Penicilina televisiva.

¿Cuál es la clave de las novelas?

Tal vez para los latinoamericanos no haya existido nunca un elemento más formador de mentes que la televisión, pero sobre todo
las telenovelas.
Siendo consciente de que nada de lo que diga acá moverá la industria u otros elementos, me permito abrir las puertas de la percepción
para los lectores de este blog.

Las novelas son elementos de narración que nos atrapan a todos porque en el fondo se asemejan mucho a los procesos de vida personal
instaurados en el mundo heredado de las batallas e iglesias europeas. Viéndolo desde un punto de vista orgánico, todo lo que se narra en una novela
es antinatural. ¿A qué idiota no se le ocurre las fallas básicas de una relación después de 30 capítulos de la misma dinámica de mentiras,
acoso sexual, arribismo, ramplonería y video? Entonces es cuando ocurre algo tremendamente dañino para nuestra cabeza y es que se forma un loop,
como el de los videos de electrónica recientes: una misma imagen, percibida a través de una lente en determinado ángulo y por determinado tiempo, repetida durante 2 o más minutos. Eso se vuelve el juego emocional planteado. Y además, hay algo mucho más fuerte: no hay, nunca, clímax.

Esa última parte es la que más me preocupa. No hay orgasmo. No hay punto omega de las crisis. ¿¡Pueden imaginarse una sociedad sin ello?!
No, espera… ese es el Zeitgeist que estamos viviendo, ¡somos la Generación de Falsos Orgasmos! Es decir, nuestras sanaciones emocionales se vuelven virtuales, se vuelven de plástico en pos de la producción y la reproducción. Pero, ¿sanos, sabios, superados? No somos capaces de crear momentos cumbres.
Y observando cada cosa de estas en su conjunto entendemos los subconjuntos que caracterizan tanto a los estereotipos de novelas. ¿Por qué la mexicana se tomó como el eje ancla de desarrollo tanto escrito como televisivo? Porque los mexicanos cumplen con tres características básicas a nivel cultural: a) Los actos no tienen ideal, sino supervivencia instalada en ellos; b) La mente es barroca y disfruta el contraste porque le permite nutrir el morbo, separarse de los cambios de la realidad [dolorosos por frescos, muchos]; c) Se nos promete lo que se nos prometió a nuestros antepasados americanos y llevamos en la sangre: si somos obedientes y masticamos callados, algún día seremos tan blancos, tan rubios, tan brillantes como ellos.

Podríamos tomar como ejemplo también la telenovela colombiana, siempre mediada por la violencia y el apunte fácil y la necesidad de llegar, siempre, a alguna zona en la cual somos dignos y respetados… algo que ningún país, en realidad, le aplica a Colombia -tal vez miedo por los mafiosos o apunte fácil sobre el café, pero hasta ahí llega el río-. En el fondo, es demasiado parecida a la mexicana como para hacer cortes sustancialmente diferentes… tal vez, solo tal vez, en que la colombiana intenta recortar su barroquismo y exhuberancia, pero al hacerlo, va en contravía de la misma fertilidad -que alcanza niveles increíbles- de la realidad, y por ello mismo se mete en un callejón sin salida: no puede explorar sus emociones abiertamente, no puede explorar su erotismo abiertamente, no puede hablar de lo que no sea un centralismo avasallante -uno regionalista, obsesionado con el ‘como ser’ de cada capital económica de las diferentes regiones- por miedo a que se emule otro tipo de reflexión; no puede, en cortas, permitirse exageraciones que son catárticas desde el tantrismo (porque tanto el sexo como la muerte son los hilos de los que pende la sicología de un país en guerra consigo mismo y que no tiene autoestima alguna).
Mas la que más me ha llamado la atención por las diferencias notables ha sido la telenovela argentina. Esto es un punto totalmente aparte. Siempre hay un discurso sobre ellos, los NO-GRASA. Hay un discurso, siempre, que borra de un solo golpe a todo lo que no sea una élite super reducida: ellos tan altos, tan blancos, tan rubios. Ahora, el problema es que ellos son completamente disfuncionales (siguiendo las mitologías emocionales que nacen de ver las telenovelas). Dicen que terminan algo, pero no; inician algo nuevo, pero tampoco; reprimen sus pasiones, pero tampoco. Entonces, acá va el punto central: son tan reducidos, que su espectro emocional da una tensión paranoide de fondo de vértigo, lo atractivo no solo es su dinero y joyas, sino el preguntarse ¿cuánto tiempo les falta para que se vuelvan locos todos y empiecen a matarse, violarse y destruirse en masa?
Es emocionante en ese sentido verlo, porque creo que es una ventana muy amplia al escalafón más alto de la “evolución” latinoamericana: llegar a ser tan alto y tan rubio y tan elegante es parte de todos -incluido acá el suscrito- los que han sido deformados mentalmente por esta influencia. El punto es que esas emociones son dañinas en el sentido que son el mapa de acción de generaciones y generaciones de personas, es un círculo completo en el cual el mensaje de la violencia y el dolor es completamente válido como modus vivendi, nunca se reevalúa ni se aprecia por lo que es. Y lo otro es que se le hace tanta propaganda que se ve como un cielo que alcanzar: un cielo de pastillas alteradoras de la química emocional del cerebro (por lo tanto, alteradoras de la percepción), un cielo de importados y estilos de vida siempre decadentes, un cielo donde la emotividad debe ser reemplazada por los negocios y el poder político porque es la única forma de existir que vale la pena, un cielo donde las mujeres son acosadas sexualmente y las palabras no, para, no sigas, en realidad no tienen peso porque muestra que las mujeres son simples juguetes que nunca ponen pare ni frenan… porque los hombres tienen ese permiso (ellas no, nunca, vírgenes de torniquete).

Tal vez por eso, la madre de todas las fuentes telenovelescas de las evasiones de este país -hablo de EEUU- sufrió tanto con la huelga de los escritores. Porque si hay algo que caracteriza a la cultura norteamericana es esa conciencia de que sin el make believe, sin el ilusionismo, no hay forma de sostener un sistema con asimetrías guardadas por fusiles de asalto Cobra M-16.

Cuando ello ocurrió, la novela con mayor arrastre de esta generación sufrió un golpe letal. Sus blancos, altos y rubios personajes, en sus vidas con bandas sonoras, en su estética hermosa, amplia, limpia, impoluta, artificialmente equilibrada, no pudieron sostenerlo: el mito no fue capaz de salvar la esencia y transmitir eso a las nuevas generaciones de forma limpia. No fue solo un golpe al switch mental, por breve que haya parecido, sino que la realidad irrumpió sobre las cabezas de todos y esas ilusiones, tan caras y amadas, fueron de un golpe traídas a la realidad: nuestros destinos no son nuestros mientras no reevaluemos relaciones entre las emociones y el medio que nos rodea y equilibremos la balanza. Fue además excelente porque para toda una generación fue el Ultimo Gran Representante del poder eterno y justo por el solo hecho de ser norteamericano, que en los años que seguiría -y seguirá- sufrió una muerte irremplazable, aún cuando la serie siga.
El personaje central nació a inicios 1940 y fue el ejemplo, el sueño de la perfección y disponibilidad del triunfalismo emigrante europeo a la siempre sagrada y abundantemente hermosa América. Venía de un planeta en explosión, sufría con algunas rocas radioactivas y era una batería solar viviente.
Kal-El lo llamaron sus padres, Superman el resto del planeta.

El nombre de la novela, siendo una adaptación del comic, era emblemático del sueño de ellos mismos, los más pobres entre los ignorantes de Estados Unidos, llegar a ser el Gran Hombre Urbano.
Se llama Smallville.

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2 comments

  1. alejandra179 · julio 17, 2010

    jeje.. me gusta mucho tu reflexión y comparto varias ideas.. aunque me parece que la tenelovela colombiana tiene dos etapas: de principios de los 80 a mediados de los 90 y de los 90 hacia acá.. cada vez que comparo esas historias con las estupideces que ahora pasan, me da rabia.. y eso sin mencionar el reencauche de novelas, que ya van tres.

    Y me encanta lo de Smallville.. creo que me lo robaré..

  2. aguaynotas · julio 17, 2010

    Le voy a poner los cabezotes (trailers) de inicio de las t.v.novelas.
    Creo que puede ser contundentísimo e importantísimo como yo… ¬¬ .. 😛

    Gracias por comentar.

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