Denuncia sanitaria

Los médicos nunca van a decirte lo que sienten.
Tal vez el espacio más opresivo después de un hospital sea una cárcel… ambos tienen tanto en común.
Todo blanqueado a la fuerza. Todo controlado para que no haya un asomo de humanidad. Todo conciente
de la plutocracia de algo que no puede ser encadenado -como la sonrisa de las células que nacen del ánimo y de la mente también-.
Tanta exigencia y superioridad para quedar en las mínimas posibilidades de ser existencia.

Y ahora…
furia. Ira. Desahogo. Pérdida irremediable de vida. Vida atrapada entre aleteos filosos de vientos perdidos. Comnunicación rota, no hay cable a a tierra, me reproduzco y produzco asumiendo que tengo un control que al primer movimiento voy a perder.

Y el miedo, además.

Él es el único que se pasea impunemente por las batas. Corre las mesas, ayuda a las aseadoras, manosea a las enfermeras, congela los músculos faciales y su eje -el músculo bailarín del corazón- y destruye lirismos y abrazos. Levanta cuidadosamente los almohadones y los reacomoda diezmil y una vez para que la persona se sienta segura en la cama. Para que olvide que el olor de miles de cuerpos ha cristalizado en el aire la pregunta única de qué tan frágil es la vida en lugar de corta, qué tan poderosa realmente es nuestra mano hueca de hombre.

Alkora 2

Si algún día me corresponde, tendré una hija o un hijo.

Y con amor aprenderé herrería y les enseñaré y dependiendo de ellos seré superado o lo dejarán por otra cosa.

Mas quiero que aprendan nunca a sentirse romos, quebrados, pajizos o inútiles.

Esas estúpidas palabras te deforman impunemente
el alma
y acallan
cualquier labrado que cree el destino en tí.

Implorama

Si alguien me preguntara por el animal más sutil, el de pisada más extravagante, creo que es el animal que habita el tacto.


Cuando se ha roto toda cadena y toda cadena es mentira, cuando no queda nada más dentro del alma que el resentimiento y el odio por los que nos engañaron, me pregunto seriamente a donde he de ir a parar con mis huesos y sortilegios.
Me pregunto si solamente puedo hallar paz entre tanta catacumba y tanto litio con rostro de amor o palabra justa….
cuando no es así.


Me pregunto cuando va a llegar el día en el cual, junto con estas dos hermosas alas blancas zafiro, venga una mano limpia y esmerilada, en la cual cuando sea necesario, pueda convertirme en pupa de dragón y enrollarme. Cálido, sencillo, contenido. Sin temor a lo reverenciado o lo negado… sin miedo a nada más que un portentoso porvenir sin escribir, el sabor inmenso de la página en blanco y mis dedos volando en pintura y semen y dactilares y alegría salina dandole tonos carmesís a lo soñado…


…¿cuándo, Creador, Creadora, le darás a esta vieja alma una compañía equivibrodistante para viajar a su hogar?

Alkora

Tal vez lo que quiero decir es que te quiero.

Tal vez quiero decir que me da terror, me da miedo, me he escondido entre las lajas de mi tiempo y sánduches de trabajos y estudios para no sentir nada.

La verdad es que tengo la corazonada, clara como el cristal incesante, que te me vas. Te desvaneces y mi cuerpo llora porque ello es cierto.
Mi corazón se deshoja entre miles de obsidianas y mi garganta se prepara sicológicamente para cantar de nuevo una vez más: ‘lo siento, no puedo venir, es hora de un memorial y una suerte más’.

Tendré que ponerme mi mejor gala, empinar mi sonrisa en rictus perdido, abrazar las manos y continuar el día a día sin nada más que la duda. Veré… ahora con esto soy un testigo presencial de la descomposición del alba. Lo lamento como no te imaginas, sauco llorón y viento rojo soy cuando siento lo que siento.

¿Qué haré?

Despedirme correctamente.
Volver a sumergir mi cabeza en el blanco de las paredes… ponerme en paz con el hecho nauseabundo por su monumentalidad cierta, de que el presenciar la muerte es parte intrínseca del saberse que se está vivo, cada día, cada prestado día.