El año que pasó, la rueda que terminó ayer y fue rota a media noche, dejó una buena cantidad de avatares sobre esta tierra… uno de ellos trasegó por la mitad y rompió lo conocido: abrió las puertas de la fertilidad de tierras hechas -supuestamente- de basáltico terreno. Me permitió ver el cristal al final del tunel.


Otro de los movimientos de esa rueda permitió que culminara lo sembrado hace ya una década.
Todos los supuestos que se concentraron sobre una misma mesa fueron cuidadosamente metidos a la pila de compost, tanto joyas como semillas como basura como flechas útiles como malas espadas, y en el proceso se perdió una fuente de gratitud y amor… pero se recuperó la potencia entera que eras antes la literal sevicia había dado por muerta.


La rueda al romperse y desportillarse mostró algo.
No tiene que ser perfecta en su trasegar, lo que importa es que sea lo suficientemente fuerte y bella para flotar sobre los huecos de la carrera. Y saber que la carrera no está perdida: corre sobre el tiempo, así como el tiempo se bifurca en muchas puertas para darte opciones, variedades, potenciales.

También comprendí que si entre un hombre y una mujer se pierden la lectura de los detalles, como en la política, uno de los dos partidos jura que todo está en su mejor momento, mientras que el pueblo lo aprueba superficialmente pero al quitarse la careta resiente el dolor del ignorar voluntariamente los detalles que a su ‘dirigente’ le incomodan y al pueblo lo parasitan. Por más que este dirigente los maquille.


Y ahora, que las últimas norias, los últimos sellos han sido rotos, me pregunto: ¿qué vendrá?


La cosecha está planteada, los frutos madurando y recolectándose, aprendiendo sin afán cuando se acerca uno a un árbol y bueno y halla todavía hay un poco de verde: sin el verde no apreciamos el hermoso naranja-amarillo de lo lleno de jugo y potencial.
Y hay tanto, tanto en ese compost que retonña con vida, que ahora lo que hay que encontrar son materas.

¿Prueba superada?


Solo la supervivencia en el otoño lo afirmará. Ahora, está el viento helado -pirata- que recorre el verano, dando pistas sobre cómo volar por encima de las tierras desechas en rabia, remordimiento, las tierras que dicen vaciar su copa pero están llenas de malezas y excrementos fermentados.
Que nadie escapa su pasado, sí, ya lo sé, pero que nadie te dice que el pasado es reeditable y liberable de quimeras… ah, he ahí el gran placer de la saudade.  Y la potencia que vuelve humilde al más idiota de los hombres, para que sea amoroso más allá de las palabras…


Ojalá todos hayan encontrado su fortaleza en el año que terminó. El que empieza pide que puedas moverte también además de ser fuerte… ¡y la confianza de olvidar lo pendiente para volverlo presente!


Feliz año a todos y todas.

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