Besando sílfides en la mañana de un domingo

Y es que cuando dejé de correr hacia tí, la llamarada fue completa y ascendí en gracia. ¡Vertical, rápido, veloz, súbito! Y esperé miedo o recaídas pero no puedo fallar, sé que en mí, ya no puedo fallar. Ahora mi noria no gira hacia tí, eres espejo y ascendencia que pasó y pasa.
Queda mucho por quemar, pero ya no en una hoguera sino en una forja o en un músculo deshecho.
Queda mucho por concretar, pero mis manos sienten como vuelve su antiguo calor y juego.
Queda mucho por recorrer,
mi pequeña alegría,
pero hoy siento un dolor de parto, de unicornio nuevo, sabiendo que al fin,
contigo o sin tí, puedo hacerlo.

Cada vez que se corre un velo del corazón podemos comprender la hermosa abundancia que recorre, sin cesar, este planeta.
No es cacofónico ni estereofónico y va más allá de sinfónico aunque su anclar es simple, sobrecogedor y polifónico.
¿Lo oyes?
¿Oyes la voz sempiterna de los ángeles? ¿Las gargantas electromagnéticas de sus estrellas? ¿Sí? ¿Eres capaz de nuevo de oír el amanecer de este mundo? Tal vez muchos no lo sepan, pero cuando amanece el día, cuando la parte luminosa del día hace presencia, el calor del cielo se vuelve una llama de tonos plata que puede atravesar toda la existencia al mismo tiempo y es ahí donde los niños, los perros, los ciegos y los mecánicos sienten un respingo, luego una chispa en el pecho, luego calorhumoralegríaesperanzaseparaciónreencuentro y entonces, de sus labios se emite el sonido ‘gracias’.

Hay… el cielo es como un copo de nieve, dentro de un copo de nieve, dentro de un copo de nieve, cristalino, etéreo, potenciado, liberado. Es miles de millones de filigranas que superan toda posibilidad de comprensión; no es Leda Atómica, no, es fragancia liberada. Y es la única fuerza que el sistema -el business– aunque deseara profundamente, no te puede comprar, o suministrar en módicas sumas adictivas por un pequeño precio.
Y entonces, en mitad de la noche, en la penumbra, en la bota pantanera libre de sangre y deseosa de hallar un hogar, se abre un claro y todos los frutos del bosque pueden ser, venenosos o alimenticios, pero frente a tu frente se abren, a tu mano se acoplan, a tu lengua se mezclan.
Si sabes aguardar, si te preguntas “¿cuál es el borde de esta inquietud?”, se abren más caminos de los que puedes comprender.

Me dió a mí flores de cuarzo blanco para regar desde mi ventrículo en espiral, por toda la habitación, en tu dirección
y más allá de tí. Ahora hay una procesión de galaxias y brillantes esferas que se entregan por doquier. Besan en los labios y salen a correr sin perder su integridad. Porque están fusionadas en su inherente divinidad.

El mundo guarda, para tí, si lo quieres, si lo deseas, cosas cristalinas.

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