Alkora

Tal vez lo que quiero decir es que te quiero.

Tal vez quiero decir que me da terror, me da miedo, me he escondido entre las lajas de mi tiempo y sánduches de trabajos y estudios para no sentir nada.

La verdad es que tengo la corazonada, clara como el cristal incesante, que te me vas. Te desvaneces y mi cuerpo llora porque ello es cierto.
Mi corazón se deshoja entre miles de obsidianas y mi garganta se prepara sicológicamente para cantar de nuevo una vez más: ‘lo siento, no puedo venir, es hora de un memorial y una suerte más’.

Tendré que ponerme mi mejor gala, empinar mi sonrisa en rictus perdido, abrazar las manos y continuar el día a día sin nada más que la duda. Veré… ahora con esto soy un testigo presencial de la descomposición del alba. Lo lamento como no te imaginas, sauco llorón y viento rojo soy cuando siento lo que siento.

¿Qué haré?

Despedirme correctamente.
Volver a sumergir mi cabeza en el blanco de las paredes… ponerme en paz con el hecho nauseabundo por su monumentalidad cierta, de que el presenciar la muerte es parte intrínseca del saberse que se está vivo, cada día, cada prestado día.

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