Lirismos himénicos patéticos.

Hay personas que son tan pero tan pero tan pero tan patéticas en su andar, que prefieren quedarse bebiendo del pozo sin fondo de la depresión a avanzar.

Y son espejos. La perfección para tapar el dolor, el aplazar para evitar sonreír, el desconcierto de las nuevas libertades que vienen del respirar. Las drogas para crear cielos artificiales, las culpas infundadas y sobresalientes, infladas para la comodidad del no sentir, no pensar, no desarrollar. Las creencias idiotas reemplazando el verdadero poder que nace del entrenamiento y el trasegar.

Apropiarse de la felicidad, entonces, al frente de aquellos que tienen alma de gusanos, no es un derecho.
ES UN DEBER. Es casi, como lo sería para un budoka, un punto de honor.

El año que pasó, la rueda que terminó ayer y fue rota a media noche, dejó una buena cantidad de avatares sobre esta tierra… uno de ellos trasegó por la mitad y rompió lo conocido: abrió las puertas de la fertilidad de tierras hechas -supuestamente- de basáltico terreno. Me permitió ver el cristal al final del tunel.


Otro de los movimientos de esa rueda permitió que culminara lo sembrado hace ya una década.
Todos los supuestos que se concentraron sobre una misma mesa fueron cuidadosamente metidos a la pila de compost, tanto joyas como semillas como basura como flechas útiles como malas espadas, y en el proceso se perdió una fuente de gratitud y amor… pero se recuperó la potencia entera que eras antes la literal sevicia había dado por muerta.


La rueda al romperse y desportillarse mostró algo.
No tiene que ser perfecta en su trasegar, lo que importa es que sea lo suficientemente fuerte y bella para flotar sobre los huecos de la carrera. Y saber que la carrera no está perdida: corre sobre el tiempo, así como el tiempo se bifurca en muchas puertas para darte opciones, variedades, potenciales.

También comprendí que si entre un hombre y una mujer se pierden la lectura de los detalles, como en la política, uno de los dos partidos jura que todo está en su mejor momento, mientras que el pueblo lo aprueba superficialmente pero al quitarse la careta resiente el dolor del ignorar voluntariamente los detalles que a su ‘dirigente’ le incomodan y al pueblo lo parasitan. Por más que este dirigente los maquille.


Y ahora, que las últimas norias, los últimos sellos han sido rotos, me pregunto: ¿qué vendrá?


La cosecha está planteada, los frutos madurando y recolectándose, aprendiendo sin afán cuando se acerca uno a un árbol y bueno y halla todavía hay un poco de verde: sin el verde no apreciamos el hermoso naranja-amarillo de lo lleno de jugo y potencial.
Y hay tanto, tanto en ese compost que retonña con vida, que ahora lo que hay que encontrar son materas.

¿Prueba superada?


Solo la supervivencia en el otoño lo afirmará. Ahora, está el viento helado -pirata- que recorre el verano, dando pistas sobre cómo volar por encima de las tierras desechas en rabia, remordimiento, las tierras que dicen vaciar su copa pero están llenas de malezas y excrementos fermentados.
Que nadie escapa su pasado, sí, ya lo sé, pero que nadie te dice que el pasado es reeditable y liberable de quimeras… ah, he ahí el gran placer de la saudade.  Y la potencia que vuelve humilde al más idiota de los hombres, para que sea amoroso más allá de las palabras…


Ojalá todos hayan encontrado su fortaleza en el año que terminó. El que empieza pide que puedas moverte también además de ser fuerte… ¡y la confianza de olvidar lo pendiente para volverlo presente!


Feliz año a todos y todas.

Introspectiva antártica (i)

Cada vez que levantas las manos hacia el cielo, ahí están. Grandes y pequeños, hermosos y pudientes, son ojos escarlatinados o enjoyados
que anuncian cada día más y más libertad.
El abrazo fuerte de su perfume permite distinguir el abrazo maligno del benigno. Permite también el elaborar de nuevo pendientes internas de curiosidad, sanación, emancipación y movimiento.
Son robustas flores que explican el verdadero nombre del mal detrás de todo lo que nos rodea.

*OBEY*

Y nos empujan a volver a casa. Cuando volvemos, nos encontramos con esos fantasmas alimentados y cebados por treinta o veinte o si acaso diez solsticios y equinoccios, parcelas del tiempo diseminadas a través de nuestra vasta alma, siempre en busca de fruta, agua, alma, paz.
Se reencuentran en el proceso tejedoras de palabras con el cesto lleno o casi lleno, nuevas tendencias de luminosidad y también al mismo tiempo y por ello padres de la inquietud. ¿Qué vendrá? Solo lo sabemos al llegar a casa, como indiqué al principio, y al ver esos fantasmas gordos alegándole el tiempo a los pálidos… basta un toquecito en el hombro y pronunciar las palabras que hemos jurado olvidadas para que toda maldad y toda mentira se desvanezca y se solidifique aquello que ya sabíamos, que las mentiras se sostienen mientras la casa no está abierta.

Las ruinas del alma son descubiertas por antropólogos voraces que, sin piedad u olvido, escalan fuertemente y rompen con afán desgarrador todo recinto blando de memoria/agua/construcción/fertilidad. El afán es penetrar, empujar y, seamos claros, explotar… pero devorar la placenta, dejar a la luz del cielo la semilla para que se pueda volar sobre las cabezas y terminar lo que está pendiente porque al florecer esas semillas ya no son semillas sino joyas, ya no percibimos la linealidad del adoctrinamiento de Pedrito y sus Manzanas mas lo que ocurre es un parpadear de almas que en su aleteo vuelve huracán lo que era un pequeño beso al aire.
¡Y hay tensión! Tensión por capas, tensión por kilos, tensión por ropas, tensión por clítoris dormidos y desenfundadas reprimidas, tensión por el miedo a la sangre ser maldita, tensión por *querer* que la propia sangre sea maldita, y así.

La tensión se libera permitiendo un derecho sagrado.
Es recuperar el poder del cosmos en su exhalar universal.

Recordar que un orgasmo implica los 7 sentidos y aterrizar las malarias. Descomponerse para renacer como flor abierta al cielo. Aunque no sea temporada de girasoles -en apariencia- lo es de las flores que resisten el invierno. Rosa, madreselva, romero y tulipán, sus colores evangelizan el ambiente de lo atacado. ¡Cuánto parásito, cuánto odio y cuánta parsimonia, cuánta mentira y embaucación existe! Pero también cuánta comprensión, cuánta libertad de eje y cuántas implicaciones de libertad para todas las naciones, si nos levantamos en almas y encarando al viento, ofrendamos nuestra mierda para que de la misma, salgan las pequeñas gemas.
Esas que en un ahora que es mañana, las g*e*m*a*s*  son  f.l.o.r.e.s. .

Penicilina televisiva.

¿Cuál es la clave de las novelas?

Tal vez para los latinoamericanos no haya existido nunca un elemento más formador de mentes que la televisión, pero sobre todo
las telenovelas.
Siendo consciente de que nada de lo que diga acá moverá la industria u otros elementos, me permito abrir las puertas de la percepción
para los lectores de este blog.

Las novelas son elementos de narración que nos atrapan a todos porque en el fondo se asemejan mucho a los procesos de vida personal
instaurados en el mundo heredado de las batallas e iglesias europeas. Viéndolo desde un punto de vista orgánico, todo lo que se narra en una novela
es antinatural. ¿A qué idiota no se le ocurre las fallas básicas de una relación después de 30 capítulos de la misma dinámica de mentiras,
acoso sexual, arribismo, ramplonería y video? Entonces es cuando ocurre algo tremendamente dañino para nuestra cabeza y es que se forma un loop,
como el de los videos de electrónica recientes: una misma imagen, percibida a través de una lente en determinado ángulo y por determinado tiempo, repetida durante 2 o más minutos. Eso se vuelve el juego emocional planteado. Y además, hay algo mucho más fuerte: no hay, nunca, clímax.

Esa última parte es la que más me preocupa. No hay orgasmo. No hay punto omega de las crisis. ¿¡Pueden imaginarse una sociedad sin ello?!
No, espera… ese es el Zeitgeist que estamos viviendo, ¡somos la Generación de Falsos Orgasmos! Es decir, nuestras sanaciones emocionales se vuelven virtuales, se vuelven de plástico en pos de la producción y la reproducción. Pero, ¿sanos, sabios, superados? No somos capaces de crear momentos cumbres.
Y observando cada cosa de estas en su conjunto entendemos los subconjuntos que caracterizan tanto a los estereotipos de novelas. ¿Por qué la mexicana se tomó como el eje ancla de desarrollo tanto escrito como televisivo? Porque los mexicanos cumplen con tres características básicas a nivel cultural: a) Los actos no tienen ideal, sino supervivencia instalada en ellos; b) La mente es barroca y disfruta el contraste porque le permite nutrir el morbo, separarse de los cambios de la realidad [dolorosos por frescos, muchos]; c) Se nos promete lo que se nos prometió a nuestros antepasados americanos y llevamos en la sangre: si somos obedientes y masticamos callados, algún día seremos tan blancos, tan rubios, tan brillantes como ellos.

Podríamos tomar como ejemplo también la telenovela colombiana, siempre mediada por la violencia y el apunte fácil y la necesidad de llegar, siempre, a alguna zona en la cual somos dignos y respetados… algo que ningún país, en realidad, le aplica a Colombia -tal vez miedo por los mafiosos o apunte fácil sobre el café, pero hasta ahí llega el río-. En el fondo, es demasiado parecida a la mexicana como para hacer cortes sustancialmente diferentes… tal vez, solo tal vez, en que la colombiana intenta recortar su barroquismo y exhuberancia, pero al hacerlo, va en contravía de la misma fertilidad -que alcanza niveles increíbles- de la realidad, y por ello mismo se mete en un callejón sin salida: no puede explorar sus emociones abiertamente, no puede explorar su erotismo abiertamente, no puede hablar de lo que no sea un centralismo avasallante -uno regionalista, obsesionado con el ‘como ser’ de cada capital económica de las diferentes regiones- por miedo a que se emule otro tipo de reflexión; no puede, en cortas, permitirse exageraciones que son catárticas desde el tantrismo (porque tanto el sexo como la muerte son los hilos de los que pende la sicología de un país en guerra consigo mismo y que no tiene autoestima alguna).
Mas la que más me ha llamado la atención por las diferencias notables ha sido la telenovela argentina. Esto es un punto totalmente aparte. Siempre hay un discurso sobre ellos, los NO-GRASA. Hay un discurso, siempre, que borra de un solo golpe a todo lo que no sea una élite super reducida: ellos tan altos, tan blancos, tan rubios. Ahora, el problema es que ellos son completamente disfuncionales (siguiendo las mitologías emocionales que nacen de ver las telenovelas). Dicen que terminan algo, pero no; inician algo nuevo, pero tampoco; reprimen sus pasiones, pero tampoco. Entonces, acá va el punto central: son tan reducidos, que su espectro emocional da una tensión paranoide de fondo de vértigo, lo atractivo no solo es su dinero y joyas, sino el preguntarse ¿cuánto tiempo les falta para que se vuelvan locos todos y empiecen a matarse, violarse y destruirse en masa?
Es emocionante en ese sentido verlo, porque creo que es una ventana muy amplia al escalafón más alto de la “evolución” latinoamericana: llegar a ser tan alto y tan rubio y tan elegante es parte de todos -incluido acá el suscrito- los que han sido deformados mentalmente por esta influencia. El punto es que esas emociones son dañinas en el sentido que son el mapa de acción de generaciones y generaciones de personas, es un círculo completo en el cual el mensaje de la violencia y el dolor es completamente válido como modus vivendi, nunca se reevalúa ni se aprecia por lo que es. Y lo otro es que se le hace tanta propaganda que se ve como un cielo que alcanzar: un cielo de pastillas alteradoras de la química emocional del cerebro (por lo tanto, alteradoras de la percepción), un cielo de importados y estilos de vida siempre decadentes, un cielo donde la emotividad debe ser reemplazada por los negocios y el poder político porque es la única forma de existir que vale la pena, un cielo donde las mujeres son acosadas sexualmente y las palabras no, para, no sigas, en realidad no tienen peso porque muestra que las mujeres son simples juguetes que nunca ponen pare ni frenan… porque los hombres tienen ese permiso (ellas no, nunca, vírgenes de torniquete).

Tal vez por eso, la madre de todas las fuentes telenovelescas de las evasiones de este país -hablo de EEUU- sufrió tanto con la huelga de los escritores. Porque si hay algo que caracteriza a la cultura norteamericana es esa conciencia de que sin el make believe, sin el ilusionismo, no hay forma de sostener un sistema con asimetrías guardadas por fusiles de asalto Cobra M-16.

Cuando ello ocurrió, la novela con mayor arrastre de esta generación sufrió un golpe letal. Sus blancos, altos y rubios personajes, en sus vidas con bandas sonoras, en su estética hermosa, amplia, limpia, impoluta, artificialmente equilibrada, no pudieron sostenerlo: el mito no fue capaz de salvar la esencia y transmitir eso a las nuevas generaciones de forma limpia. No fue solo un golpe al switch mental, por breve que haya parecido, sino que la realidad irrumpió sobre las cabezas de todos y esas ilusiones, tan caras y amadas, fueron de un golpe traídas a la realidad: nuestros destinos no son nuestros mientras no reevaluemos relaciones entre las emociones y el medio que nos rodea y equilibremos la balanza. Fue además excelente porque para toda una generación fue el Ultimo Gran Representante del poder eterno y justo por el solo hecho de ser norteamericano, que en los años que seguiría -y seguirá- sufrió una muerte irremplazable, aún cuando la serie siga.
El personaje central nació a inicios 1940 y fue el ejemplo, el sueño de la perfección y disponibilidad del triunfalismo emigrante europeo a la siempre sagrada y abundantemente hermosa América. Venía de un planeta en explosión, sufría con algunas rocas radioactivas y era una batería solar viviente.
Kal-El lo llamaron sus padres, Superman el resto del planeta.

El nombre de la novela, siendo una adaptación del comic, era emblemático del sueño de ellos mismos, los más pobres entre los ignorantes de Estados Unidos, llegar a ser el Gran Hombre Urbano.
Se llama Smallville.

Oración celular.

Y cuando fallezca, tengo pocos deseos que quiero que se hagan realidad mientras como ánima duro un poco más entre las personas que habitan esta inmensa fábrica de estrellas.

Quiero que cada una de mis personas queridas sientan que se les quiso. Que los versos fueron veritas, pura, cantada, dura.

Quiero que toda la música y todas las cosas que deseé cantar en vida sean pasados a alguien mucho más sabio que yo. Que mi chispa encuentre dentro de las memorias de los muertos un canal de riego, tan solo uno, para poder alimentar eternamente la creatividad y arte de este planeta, que ahora lo quieren volver un Planeta Prisión.

Quiero decirle a todas las mujeres que no amé y a los hombres que no abracé, que algún día a la vuelta de las estrellas nos volveremos a encontrar. ¡Y ahí sí no se salvan de volverse novas en cuerpo! Reiremos y beberemos el vino del cual se ha escrito en todas las cosmogonías.

Quiero que el perdón que instalé ese día, en el día de mi muerte, como orquestado por un mago adolescente a miles de millas de distancia, con torpeza y pasión, se abran todos los botones de texturas… que los verdaderos colores de otros despierten gracias a ello.

La música es lo que ocurre mientras estás planeando encontrarle ritmo a la vida.

Y se podría resumir así: vivimos por fé, por fe de que algún día esos sueños prefabricados se harán realidad. Que seremos tan altos, rubios y exitosos como nuestros primos del norte del continente -o del norte del otro continente, da igual-; que somos de mejor familia mientras más apariencias y formas guardemos; nuestros sexos siempre son libres y descocados y lo derrochamos estúpidamente durante mucho tiempo y somos tan originales que construimos las mismas autodefensas que nos han de destruir el equilibrio sensual. En esa fe barata los muertos pavimentan carreteras y está bien, la gente del interior no se mezcla con esa chusma de la costa y está bien, los hombres son machos y parásitos económicos, las mujeres son matronas acérrimas siempre al borde de un ataque de nervios. Con esa fe barata se forman otras familias en otros países, pero el odio y la represión se mantiene de fondo por siempre, la mentira es la moneda de compraventa… armas síquicas, armas mentales, invasión eterna de la vida de los otros.

Cuando muera quiero que todo la electricidad maléfica sea convertida en centella. Que las nuevas sangres se conviertan y dancen libres para siempre del dolor de aquellos que siendo grandes, lo livdaron,  desearon ser lo que nunca hicieron: amor, paz, bondad, un cafecito con medialunas a la orilla del enamoramiento de la vida y lo tierno en cada uno.

Una vez bajo tierra, mi mineral será mineral común, tal vez por ello mismo más hermoso.

Quiero ser recordado por el amor de ritmo y el olor de la esencia de mis pensamientos.
Si consigo que respires y añores el olor a caoba de mis pensamientos y dactilares, entonces, solamente entonces, sabré que he volado.

Saeta Artísti-K

Lo confieso.

Me aburre el mundo del arte. Me aburre el mundo de la galería, la etiqueta y el vino.

Una época, en la cual pensé que vivía rodeado de iluminados, pensé que las reglas del juego eran claras, ecuánimes, que realmente habían intereses de apoyo y fraternidad.
Mas en realidad, lo más fraterno, la más fraterna de las artes es la música. La música es universal. El golpear de las palmas tiene tanto que ver como el baile de dos vientres tocándose entre sí, el amor de dos personas al bailar una frente a otra. ¡Es que la vida se hizo por el ritmo, por el sonido, la vibración, antes que por el color!

Y todas estas teorías estériles y huecas sobre el arte es esto, el arte es lo otro.

Yo declaro como prerrogativa que si el arte no te toca el corazón, lo que estás viendo es una masturbación. También que para pasar una Academia hay que aprender a vivir dos vidas: en una vida, en lo oscuro de la mañana y antes de que vuelva la parte luminosa del día, guardas para tí tus sueños y pensamientos.  Y finalmente, algo que comprendo con mucha claridad: en realidad no quieren saber nada de tus sueños ni de que cambies el mundo… porque el mismo sistema les aplasta el cuello cada vez que levantan por ello la cabeza.

¿Que si me da miedo salir lastimado? ¡Claro que siento ese miedo! ¡Así como siento miedo la no aprobación, el rechazo, todo ello! Pero algo más ha surgido. Hay una claridad, única, irrepetible, de querer voltear el planeta patas arriba y armar una verdadera rEvolución de la Esfera Artística. Estamos demasiado débiles y separados, trabajamos más por miedo que por amor. Y eso nos hace débiles, nos distrae y separa de las fuentes de inspiración.
Pero ahí te ves.
Bastan las palabras de un académico y el hacerle orden absoluta volteando todo hacia un sí señor sostenido, para que puedas caer fácilmente en la mentira de ‘soy/no soy artista’.

El arte no lo da la Academia. Nunca. Es más: afirmo sin pudor alguno que el arte plástico que aprendemos en las academias es mierda de perro, estéril y llena de toxinas y gusanos… porque no nos permite, en el aspecto mental, evolucionar, sino buscar derroteros que están totalmente desconectados de la realidad.
A la realidad le importa un pepino si eres el mejor maestro de fotografía. Le importa que estés conectado, que seas grande, para atraer GRANDEZA.

Esto es lo que quiero vivir y aplicar, hasta que muera, acá y todos los lados a donde vaya del planeta.