Velas sobre calaveras

Grito desde el fondo del corazón por fuerza para doblegar mi orgullo, vivir más simple, y ser como un mineral vegetal liberado de todo el dolor que me impide caminar sin libertar por haber abarcado demasiado.
Suspiro y desgarro el viento exigiendo un tiempo de liberacíon en el cual no hay ningún remordimiento o temor, pues ya sé lo que debe volver a mí, lo que debe estar, lo que puede en sí mismo, asistirme.

Expulsas los restos del Leviatán para volver a entrar a un tiempo en el cual lo sagrado te permite oler el perfume del yo de nuevo.

Se grita desesperadamente, desaforadamente, por el poder de empuñar el bastón sagrado y exigirle al cielo libertad y potencial infinito para poder abrirse a los nuevos reinos que rodeen a este pueblo de nuevos ángeles y así expulsar para siempre los demonios.
Saturación saturación saturación saturación saturación. Querer volver al agujero cómodo, querer volver a lo que se era antes y tener que rendirse y dejarse llevar no solo para ser feliz sino verse obligado a sanarse para poder avanzar hacia las nuevas dimensiones que reclaman presencia, potencia y espacio.
Desear liberar los canales y volver a ser un centro y medio en la mitad del cielo, una fuerza poderosa que mueve montañas, a la cual nadie debe y a la cual nadie teme. Una fuerza integrada que gira desde lo más profundo de sí levitando sobre razones y sin sabores. Una fuerza que arrasa cualquier intento de debilidad por parte de la pobre humanidad.
La comprensión del cosmos ya no es suficiente. Ahora se ha aunado a mí una furia, ahora mi basura y yo somos uno, ahora somos más que una simple saturación. Somos mierda, desbordamos podredumbre, pero al mismo tiempo, ¡algo ha ocurrido con esa mierda! ¡Algo se ha transformado! ¿Pasión? ¿Potencia? ¿Te ha contaminado el mundo con su asqueroso afán o acaso estás volviendo a unas raíces que desconocías?
Perderse en medio del caos y llenarse, saturarse de mierda, de cucarachas, de insectos que trepan desde el coño y parasitan el poder interno de cada individuo. Retornar a los tiempos de la espada y el poder transversal, ese que con su mano franca atraviesa cielo y espacio y permite la liberación de millones de lunas al mismo tiempo, porque sí, porque ajá, porque se puede.
Vivir tiempos insípidos en su pluralidad. Llueve, llueve almas vacías, llueve dolores semicompletos y diagonales, atravesados como cosas que nunca alcanzamos por falta de disciplina a sacar adelante, pero ahí vamos, en la lucha, en la apertura, en la friega, laburando, rompiéndonos las bolas para llegar algún día a un mejor cielo.
El miedo a rehacerse, a reinventarse, a comprender, comprimirse y controlarse.
Cucarachas, insectos voladores, insectos humanos, asesinos sobre la mesa.
Los papeles, por todos lados.

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