I. Viento.

Después del caminar, el arar y el transitar

descubrimos caminos, que llenos de polvo,

aún nos pertenecían.

No hay dioses ocultos al fianl del camino de ladrillo amarillo,

pero,

y en esto soy irreductible

solo hay mañana eternas sobre las cuales pueden despertarse por igual bestias, sueños y dioses.

¿Me darás de beber amor antes de que caiga la mañana
o deberé caminar con un nudo en la garganta por no saber todavía como decir

adiós

y

gracias?

El canto se abre como un puñal sobre mi pecho. Quiero caminar y levantarme profundamente, olvidando la experiencia de aquel que ha escrito. Necesito un beso de hielo para calmar el fuego que late dentro de mi corazón. Necesito un beso eterno que me apacigue el ansia de transmutar químicos en líricas. Necesito olvidar y renacer una vez más.

Pero la muerte siempre está en el medio, cabalgando con sus alas sobre territorio abierto.

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