Al otro lado del taller de la Medusa

Cuando se inicia, se inicia en seco. Con el corazón desnutrido, débil, pálido, sin luz y sin color, o el color es artificio y exceso porque por adentro no hay nada que se parezca remotamente a algún poder.
Así que esperas y prefieres ceder, y buscas y giras alrededor o solo dentro de tí pero no hallas un punto medio en el cual te ancles y vuelas dentro de lo que los wirrarikas y la Gran Nación Cherokee te enseñó… ¡arriba vas, arriba vas, arriba vas y arriba se puede! Y vuelves a los días nutrido. Sí algo más curtido, si algo más cansado, si algo más desgastado por el friccionar, sea, pero volvés feliz, vuelves feliz y en media vuelta y vuelta y media liberas los sueños y los deseos para poder estar acá y acá y acá con lo que quieres tener al medio.
Cuando se inicia no hay ni un boceto. Hay un proceso, hay un poder esperar y un esperar poderosísimo para encontrar como unir y reunir. Cuando intentamos que brille a la fuerza algo, cuando bruñimos en desespero algo y nos lastimamos y nos damos cuenta de que a la final, ¿qué acaso no era más fácil el poder liberar ese espacio dentro de sí mismo y confiar en ese instinto puro, esa flor en el loto que todos llevamos adentro? Lo siento perfumado por dentro con esos pliegues así y ahora y por siempre.
Soldar es usar electricidad para unir lo que la naturaleza por concreción y fuego cede al hombre. Ensamblar es encajar, como las articulaciones, lo que baila incesantemente desde su aparente uso o desecho en los ojos del hombre y sus sitema de encapsular almas que ha creado. Metal, metal brutal, metal dulce, metal poderoso, metal masculino, que no cede en apariencia pero que rompe lo macho y recuerda su naturaleza de gravedad de hembra completa en sí cuando se une a otras cosas, ¡dureza pura y pura potencia, cuánto daño pero cuánto poder reside en tu interior!
Acá va, acá va, va de nuevo.
Madera noble, huesos de mis padres y abuelos, vena curtida que las estrellas disponen para ser la emisora natural de la existencia total humana entre los devas y los amantes y los fantasmas y las durísimas rocas que apuro, no tienen; madera que es carne de mi carne y carne de mi hijo, serás noble o serás dura, pero me curto yo y me curtes más en tí cuando te toco con todo lo que soy y peso… tu nobleza es terrible, cada vez quiero usar menos de tí pura y no solo reciclarte, te quiero devolver el agua y la violencia que te desplazó de ser la salacuna del aeropuerto de tantas almas.
Piedra fuerte, razonable, abierta, mansa pero sabia: nadie arranca de tí secretos… pobres los tontos que piensen eso. Pues no eres violable, eres imperturbable, te parten al medio y solo eres en tí misma 2 partes iguales de verdad y silencio impenetrable e inamovible, llenas de amor y fuerza y apoyo sempiterno para todos los seres vivientes. Y minerales, ¡tantos minerales!, tantos hijos tienes que te forman y tanta madre tienes que con humildad bajo cabeza y me entrego a la danza de los millones que significa conocer tu lenguaje secreto de estatus poder y gloria al representar lo que me rodea; bajo cabeza y comprendo que somos todos Pigmalión y Golem y solo el canto le da vida a lo que no tiene en apariencia fortaleza.
Y arcilla somos y arcilla volveremos a ser, un charco no tumefacto solamente sino una fuente de vida… como un limo primordial, como un gran útero y un gran vitriolo y grandes formaciones de palpitares húmedos, nada da más claridad de lo vitales que somos que lo que anida en el corazón de lo primigenio que damos forma para volver libres en sí y por sí.
Gracias a ello y más, podemos liberarnos y al centro volver, depurados del dolor y seguir.

Y por ello Emet y Ngala esto es.

La autoestima de una nación, ahora lo pienso, radica fundamentalmente en el comprender el cómo sus personas más frágiles pueden empoderase en la construcción de objetos. Pulir letras el lindo, va; pulir voces es honorable, quien lo niega; pero el impresionante poder que da leer con los órganos un plástico, un fuego, una luz, un polímero, una tela… ¿cómo podría eso disminuirte? Lejos de mí la sacralidad en un mundo profanamente estúpido e intencionalmente profano… a lo que va esto es a que muchos no lo comprenderán jamás, pero una técnica no hace al hombre, el hombre descubre el rostro de su espíritu a través de un oficio plástico. Y es solo mediante este mismo que su existencia es revelada en el rostro de Dios que le enseña el rostro, demacrado o poderoso, de su propio corazón.
Se empuña la lanza sagrada pero se descubre que ya no es de un fuego vacuo sino de un verdadero respirar y entonces a la piel le crecen ojos y mandalas y todo lo que te rodea es vida, todo lo que percibes es y está tentado por el poder de la textura, entonces el mundo es un gran campo de juego donde liberar esa potencia de las almas que cada átomo, con humildad e infinita impecabilidad, en sí desarrolla sin muestra.
A veces tenemos que comprender que el concretar, el liberar/el depurar, el anclar y liberarse del miedo y simplemente mostrar el latido del tiempo con lo que hicimos con las propias manos, esa instrucción del cielo es lo que nos permite abrir los espacios dentro de nosotros mismos. ¡Recuperamos el cuerpo! Y sí, pero no solo eso. Lo hicimos moviendo poderosas fuerzas tectónicas. Ahora, ahora es cuando ES.
Tanto y tanto tiempo preguntándose por qué, cual era el castigo que se había realizado para tener que estar constriuyendo con las manos las cosas. El ganarse la vida… ¿yo, ganándome la vida con mis propias manos? ¡Pero me estás jodiendo, yo soy más, soy más digno, más, más más más?
…en el fondo, ¿qué soy? El quién me pesa y estorba la espalda, me encorva… pero… ¿qué soy?
Cuando tienes en tí la fuerza, cuando recuerdas que puedes construir, algo en tí te dice que puedes ser el dueño de tu propio destino y de las manifestaciones que él te pueda regalar. ¡Darle, darle, darle, darle y volver a cantar y cambiar una vez más!
Se sangraron. Se curtieron. Lucharon. Pudieron, se liberaron y se negaron.
Es las manos. Las manos se modificaron. Mis manos.

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