El rapto de las pitonisas

Hoy cumplo pocos deseos. No soy una lámpara. No soy el hombre que era.
No estoy completo, incólume o libre como el viento. Pero esto sé y sé a ambas manos: viejos ermitaños han encontrado su muerte y uno a uno las rojas huestes que alimentaban los diablos han dejado la mesa, pulcramente, dejando propinas y corazones sobre el diván, abiertos al dolor del frío de la noche y un nuevo alcázar que encontrar en las someras fiestas.

Que sé yo…

Una parte mía, la más salvaje, te destroza. Te muele, te acaba, miles de besitos de agujas avasllan tu espalda mientras con crueldad busco la peor forma de domesticar tus calderos… soy una mañana iraní llena de piedras sobre tu frente, embustera, soy el que con un mazo y una vara encadenada de seis y más víboras devoro tus huesos y el frenesí ahogado miro que nunca sale de tu mente. Observo con mi ojo impasible al animalito que se juraba poderoso, arrogante, alzado en almas y arisco y hoy lo percibo débil, roto, asustado y desaparecido… desvaneciente… observo, sí, con locura entre siete espejos de diferentes casas… esos animales balbucean notas que ninguna garganta humana podría aguantar -solo la mía- sin percibir derrotas.
Y sigo.

Eres peor que una semifusa desvaneciéndose. Eres solamente una falta de stacatto desbordante y una cortísima flor sobre las cabezas. Me irritas, me exasperas y me incitas a la muerte lenta de seis y diez más delirios. Deseo anclarte al suelo con un golpe seco, deseo romperte las mañanas de las cabezas, deseo astillar tus cadenas y avasallar tus lirios, deseo hacerte llorar de ira y de rabia para que se justifique el estupro que hay en cada muro de este anciano patio…

 

hoy soy fuente de argucias, corazones desvanecidos, dos ojos de niño expulsados a la brava y el deseo infinito de atomizar mi dolor con tu fuerza para que llorando reces, como ocultaste en el fondo de tí

que ya no te puede crecer hierba, porque te la cortaron con agua clara y frío verbo,

que estás maldita de sangre o desviada en hielos, pero al fin y al cabo,

tu interior,

sí, esa veta de viñedos, al fin y al cabo…

tu interior deja al paladar un sabor seco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s