El ocaso de los mitos, la creación de los fieles

En los momentos más tristes, buscamos una luz. Alguien que nos guíe, alguien que nos proteja. Alguien que personifique todas las cosas buenas y sensatas del ser humano,
todo aquello que debe no solo ser emulado sino llevado a su grado más alto de desarrollo. La bondad, la compasión, la sencillez, la pulcritud, la amabilidad. Se trata,
entonces, de encontrar dentro de las personas que nos rodean semejantes que estén interesados en la búsqueda de la libertada, la equidad, la armonía cíclica y
las comprensiones del cielo y el infierno a la vez, el sexo oral y el mantra elevado, el ver nacer a un niño y la pedofilia a todo un jardín de infantes.

Ponemos nuestras esperanzas en algo, alguien y soñar con que nunca serán imitadas o desvanecidas. Taql vez funcione. O funcione nada más
para comprobar que ese cielo es NUESTRO cielo, ese talento nuestro talento, esos poderes NUESTRO PODER.

Si se debate, si se comparte, es para intentar ahogar, evitar, desactivar esa sensación de impotencia que surje en nuestro interior cada vez que leemos algo que suena como
un evento dañino o una forma de analizar la vida que trae miseria, sufriemiento, dolor, tristeza, y soledad. Pero no es suficiente: hay que ser proactivos. Hay que INTEGRAR las partes oscuras
y las luminosas, saber que lo que menos nos gusta también lo llevamos adentro e iniciar el gran proceso de conocimiento interno que nunca tiene futuros, solo presentes,
uno más grande que los otros.
Es por eso que la pasión puede ser usada impunemente creo yo en esto para hacer que florezca, dado que si se queda guardada no evoluciona, si se queda guardada
imita -y mal, de forma barata- a otras personas y aspectos más terrenales y densos de la existencia. ¡Hay que ser apasionado, equivocarse, levantarse de nuevo!
Solo así encontramos que no estamos tan libres como creemos, no estamos tan fuertes como nos vendemos, no estamos tan flexibles… pero eso no significa que en realidad,
seamos esto o aquello. Solo significa, que debemos ser un presente.

Si soy parte de un tejido, debo velar por la integridad de él. Al fin y al cabo, un lazo es tan fuerte solo como fuerte es cada una de sus fibras.

Es hora de volverse, entonces, un héroe… y olvidarse de lo grandioso, para caminar por la grandeza.

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