Farsa, lunática. Lunática farsa

Me levanto y veo mórulas, vientres voladores y perlas aceradas que giran a contra viento. Pesados los huesos, busco comprender de qué forma sí o sí se pueden abrir las montañas rojas de lo que perdí en el ayer y podré proyectar en el incierto hoy… y así arranca mi oración de gracias.

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Tal vez porque dentro de mí palpita todavía una personita que sabe a ciencia cierta que es mejor un mundo de hadas que este que nos han heredado y enredado. Tal vez porque esa misma vibración siente una rabia enorme contra un mundo el cual no solo no esperó que se digiriera el golpe sino que lo condenó al miedo y a la parálisis como forma de vida. Tal vez porque esa pequeña hada aletea dentro de dos sorbos de toronjil, es que me cuesta perdonar.
Tal vez porque creo que es injusto completamente el sentir que mi corazón está roto y sin ningún tipo de afecto verdadero, que tengo yo que granjearme mi propio amor, que las personas alrededor son personas dañadas, podridas y agresivas, que mi mundo es un mundo de cielos rotos y que quisiera que alguna parte de mi vida fuera tan luminosa como son mis sueños.

Tal vez porque nunca pude florecer como un niño de las estrellas, es que vivo con los dientes apretados de odio y desilusión, viendo como nada cambia porque en el fondo, sigo teniendo esa pequeña esferita luminosa arrinconada e irascible, una partícula rota de cielo.

Tal vez porque solo quiero morime para hallar mi verdadera casa.

 

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Si quedas atrapado entre los goznes del pasado estéril y un futuro que ya has oído antes y del cual no quieres pedir nada más porque no quieres volver a vivir más frustraciones, entonces, abre los oídos y abrázame fuerte, porque mi susurro será lo último que oigas: no hay murciélagos eternos en el cielo, la vida es vacía y sin sentido ni rumbo,
pero,
en algún lugar de este inmenso Cielo,
habré de hallar una luna que nos cobije y ame como nosotros la amamos,
podremos volver a ella sin este dolor eterno.

Thurisaz, o de la Inacción.


(Oír mientras se lee y relee)

Hoy solo  tengo un deseo:
sí, he de encontrar mi sitio en el mundo. La pregunta, voladora y sencilla es, ¿tendré la fuerza para mantenerme en ello?

Dame fuerza, amigo de llave luenga.
Porque me queda todavía mucho, muchísimo por abrir.

Voz como sinfónica músculos como diamante piernas como gacela ojos de halcón penetrante dientes de lobo espalda de narval manos de araña y nudillos de metal…
espaldas y olvidos de los sueños anclados de otros, solo quiero, solo pido,

no volver a tiempos remotos.

Costanera Lunar…

Cansado de besar sapos cualquieras, me incliné un día en un lago.

Ví entonces una formita hermosa. Su color indica ‘hola, soy veneno’. Y yo he sido siempre de vocación masoquista, tú lo sabes, siempre deseé morir y nunca tuve los huevos de hacerlo…

la formita balbuceó ‘¿me ves?… bueno, ¿me regalas un beso?’…

dije, ‘qué diablos, esta vez va a ser muerte en serio’.

 

Fue un beso profundo, sabor a madera y con olor a cielo cálido dentro de dos hombros.

 

El viaje ha sido sicotrópico y el horizonte en Capricornio es lo único que me indica que sí, que no es un sueño, que estoy vivo.

Ahora, si algo me llegaren a preguntar, sí, es verdad: fue algo tonto por impulsivo. Pero, ¿acaso el inicio de las mejores fiestas no arrancan cuando alguien hace el chiste más tonto del planeta y solo te queda reír?

 

Estoy feliz. Tanta felicidad no me cabe en el cuerpo y necesito una galaxia extra para que esta pueda habitar a sus anchas.

Estoy feliz que esa forma en realidad sea una hadita.

 

((Alguien debe enhebrar este sueño.))

Hoy amanecí con ganas de morderle el culo a la sociedad pero con colmillos de titanio y aleación de sauco y olmo, hoy amanecí con ganas de robarle las montañas de mentiras a los más ricos para que en su desparpajo desnudo se comieran entre ellos y dejaran en paz a un planeta que no quiere que vuelvan a ser los amos como en eras pasadas de lo que podía ser verde, ¿o no?; en este planeta, diplomáticos y temerosas mentes en masa que cada día tapan todo con colores viejos de paños y grises eso desean…
Hoy amanecí con ganas de ver un poco más de sangre y de mentes abiertas sobre las cabezas, pero sobre todo de comunicarle a las personas que su cantar ya no es solitario, que los lobos ha encontrado la manada deseada. Y que no deben temer mas nunca las persecuciones espiraladas, porque ya estamos, ya estamos, ya estamos, ya estamos, ya estamos, ya estamos, ya estamos, ya estamos, ya estamos, hoy, hoy, hoy, hoy, hoy, hoy, síncopes de nuevos varones y vapores voladores,
somos en verdad con paciencia y febrilidad,
libres.

Mata cien tigres y no serás guerrero: mata una pantera y serás un gran cazador, un zar entre zares, un señor de hielo sobre una desolada estepa inclemente. ¿Cómo? ¿Que cuál es la diferencia? Es el… es el sentir, el CAMINAR que hay entre dos dedos de frente de alguien que enfrenta al que fue un gorila enorme cuando tu alma no era más que un fríjol escondido entre un cuerpo que era seiscientas veces más grandes que esa chispa; es, en definitiva, el poder ser animal sagrado y de un mordisco frenar el avance eterno de esas personas que son como cobras: puro bronce, puro brillo que refleja luz, nunca la emite, pura tierra que absorbe parasitariamente las levedades.

A través de mis dientes se coló con potencia de un Amazonas, una boina y una palabra de casillero pobre, se coló una pequeña argucia, se coló una flor.
Cuando la abracé sentí como si su piel fuera un limpio lienzo… no, más, era más allá, era suprapictórico, era tan hermoso que rayaba en lo mefistofélico…
sentí que toda la pintura del mundo no alcanzaría para recorrer la distancia atómica entre dos parpadeos que mutan en una mórula de colores… colores que se me incrustaron en las pupilas y quedé viendo despierto y abierto -aún finalizado el abrazo y el sol y la luna habiendo arado ya sobre el orbe-.

A veces quisiera soltar de las manos las líneas que nunca escribí. A veces temo ser estéril frente a esos hijos que de mí quisiera parir.

Quisiera pintar y abrirme al cielo de miles de rosarios de calaveras. Tan bellas, tan limpias, tan orgánicas, tan concisas, tan furiosamente perfectas. ¡Kali estaría tan envidiosa, Kali estaría tan temerosa! Debemos, como nunca, como siempre, oír el silencio entre las palabras que envidiamos de un beso y otro y dejar que los muertos con sus tonos violáceos e infrarojos nos abran las puertas de par en par. Al fin y al cabo, para eso están, para comprometer lo que hemos dado por sentado y volverlo una sola libertad desplegada.
Se habla, una y otra vez de lo que se ha dejado atrás. Se mira el amor y el hoy con la nuca. Pero es la muerte, son las innumerables muertes, los lloros por las morenas pieles de víboras lo que teníamos dentro del alma y no podíamos verlos, es la muerte una y mil veces la que nos proyecta sobre las cabezas las nuevas almas que somos y podremos parir. Por ello el vértigo, de sentir la vibración final de la vida -esa luminosidad alegre y melancólica/sobria al mismo tiempo- pero saber, con franqueza, que esa vibración final nunca será la última sentida.
Y como canciones escritas en claves vegetales -digamos, en tonos rosas o en escalas malvas en instrumentos girasolados-, así yo me proyecto sobre las cabezas y las montañas que amo y amé. ¿Cómo continuar, cómo abrirse a lo no hablado?
Al filo, una dos y tres, me levanto y ando de nuevo.

80 y 8 veces 8: el poder del Tigre.

No hay forma de condensar en pocas líneas todo lo que fue este año. Gente se fue para siempre. Gente perdió la fe para siempre, otros la recuperaron y abrieron un corazón en el cual plantar semillas. Tantos cambios se dieron que las pérdidas se sienten nimias al lado de los grandes frutos obtenidos. *Este año me ha marcado a fuego, pero me liberó para siempre*. Y aún a esos félidos que hoy no puedo tocarles porque son simplemente irradiantes de otra coloración que no conoce verdaderos amores, son admirados y recordados con la pasión y el respeto que su corazón merecen -nunca, jamás, serán vendidos como tapete de piel barato: dentro del alma están fundidos-. Y dentro de sí avanza fuertemente la llama de un poderoso amor, si se dan cuenta a fondo de ello. Gracias por estar vivos, aunque sea más fácil montarse a su lomo que bajarse del mismo sin ser devorados…

Se vieron muchas falacias, se comprendieron que las verdades del corazón deben ser liberadas para ser verdades dentro del monte que nos rodea ahora y siempre, que nosotros somos los que podemos de una forma u otra navegar dentro de esta selva humana sin necesidad de paralizarnos jamás por lo que haya de sobrar o no sobrar.
Se vieron caer imperios, levantarse héroes, se vio el retorno de los reyes -descastados bastardos que muestran como su poder se vuelve oro-, se vió que la revolución nunca podrá ser televisada (así como lo naturalmente orgánico y lo benéfico no nació con “marca registrada”); se descubrió que las hiedras se pueden transformar en camas de orquídeas hoy y siempre y no ser parasitarias sino alimenticias… como lo es el muérdago para los rituales que armonizan nuestros cantos y los de las fataes. Se leyó dentro del viento anudado como la rabia y la ira no son los elementos adecuados y a veces lo que más añoramos, el retorno eterno al huevo, es precisamente el tiquete de libertad hacia el florecimiento una vez es sacrificado sin piedad alguna en el altar en el que el Cosmos pone lo bueno, lo malo, es decir, los diferentes grados de diferencia.

Ví princesas jugando a putas guerreras rudas y comprendí que algunas meninas nunca dejarán de ser princesas… de canasta barriada de mimbre; pero comprendí también que depende de ellas mismas dejar de agredir, tomarlo todo a pecho, que pueden elevar las manos al cielo y recordar realmente de donde vinieron.
Encontré también que la oscuridad es fuente de catarsis solo si recuerdas que es como unan piscina y que eventualmente, debes salir a beber el aire a superficie. Del resto hace palidecer el alma.
Encontramos como raza humana la necesidad de sacar no solo al guerrero que llevamos adentro, sino de empoderarnos para la gran batalla decisiva que se está dando dentro de las puertas que el espiritu humano está abriendo a través de todo el planeta. Y que afectará a todos los que nos rodean.

Encontré que sólo los débiles permiten que la culpa los devore, bañando en un caramelo de cianuro de ‘cosas superadas’ el fardo de las mismas. Un guerrero sigue el camino de su corazón, y para protegerse de odios y melancolías, bucea dentro de su interior y limpia las perlas y gemas que invariablemente halla.
Por ende, solo los débiles, los que se rinden en el buceo, se paralizan.

Demasiado análisis lleva a la parálisis, hay que alivianarse, pero una vez el cuerpo está limpio de toxinas, debe prepararse para sentirse desbordado por sexos, fuegos, lluvias del propio corazón emancipado y evaporado listo para ser agua eterna de fruto y flor y rana muerta, tres amaneceres en los que Dios habla desde el Sol y como no, la alegría sempiterna de encontrar el Fuego Interno dentro del paquete que traen los que hoy son enemigos… y mañana, tal vez, amigos (o quizá, más).

 

Recordar que somos seres estelares. Que por ser multidimensionales, debemos hacernos cargo de nuestra casa y nuestros cargos, pase lo que pase, caiga el que caiga, muera lo que muera, TODO ES POSIBLE. Recordar, que no somos solo nosotros sino voces en coro y que una vez apoyado uno, la marea limpiará el dolor de todo lo otro.
Dar gracias, gracias, gracias, gracias hasta por la muerte irremediable y sin vocación, asesina de juventudes y violadora de amistades, muerte pálida dentro de los colores que engendra (sorpresivamente) y de las texturas que pare sin cesar hasta y desde al aire hacia la roca imprefecta y saber que esa fe, ese poder, nunca jamás se pierde.

Saber que no necesitas autoría de nadie: tú solo te das las segundas o quintas oportunidades, y forjas con inmenso poder el mañana.

Sintetizas orgasmos. Abrazas y besas frentes de los descastados en autoexilio. Confías en el retorno de los guerreros místicos como vos los has soñado.

 

Te reconoces entonces después de viajar en el lomo de un tigre como el amor eterno que siempre viaja entre las nubes. Materializas, corriges, creas y recreas. Pierdes el miedo y toda fractura solo es una muestra más de tu poder para poder emerger puro y sin tanta importancia. Te reconoces libre y con varios perfumes a la vez, ¡sin saber que podías hacerlo!
Completas el dolor con besos robados y rezas por la libertad de los labios compartidos.
Insertas en tu corazón una placa de amor y con ella, liberas las puertas de los doce universos que hay arriba y abajo, para ser una vez más completo y pasar a una zona nueva.

Y una vez cruzado el umbral, temes al principio, como un bebé, porque es nuevo todo: el sabor, el olor, el blanco fulgurante de las texturas, lo abandonado como nuevas ruinas, las puertas de antaño que han de clausurarse.

Tal vez si no hubieras amado a un tigre con tanta furia, con tanto énfasis, con tanto desparpajo y libertad, no podrías resucitar de forma extrema y comprender que tú también has resucitado y ya no eres momia.

El cambio, ha sido logrado.
Ahora, lo que viene es vendimia, fortaleza, entrar fulgurante en el tiempo maduro apenas despunta el verano,
fértil para los abrazos limpios nuevos y de antaño,
fortaleza consecuente con copones de romero y liberales mentes.
Es ahora que se abren las rayitas de ese animal para acceder a tu gratitud, a tu bondad, a tu comprensión.

La furia, salvaje, disciplinada, lujuriosa y glotona, adolescente eterna, nunca se pierde. Pero hay que mantenerla viva porque es nuestra fuente primeva de libertad y sin ella solo hay etiquetas, solo hay normalidad. ¿Y a quién le ha hecho bien la normalidad, en verdad?
Solo que ahora, así como el Rey de la Tierra,
no tienen un solo color tus rayas.
AHORA, ERES TODAS LAS TONALIDADES DE LAS RAYAS.

 

Abranse los cielos y las lluvias a las nuevas formas del cielo, en el viaje hacia la casa en Sirio, que propiciará el avatar del Conejo.