Iksijana: al final de un paseo alrededor de una estrella llamada sol.

Lo que nos queda. Manchas de café sobre la mesa. Momentos y voces en estéreo que juzgan o no lo que ocurre. La expansión del corazón y las cantinelas viejas que hacen que tengamos una reportería sobre nuestra propia vida, haciendo que como Silvio Rodríguez decía nos sumemos a la plaza, que abramos las ventanas y se nos escape el alma… la severidad de un espejo nos permite cuestionarnos qué quedará después del fogonazo inicial.

Como es arriba es abajo. Hay que esperar y ver qué pasa, y puede ser, puede ser que solo trabajes para ganarte un salario básico o recibir el premio de la lotería. También saber de la insalubridad del mirar al pasado y cuestionarse sobre el futuro: ambas cosas son irreales, es el viento frío del hoy que al pasar por el corazón revela costas y cicatrices a la luz del día, eso es lo que pesa, eso, eso es lo que en realidad pasa. Vivir bajo soles artificiales, sentirse un extranjero sobre esta tierra. Hallar una búsqueda finalizada y ver una ronda más abierta de cielos al mil por mil en tus propias creaciones. Desear con una vehemencia esteparia llegar a un hogar donde se pueda ser animal domesticado… ¿acaso es tan malo? ¿Es tan malo soñar con un devocionario, por adentro y por afuera de la solapa?

Siento como si astromelias, como si solapas floridas, como si todas las palabras bellas que se perfumaron de colores alucinógenos cuando niño hubieran retornado y a veces cuando la boca se abre no salen palabras, sino labias vegetales que concluyen al aire un ‘te amo’, ‘te quiero’, ‘te deseo’, ‘te espero’, ‘te perdono’, ‘¿no lo ves?’, ‘ven a mí’, ‘quiero ser como tú’, ‘quiero que me veas a mí’, ‘¡hallé el tono que era!’… ‘cuánta belleza en un solo movimiento’.

Tango y Gotán, malevaje, cumbia, sonido, piel negra piel blanca piel india pieles que esconden máscaras de animales traslúcidos de miles de colores; lienzos que son ventanas a aperturas y viajes internos de amor, odio, enfermedad, consecuencia, compromiso, muerte. No consumir, no comprar, no pagar, no hablar, no hacer, negarse negarse negarse y así se niega lo que se odia tanto del mundo que no comprende, jamás comprende, a la sensación de sacralidad y estimulación amorosa que se necesita para que crezca y se sane -amputaciones incluidas- todo lo que alrededor de una inhalación rodea. Madera, medias, mesas, moluscos, besos pardos y voluptuosos iniciados con la letra M. ¿Soy un manejo de nervios hermoso?… nonononono mi amiga, ¡tú eres un hermoso manojo de nervios!.

______Arriba____________*______Abajo_____________

Los seres devocionales solo son posibles cuando aprenden a retornar en sí mismos a casa, sin importar la edad, la raza o el estado físico: hay límites, ya lo sé, y solo un trabajo seriamente constante puede romperlos: ¿soy capaz de sostenerlo sin amputarme la expresión de la delicadeza, lo perfumado, lo erotizable y vital, el murmullo de campanas entre las hojas de prana? Once años de dar vueltas y al fin el dios de la danza Ambara me sonríe y me enseña entre el rostro de Shiva y el rostro de Rudra y el rostro de Bala Brahma la musicalidad posible, giran todos hacia algo dentro de mí para conquistar la espiral que nace del corazón de la madre y ayudar a que el centeno sea libre de todo tizón… ¿para qué?
Te estoy cazando como si estuviera cazando elefantes, estabilidad.

Como es abajo es arriba. Solo quiero sentir cada vez más claro para que me sirve esta caja de herramientas.
Alba, y un millón de mariposas con menos fantasías y una realidad que me desborda, me droga, me marea. No puedo escaparla tan fácilmente. Tozuda, me doblega. Y arrinconado, cedo a ella. Hay días en que lo hago con resignación, otros, con gloria.
Ganas de comerme al mundo y que el mundo me libere a mí. O al revés y contrario qué más da. Cuestionarme para qué sirve el fuego que hay dentro de mí -por ahora le doy el uso de paleta y prisma para analizar lo que pasa en la calle, pero no sé si será suficiente para este momento y día- y me ahogo de tanto querer abrazar.
Trabajos de mierda, o trabajos que no son de mierda en sí pero la paga sí lo es, y ganas de salir corriendo y darle un beso al mediodía en algún país que sea solamente fachada y acogida turística en medio de su xenofobia y devastación emocional negada a través de fármacos y siquiatras de lentejuela y oropel.
Cargar con el peso de la vida de otros seres vivos antes que con el propio. Tener deformidades y contracciones sempiternas que impiden movimiento. No saber si la carga se levantará algún día, pero saber que sobre la roca y el hierro ya no crece solo óxido sino matitas… Miguelito [el de Mafalda] lo sabía bien, todos tenemos un pastito interior.
Existe el interrogante, todavía, del por qué deben haber poderosos que asesinan y se justifican en ello.
Luchas contra un sistema que no había entendido que no está afuera, está adentro y al perder mis miedos, pierde autoridad, pierde poder sobre mí y los que me han sido prestados -no, no existe tal cosa como un grupo de humanos que sean los míos-.

Quedan tiqueteras.
Intentos de exilio. Exilios autoimpuestos para pagar los crímenes de lesa humanidad cometidos.
Hay cientos de renovaciones y cambios, como si me hubiera acabado de levantar y volviera de nuevo al diario trabajar.
Y a sonreír.

A lo que nos queda.

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