Inamovibles.

Alzados en alma
reclamamos de tí la originalidad con la que pariste los cielos de añil
de una juventud inicialmente desperdigada entre el ser migrante
navegante
miedoso
o, peor aún, turista extranjero.

Con solo el pasaporte del quizá en la mano, te aventuraste a sitios y zonas del alma en las cuales el creer siempre queda no solo en vano
sino a cubierta.


Y así, se cierra un ciclo de montañismo y se abre otro, en el cual las personas
que queden a lado y lado del estero
serán las mismas que abracen tu pensamiento, como en un colectivo correr hacia Compostela por el camino de Santiago.


Sé, indubitablemente y salvajemente, feliz.

Que el buen salvaje de Rosseau, como Dios, está en ese trozo de espejo que en el corazón
llevas siempre amorosamente
adentro.

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