Espaciado, respirado, admirado, admitido

En medio del cielo, la noche y dos manos abiertas.
Vivimos los tiempos de la desintegración.

Y sueña. Sueña una voz morena que en el paraíso de las miles de razas de tono sepia, beige y blanco titanio, hay un espacio. Un espacio en el cual la locura de soñarse posible y amable se abre sin cesar y el sueño es feliz no por ser tan blanco como ellos o tan alto como ellos, sino por amarse entero todo lo que compone bajo un cielo púpura, casi delicadamente violáceo, el abrazo fraterno.

Nadie hace danza sin abrir antes su vida, su corazón, nadie es potencia sin cohesionar sus sueños.


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Levitaba sobre Lo Concreto y Lo Argento (i).

Óyeme.

Abre las ventanas, limpia los aldabones, parpadea sin cesar y descubre por ti mismo en tres veces tres qué es lo que te rodea.
Hablamos de tiempos y no estar a tiempos, hablamos de querer pero no poder. ¿Aceptarás una pequeña ofrenda? Desnuda tu voz para que tu piel sepa qué es en realidad beber la luz del verano o la maduración -como fruta suave o vino merlot- que en tí es potente.

Óyete.

Te distrae el ruido que ha generado la ciudad como banda sonora. Falta integración, depuración y limpieza. Te acosa el mensaje de la vida hipersexuada, sin visa ni pasaporte a una realidad concreta, tienes vértigo porque el vértigo lo han empaquetado y te lo estás comiendo todos los días en la mesa. Has abierto una caja de percepciones y no sabes como hacerte responsable por ellas… eres un número más dentro de una gran encuesta, pero ¿sabes realmente a qué hueles, a qué sabes, a qué y en qué te adaptas cuando nadie te ve y recuerdas la libertad de siempre? ¿Hay vida, más allá, del infierno producido? ¿Como yo, sabes que no pueden reprocharte nada, porque al mundo se le cae lo careta y muestra su pueril adolescencia?
No es que la niñez sea nuestra patria.
Es que en el fondo de nuestro corazón hallamos nuestra verdadera infancia.

Óyelos.

Corren. Como lobos. En jauría. Saltan como panteras en celo con tentáculos de mantícora por espalda, sus dientes siempre afilados, sus espaldas poderosas y potentes, sus músculos listos para eliminarnos. Solo el 10% de este planeta perteneciente a una élite –si números exactos fuéramos- cree que tiene el permiso y el deber de habitar y los demás somos mancha de barro, extracto de cemento y bosta bajo sus botas. Tal vez tengan razón: no nos tomamos tan en serio el tema de ser lo mejor que puedas ser… ¡solo queremos una vida sin complicaciones! Pero el sistema mismo mastica, expulsa y luego protesta por la acidez incipiente que le brota entre las uñas, por los lagrimales, por su boca; el sistema mismo te rechaza como mujer y te asegura que cuando llegues a cierta edad “todo quedará en orden” pero es falso y en el fondo nunca dejas de saberlo; el sistema mismo te convierte en un objeto de consumo cualquiera y te pide que aceptes su sistema de mafias para trabajar en él pero te exige la frescura y originalidad propia… para cómodamente empaquetarla y vendértela nuevamente: nadie puede ser top, pro, ultra o über todo el día sin estar conectado a sus propios sentimientos. Todo ello en realidad es complicado.

Y créelo, mientras vives sin conectarte y sin mantenerte conectado, estás engendrando un verdadero Dorian Grey adentro.

 

¿Oíste la canción deslizándose entre el sonido de esas palabras? Es más, ¿oíste la verdadera cascada de las palabras sin ese sonido?

Presiento que el mundo
de un golpe a otro
va a exigirnos tomar una avioneta y levantarnos en almas, para con todos los dedos juntos amarrar, soldar, limpiar y masajear las conciencias abiertas.
Sea poco, o sea mucho lo que nos quede, para poder ser elegidos cortamos armoniosamente con nuestros cables y miramos como cada sable usado
al amanecer de este sol y esta luna nueva
se vuelven de un carmesí intenso…
luego flor, luego poema, luego construcción ecológica, luego la paz añorada del que vació su casa, luego un dulce beso.