Escisión lúbrica, escisión amorosa, escisión lúdica.

No importa si el daño es tremendo, si ha sido devastadora la extinción de la vida.

Si se ha recuperado la posibilidad de la vida y se han abierto nuevas dimensiones, ¿cómo quieres vivir
ahora la vida que tienes?


Esta pregunta deberíamos hacérsela a las personas que sobreviven esa violación de almas que se llama ortodoxia colombiana.


Lo único cierto, pues,
es que hay que sentir con hambre y con ganas cada gotita nueva de luz y amor, para alimentar la chispa divina que para la sorpresa general,

no ha muerto,

sino que se mantiene flotante y potente, volando y recordando, gasas y telones fuera de en medio,

el camino a Sirio, a casa.

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