Andalucía, andaluz, roto carcaj

Lo logré.

Vencí la altura de los fosos, maté a los dragones, evité que violaran a las doncellas, rescaté y sané con amor y saberes de ermitaño los niños destruidos en sexo y alma por la guerra, volé sobre los 7 infiernos y abrí las puertas de diamante de las notas que solo los oídos pueden besar al caer la esperanza como semilla a tierra.

La única delicadeza que olvidé como un completo imbécil fue hacer compañeros en la trayectoria. No aplazarlo, no aplazarlo, no aplazarlo. No aplazar nunca el tender la mano, el ser paciente, el ser de corazón abierto e inmarcesible pero olvidar la imbecilidad del júbilo inmortal.
Lo olvidé, lo postergué.
Y ahora tengo un hueco tan profundo y yermo en la mitad del ser… como una daga de obsidiana o un cuerno puro de elefante africano desgarrando mi ombligo, que no me deja sentarme en paz, empujado en una sola y larga y muda acción… hasta romper la base de la lengua y mis hermosas canciones todas secarse como margaritas disecadas/disectadas al contacto del calor inclemente en un solar …
Y ahora veo con terror que el flujo pasó a mi lado, evitándome, bañando a todos pero para mí seco y abierto de dos en dos… y no sé a que numen exigir justicia, reparación… o venganza. Lo más doloroso, ¡no sé que deba o pueda ser mío ahora!

Me bebí la copa entera, pensando que era de sabiduría solamente,

pero fui yo, yo solo,

el que eligió olvidar su olor a cicuta.

¿Cómo te haces amigo del fantasma que nunca fuiste?

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