Último día de la yunta (parte I)

En la realidad real, la que ha conformado al mundo, estamos en el mundo al revés.
Las letras no fueron inventadas por los vencedores. Aunque lo que ahora hablo está hecho dentro del pensamiento y la expresión de alguna persona europea, la historia real, la que no se cuenta sino recuenta todos los días en la calle con el sudor, el beso y el abrazo y también la mierda y la lágrima dice otra cosa, que el planeta ha sido y será formado por personas de grueso calibre. Que China volverá, generaciones después, a exterminar a Inglaterra; India desbancará a la misma Inglaterra y a Estados Unidos como potencia intelectual; América del Sur levantará de nuevo en sus brazos el derecho al lenguaje y destapará la olla de mentiras que han implantado los racistas que la habitamos viniendo la integración limpia; África devolverá el favor del esclavismo excedente a la América entera y se cerrará el círculo.

Estamos en el momento en el cual la espada de Damocles ya no pende de un hilo, sino que cae desde la araña de cristal de los castillos imaginarios europeos hacia nuestra realidad de barro y efluvios.
Por eso recomiendo seriamente: lean. Lean. Lean sobre la periferia del mundo para reinventarse y saber que lo que les han vendido es barato y a precio económico y hay muchas, muchas más cosas que encontrar. Dentro de sí, dentro de sus influencias. Que no es un mero ejercicio intelectual, sino que el poner en duda las mismas bases hacen revolucionario el mismo vivir, desde el sentido en que alguien no se está quedando con ese recurso de forma egoista sino fluyendo entre todos.

Así como destruyeron la forja de mis abuelos negros, la medicina y letras de mis abuelas chinas, los perfumes y profetizados poemas de mis abuelos árabes, la memoria y cuestionamiento de mis tías y abuelas mestizas, así es como están a punto de surgir bajo tierra, 60 o 120 o 240 o 300 o 360 o 480 años después el verdadero rostro sembrado y picado como descuartice constante en la tierra de la sangre. La sangre llama, la sangre da poder, por eso la sangre dulce es lo único que nos va a quedar, siempre. ¿Cuánto odio cargas que no es tuyo en tus hombros?…

Aquellos que despreciaron el poder de la memoria, están a punto de perecer.

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