Luna en Tauro

Es como una rueda. Una rueda metálica, que inicia ígnea y de láser siempre, que termina pesada y dentada al final.

Se abren las puertas. Digo, esta vez sí. Esta vez, se oirá. Esta vez, se comprenderá.
Elaboro con las manos. Elaboro con la cabeza. Elaboro y elaboro y entrego. Tal vez no se vea mucho, tal vez no sea la cantidad que quieran o simplemente, tal vez sea demasiado entregar; pero no es suficiente, nunca es suficiente. Mi historia es demasiado larga, mis cuentos demasiado inútiles, no estoy conectado con los demás.
Extranjero y con semillas por dar, mi corazón está algo arreglado, porque se aburre de tanto esperar. Y me está entrando la sospecha que de tanto enviar palomas, un día se me volverá gárgola si no lo controlo ahora, y devorará las pocas alondras que a armar nido de amor y cisnes se lleguen a acercar.

La rueda empieza ígnea.

La mañana arranca llena de promesas y termina perdida. Perdida en la inmensidad de una promesa, una sola: algún día, sin tener que presionar, encontraré alguien que valore lo que le puedo ofrecer de amor, de abrazo, de intensidad. Algún día, podré amar a alguien que me ame en su totalidad me abrase en su totalidad me comprehenda en las fibras que tengo.
Algún día encontraré mi raza y me dejaré de sentir solo, con un corazón soplado por, como lo decía cruelmente -sí, con crueldad de esas que engendra la verdad- ilusiones ahorradas en mi alcancía personal. Algún día encontraré la mano que besará mi corazón de arcilla y le hará estallar las miles de amapolas, tulipanes, rosasmarías y romeros y lilandras y volveré y seré millones, seré relampagueantes chasquidos de amor entre las venas del cielo, volando, flotando…

No sé si ese beso solo me lo dé la muerte antes de irme a dormir, pero, si es así, me pregunto si la Muerte se aparea con humanos o humanas para parir hijas, porque las estoy buscando para poder dar ese abrazo puro. Es mi estúpido devocionario, es ese relicario de brillantes que guardo entre lágrima y lágrima, que solo dos o tres han amado en realidad y aunque digan que lo pienso demasiado, no tienen y jamás tendrán idea de lo terrible que es dejarse a la deriva para que… para qué. Así o más claro.

La inmutabilidad de mi corazón me da para poder abrirme al universo. Me cansé de vender, me cansé de tener que vender para que me amen. ¿Qué es esto, a quién le debo excusas? ¿A quién le debo rebajar amores de agua? Solo yo me agoto mientras a los y las demás, claramente no les importa en lo mínimo. Van a su tono, van a su ritmo. Yo voy solo con el pecho en ángulo de 45 subiendo y bajando como marejada mientras los castillos se derrumban. Creo que atrás quedan los sueños de protección y un lugar feliz mientras siento como se abalanza sin piedad la indiferencia como un jaguar famélico.

Perteneceré a otro tiempo, pero al menos, me viviré un tiempo decente.

Al menos condensaré la mayor cantidad de mudas en un solo hombre y aprenderé a ser flexible entre las jornadas laborales que unos pocos llaman vida.
Al menos esa condensación será agua de rocío para alimentar con fuerza un bello mañana, con o sin cuerpo que come, folla o llora de por medio.

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