El sacrificio de un pez…

Dime qué harás.
Cuando te alcance el segundero. Cuando te tiendas sobre la cama vacía de piedra y sientas las punzadas leves pero incesantes sobre el costado. Cuando de una forma, u otra, veas la maldad invadiendo el mundo y cómo la misma penetra por tus poros hasta ser vidrio molido al interior de tu vientre y tus costados.
Los ojos de augurio son potentes, sí y son útiles, pero de qué sirven si no puedes evitar lo que ha de ocurrir… si la soledad completa te ahoga o desgarra.
Intentas razonarlo, le buscas una vuelta, pero la verdad en el fondo del vaso es que ha llegado ese día temido. ¿Cómo era que lo llamabas cuando eras pequeño? Ah, sí. Mañana. Bueno, mañana está acá, está alta, está fuerte y no se va a ir a ningún lado hasta que hables con ella. Mañana está aquí y las personas que se nieguen a su desarrollo van a sufrir. Mañana está aquí y Orwell y un mundo de propaganda de miedo existente a nivel mundial implica un mundo de personas asustadas corriendo como un rebaño y la posibilidad, desgraciadamente real, de ver arder el mundo mientras vivo. Mañana está aquí, es ahora, es el beso mordido a la vuelta de la esquina y la tensión de no haber hecho lo que nos hemos preparado inevitablemente para hacer; es dos cielos, un infierno, una cama catre y miles de mentiras por disolver.
Pero qué harás… ¿qué harás, qué pensarás, qué besarás con la palabra mañana cuando deje de ser simples sonidos y se convierta en un hoy incesante?

Es curioso como todos maldijeron al búho por comprender que en la noche está la semilla del día, pero cómo nadie vió que llora las mismas lágrimas que un águila con su visión sempiterna. Pues ambos están hechos de la misma semilla, ambos vieron las ramas enjoyadas de las acciones futuras, ambos probaron los frutos en mitad de invierno cuando no hay ser sobre la estepa que sepa que existirá una primavera.

 

Propónme algo.
Algo que no sea esta textura acerada de mundo que me recuerda que no se ha terminado la tarea y me da oportunidades de redención envueltas en patas de curachas y seres de maldiciones mutuas indígenas.

 

 

¿Seré un tonto por desear una salida real, no mental, de este infierno?

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