga una minoría étnica o racial está bien, solo porque es minoría. Nuestro tejido cultural no es agarrarnos de lo que hicieron nuestros abuelos y taparnos los oídos, sin observar que siempre hay reciclaje y nacen cosas nuevas y de buena calidad en cada época.

El tejido cultural se desarrolla mientras más personas ayudan a esclarecer lo que vale y lo que no en lo que hacemos y pensamos, para poder decantarlo: no es algo al milímetro ni es algo que pueda ser uniforme: el tejido cultural es la práctica con el sentimiento y el pensamiento que nos construye identidades. Un ejemplo de como se potencia el tejido es la gente que ha alfabetizado, la gente que se ha ido al campo o a las faldas de la ciudad -que dan al monte o al valle, va igual- y que han ido a ofrecer su dibujo y su lectura y han vuelto con el corazón y mente tres tallas más grandes. El tejido cultural se repara cuando una administradora enamora a un artista o un ingeniero comparte con un campesino de corazón o cuando un profesor de un programa técnico vela por sostener el nivel más amplio de sus estudiantes y se queda roto cuando dejamos caer nuestras relaciones al nivel del consumismo barato (lo que diga la tele, las prostis, la comida chatarra criolla) y las frases que lo defienden (‘deje así’, ‘yo también era rebelde’, ‘algo habrá hecho’, ‘ella propone, yo dispongo’).
L@s Colombian@s -si imaginamos que fuera una mente colectiva común- tenemos esa tarea pendiente: integrarnos con el que fabrica artes. ¿Por qué? Porque se pueden apreciar los problemas como si en un tunel entraren y salieran diferentes tipos de cargas transformadas al pasar por el al hacer esto.
Sí, es más cómodo ver televisión, lo sé. Sí, hay una costumbre a la que no le interesa nada de leer, oír, saborear, ver, tocar… pero entonces, me pregunto por qué vivirán algunas personas todo el tiempo mirando con el rabillo del ojo, con morbo y curiosidad, lo que hacen los artistas.
¿Ven la debilidad de ello y la contradicción incómoda…?

El internet es solo un medio de adquirir información que puede ser veraz, o no. En el fondo el debate con Nicolás Castro y Facebook es hasta dónde queremos oír una versión diferente de la que sostienen a punta de balas, gritos y violaciones sobre la palabra “orden”. Yo no veo orden, veo caos. Los veo preocupados a todos los bandos por cualquier semilla que brote. Y sí, en un país con una tradición de amenazas y la palabra crisis y violencia en matrimonio, las palabras planteadas se ‘aconsejarían’ que fueran menos violentas. Pero si ese mismo país actúa con un desprecio e ignorancia supina, lechonera, de arrabal, frente al desarrollo de las artes liberales o aplicadas, ¿qué puede fermentar excepto rabia?
Los jóvenes que estudiamos estas carreras estamos cansados de tanto peso que cargamos: pocos o nulos descuentos para materiales de trabajo (sean libros, plásticos, pinceles, pinturas), tarifas ridículas de venta de nuestros productos, precios exorbitantes para las capacitaciones y estudios, un mercado laboral determinista de roscas y envidias, hacer maromas para acceder a la información, museos que parecen zombies, padres de familia y familiares autistas culturalmente hablando, machismo rampante y simplón en las academias (solo miren la cantidad de artistas mujeres egresadas y hagan sus propias cuentas); políticos decidiendo qué debe hacer una generación por lo que la moza vió en Mayami que era ‘lindo, papi’  (y ojalá estuviera de broma).
Y como ese país está comunicando, sea consciente o no, que tiene rabia en todos sus estamentos, y el (A)arte comunica lo que las personas perciben de los procesos que le están pasando en el día a día y como imaginan pasado y futuro igualmente, no es raro que haya pasado esto. Si consulta las páginas de Al-Qaeda o de otro grupo así, ¿no existe la posibilidad muy real que se deba a su carrera? ¿Está obligada la juventud solamente a ser lo que los prostáticos creen que es? ¿Por qué negarnos la realidad de que las cosas están mal, buscando un padre/madre autoritario, en lugar de labrar cada uno desde su esfera pero viendo a sus similares un destino más amplio de saber, pensar, comunicar, vivir? Para eso necesitamos el apoyo del que no están militarizándose, para que fluya el agua y sigamos adelante. Para ello necesitamos dejar voluntariamente la posición armada mental (‘uy es otra guerra’) y tener los cojones de acercarse y construir, sin ser corderito ni lobo, humilde pero fuerte.

Puede que en un futuro no muy lejano, apoyados en mayorías de votos de ciegos y ciertamente ignorantes católicos -favor revisar la Procuraduría y los parapolíticos reemplazados por ‘pastores’-, podemos perder el amplio espectro de comunicación y quedar condenados a un país chiquitico con miedo a crecer, mientras sigue demográficamente el planeta girando hacia Suramérica y este dice ‘acá no pasó nada’.
Y un país sin derecho a levantarse en almas para unirse en lo mejor de cada zona está condenado no solo a un crecimiento económico mediocre perpetuo, sino a la guerra perpetua al ritmo que otros le impongan. Y así pronto hasta la comida, el trago o el sexo solo saben a sangre.

Podemos elegir. Podemos elegir salir de nuestra esfera de comodidad y buscar otras opciones.

Ampliar la cultura tiene muchas puertas. Y hay solo un golpecito de distancia entre eso y una buena y amplia relajación mental.
Creo que eso es lo da inicio a la paz sin pupitrazos.

Gracias.

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