Ahogo, casi… con [des] de por medio.

Valor.
Valor. El que hace falta. El que está pendiente. El que necesito que retorne para poder abrir las puertas. El que me hace desear cada día que seas tú, y no otra persona. Tú.
El que me hace buscar entre mis bolsillos y mis zapatos rotos un crucifijo para alejar de la cabeza esas ideas idiotas de que, quizá, tal vez, dentro de un espacio y un tiempo no determinado, ¿puede ser?…

Ira.
Un sentimiento ciego de molestia, de apatía, de completa destrucción. No sé ya que hacer, a veces, para visualices con claridad ese espacio que se ha tornado gris dentro de tí, que le pertenecía a la ciudad y ahora has absorbido, hasta el punto en el cual te destruyes y destruyes las flores que te rodean, sin parar.
Ira. La que me sobra. La que hace maldecir sin mente alguna mi destino que está atravesado por estas varillas de hierro llamadas antagonismos… que me atan a círculos de choque y desgaste que harían ver a Atila o a Shakjanda como unas bellas flores al lado de tus modales de camionero.

 

Angustia.
De verte. De estar con vos y en tí. De que me veas como te veo a tí. De temer por mi vida y por mi corazón porque deseo entregártelo y jamás habré de llegar a tiempo a habitar mi soledad. De tener deseos entrelazados por los cables de los nervios  que arden como llamas pero que definitivamente no ve una mente llena de poluciones nocturnas.

Añoranza.
De la encarnación que no fue, de los tiempos que no se atravesaron, de la ruptura del círculo de baba de sapo, de la conjetura amplia de los que volvieron algún día a emanar las voces, de tu piel tersa y suave cabalgando las letras y los ángulos cerrados de miles de Shamballas y pirámides que solo el sonido puede reconstruir. Añoro el descansar suave sobre los hombros de piedra de algún escultor mientras te veo girar y cantar en el vacío… y sentir que se desliza una lágrima de sonrisa entre las fuentes mientras dibujo de nuevo un septiembre con color primaveral.

Tú no serás jamás lo que yo quiero, pero eres por antonomasia lo que yo necesito. Eres mi cabeza mágica de coral y mi número 9 tatuado en los 8 nudillos de un yakuzamientras se desvanece una etapa y empieza una completamente nueva.
Pronto, muy pronto, seré libre completamente de tí y de tu memoria.
Y entonces, podremos los dos volver a besar y bailar sobre ciego… para continuar con el mundo escrito hace dimensiones cada cuál por su lado, haciéndonos responsables de las delciadas bellezas tejidas dentro de nuestra memoria y piel, tenienod estallidos de luz sempiternos entre bellas formas, acomodados, cada cual en su rincón, a los espacios de calor y soledad que encontró del otro.

 

No somos más que ese pálido reflejo. Y acotarlo es la mejor imagen que podemos evocar. Para nunca jamás, volver a temer.

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Elíptica ronda a la media noche

Porque sí, porque esta noche y este ciclo que empezará desde hoy es seducción y una canción de pobreza y resolución al viejo aliento. Pero acá están las espadas de los arcanos bien bruñidas y la sonrisa del desencanto como primicia… así que sigamos por la ruta menos corta, y el momento más largo, de acá, a cualquier lado. Juntos a la par, tal vez, sí, tal vez como lo visualizaría Pappo.

Nada más triste que la persona que nunca tuvo los cojones para avanzar y llegar a ser libre, sino que arrastró el trauma de la protección que no tuvo,
el amor que nunca la cobijó,
las caricias que no eran tales
y
la potencia que no era nula, sino llen de carencias:
en definitiva, el beso de huesos de los que viven bien, pero nunca son plenos.

Deseo tu muerte causada por lobos y tus ojos, de pobre mariposita ciega, arrancados en misericordia por alguna manifestación de un numen Hindi, para el bien de todos nosotros y el poder de tu santa iglesia. En cortas, no te pido que te mueras, pero siento ningún afán por evaporar tu piel picuda dentro de cualquier alberca de lajas negras.
Si las palabras pudieran hablar directamente con las vocas diminutas que habitan unas gafas, o unos jeans ajustados, o una maleta vieja pero desgastada honorablemente, entonces, podrías saber, que hay tantas voces como ranas eternas dentro de las arpas del día a día en el quehacer de cualquier hombre… y que grano de arena cualquiera eres en este mar. Azul, y doscientos treinta y tres golpes de gris y blanco te hacen palidecer el lastre del orgullo que solo te respalda un papel.

Las cadenas más bellas las forjan nuestras madres con sus palabras ‘ciertas’ sobre la extensión de nuestra inmensidad que ellas recortan sin parar para no tener que cambiar ni cuestionarse lo que les ha de quedar de sobremesa.
La desilusión y el rezo que viaja dentro del viento corre sobre mi cabeza como un dios que necesita entrar a la hoguera -ya todo dispuesto, ya el viento y el óleo bendecido-, un totem que debe arder siendo madera, para finalizar siendo diamante, al final de los ciclos que alguna vez creiste impensables, en el más allá… que súbitamente, se vuele el más acá.

El sueño se transforma en voz de fantasma que transmutado en fiebre se vuelve oro, continenes a un fantasma dentro de las razas perdidas y no puedes detenerte ni a pensar en qué es lo que te debes, al final del día, pues es solamente un beso tras otro lo que te debe alcanzar para al otro lado llegar.
¿Grupo? ¿Parche? ¿Raza?

Solo el más fuerte sobrevive, no el que más se deforma, y negranos nuestro placer de la huida a un lado oscuro nunca está de más, también esla fuerza dentro de la hojarasca, pero limpias al otro día y pintas las paredes de carmín y amarillo mostaza -que más da-, a inmensa y luenga pero fuerte, velocidad.

Uno, dos tres, cuatro y seis más:
te atropellan los tonos sin parar.
Clip, clip, clip, las tijeras avanzan.
La ropa cae, lentamente, gasa y mierda secándose en baños sin limpiar y en la parte de atrás de tu mente
todo tipo de ira se desplaza a gran velocidad, como inmensas arñaas amarillas que corren sin parar.
Giro y doy vueltas al caer en el lapso de los 52 días, mientras las puertas antiguas de las hadas y la hiedra se desplazan para avanzar en el más allá de forma incesante y peculiar a contramano de lo que escribes con tu dedo, vacío y seco, en una ducha, después de una maratón (huera) de sexo.
Uno. Dos. Tres.
Se abre el telón.