Arcadas

Yo no beso el mundo esperando que el mundo me diga qué hacer.
Me siento a oírlo a ver por dónde puedo darles besos a los electrones.

Y ya no canto por cantar, ni excuso mi andar, [pasados luengos años y momentos de antaño] ni rimo por rimar.
Paladeo el dolor y el sufrir uno por uno, un vaso de agua por mano, una mirada por momento tañido por los mismos.

Y si quiero cambiar por cambiar, o cambiar por mutar, o mutar y evolucionar, ¿por qué debería cortarme las venas, por qué debería cortarme el cielo, para qué debería negarme a ser un ser completo?

Hay que admitirse completo, hay que desnudarse. Los campos floridos de mentes ascépticas hiperracionales son para los principiantes y para los corazones cobardes . Toma mucho menos esfuerzo bailar con el diablo, pero sí que toma esfuerzo aceptar cuando te toma por la pelvis, te gira y te penetra simultáneamente en un tajante y doloroso Babel…

así como corté con quien bailó con el diablo y se obnubiló con poderes aparentes, hoy vuelo tranquilo sabiendo que estoy solo en mi compañía, girando, acelerando y refinando el sonido duilce de mi motor interno, para poder decirlo una vez, decirlo siempre: “lo que no está bailando en mi cuadrante, no alcanza a vislumbrar las estrellas que he leído entre batería y beso”.

Locura y danza vivo pero de la que integra, no una murga de un ángel de la bicicleta contestataria o uma danza na soleda, es beber el vino que está dentro de la piel transversal a los trescientos sesenta cielos para tener los huevos de atravesar la mesa, la ducha, la calle, el mendigo y la caja registradora para conseguir una zanahoria y una botella de agua y bien desayunar…

¿de qué te sirve seguir intentando cambiar el mundo, si no tienes los huevos de perdonar a los que mancillaron tu jardín con abusos?

No,
sigues siendo
una panterita patética herida con aparentes poderes,
mientras la mañana vuela sin problemas y tú intentas borrarle lo que no te gusta de ella.

¿No lo ves? Son estratos, capas, deferencias de caminares,
y tus oídos sordos solo hacen que pierdas el norte sin parar y en tus giros de medio punto,
calva como una noche sin luna,
te entierres en el corazón palabras agresivas y sin amor
vomitando odio
y olvidando el despliegue de colibrís que solo da el aceptar.
Porque nadie te debe nada, ¡sólo tienes que estar en la zona en la cual puedas de nuevo brillar, pero de adentro hacia afuera, rotando en espiral… l.e.v.i.t.a.r!

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