14 cierres (I de X)

Buscando entre los archivos de lo que es posible o no cuando uno tiene que abandonar supuestos para dejar de ser un museo viviente -esa necesidad estúpida que nos exigen para ser amados (¿?) definitivamente a medida que más tiempo sobrevivimos- hallé algo que ahora veo es el tiempo de que se despliegue.

El secreto radica en que no hay secreto excepto actualizarse. Cueste lo que cueste.

 

Clase, Orden, Familia, Género, Especie
(muchos son los que chismean pero pocos los que trabajan)

Difícil clasificación
y Bourdieu moriría de emoción,
¡pero cómo no!
a pesar de que las especies no son muchas
si abundan las truchas.

Todos compañeros
aunque no todos meros,
los amigos
y los no amigos,
entre cervezas
y proezas,
todos por igual
una idea se dan,
lo que no es más
lo que si es verdad,
es que entre
afectos y enemistades
pocas son casualidades.

Hay quienes hacen
y quienes no,
y he aquí mi clasificación.
Poco a poco
amigos y no
separan sus puntos con gran decisión.
¡Que tomen posición
pero que hagan por montón!

Entre moscas
y roscas
se atreven a saltar
quienes no han de participar,
y famosas ocurrencias
se han de envidiar.

Fácil entonces es
rechazar
a quien sabe trabajar,
pues la ocurrencia no es
pero si figurar.

No hay entonces ni el intento
como si fuera un convento
pero si la secreteadera
se considera
como si buena fuera,
pues si lo es,
perfiles y nombres
resurgen otra vez.

Poco a de interesar
a la universidad
pues el colador
en la vida está.

Para terminar
lo voy a enfrentar,
a riesgo de parecer pretenciosa
voy a decir una cosa,
y es que aquí
me hago la laboriosa.
—Lina Castañeda

(Tomado de “González #55”)

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Besos al caballete… y manotazos

Queridos profesores de plásticas:

 

 

Por favor, respeten nuestros deseos. Deseamos cambiar al mundo. Deseamos cambiar la forma de validar la existencia. Deseamos potenciar y expandir los límites reales de la libertad humana. Deseamos y con claridad y pasión trabajamos para que esta realidad sea también nuestro hogar, no solamente la realidad que nos venden a través de un dispositivo celular.
Estamos esperando que ustedes lo comprendan; pero, y no seré el único que se los haga saber, no se sorprendan cuando en pocos momentos saltemos a la calle en masa, exigiendo que dejen de decir así es esto en lugar de admitir lo que en el fondo sabemos ustedes y yo: que tienen miedo de perder su subsistencia, porque también han sido invadidos por ese parásito mental, emocional, corporal y sexual que se desarrolla a través de nosotros.

 

Por favor, sacúdanse la modorra. Emancípense en almas para poder llegar a un destino que sea bienaventurado. No esperen, en medio de un vaho y de realidades tozudas, atraer algo diferente de la posibilidad de encuentros fortuitos con la sinceridad y coherencia propia como única regla y sostén de las actividades externas. Sí, sabemos que hay que desconfiar del lado oscuro de cada persona; pero también sabemos que cada uno de nosotros puede levantar sin ningún problema el velo de lo concreto para entrar al reino de lo posible y así materializar lo que puede cambiar al mundo.

Las utopías, señores, se hacen para caminar hacia ellos. Las utopías, señoras, son las que hacen que cantemos sin cesar cuando nos levantamos por las mañanas. Es lo que hace que vibremos hacia un cielo sin fin de una manera concatenada, evitando el pajazo mental y reemplazándolo por el hambre plena del que comerá y pastará hasta que llueva vino del cielo Rojo. Por favor, dejen de pensar que todos estamos cortados con la misma tijera: ustedes y nosotros no somos diferentes, o tal vez, sí… tal vez nosotros conservamos todavía el potencial de liberarnos del cinismo que ustedes, en un supuesto trueque obligado por la realidad navegada, se niegan a usar para llegar a una zona mucho más amplia de potencias.

Apreciadas personas que comparten con nosotros el proceso de navegación, no lo olviden, no se dejen empañar por el mundo, reconstruyan y fortalezcan su realidad. Tal vez muchos de ustedes vivan desencantadas, en su día a día, de su profesión, de lo que eligen enseñar, de las opciones que el sistema da; tal vez algunas de ustedes estén con el alma más paralizada de lo que creen y quieran ahí para siempre anidar.
No lo sé. No me interesa.

Pero una cosa les voy a decir, y no en tono de amabilidad.

Si no son capaces de nutrir las ganas de reconocer el cambio del sistema de parte de los que vienen después de ustedes cronológicamente, quítense del camino. Si están estudiando como forma de subsistencia sin hacerse responsables de las formas nuevas que debemos elaborar todos para alcanzar mayor paz y destino fluido, quítense del camino.

Por favor dejen de allanar al camino de las felicidades que tenemos que encontrar. No las artificiales, no las de sabor a sacarosa.

Las reales, las poderosas, los vinos densos.

Ahí te va.

Abrácennos ahora, que dentro de muy poco tiempo, todos seres cadáveres en vida o en alma seremos… y la responsabilidad de ello, en parte gruesa, bailará sobre sus hombros.

114 golpes antes de Navidad y el Solsticio final

Creo que se puede definir a nuestro momento como planeta con dos variables:
-La ilusión del derecho a la libre expresión
-La ilusión sobre el futuro.

 

Y así.

Entonces en el primero, que es sencillo, lo resumimos como un exprésate como quieras, pero por favor, inofensivo y detrás de la línea amarilla.
Y al segundo como somos los reyes y las reinas de las promesas, que nos hicieron y que les hicimos a los demás.

 

No tenemos un futuro. No tenemos un pasado. Somos deditos atados con cuerdas baratas para poder ser publicidad que nos venda esta o esta otra. Somos leones, hipogrifos, somos la magia de Harry Potter y el Señor de los Anillos intentada envasar en el conservatismo de miles de millones de números invertidos en etiquetarnos el alma. Nadie, nadie con su corazón sano, consideraría la posibilidad de vivir atado a este tipo de sistema sin querer en contraprestación el mazo de titanio con el cual pegarle en el centro y hacerlo miles de pedazos. En fin, que nos atan y nos maldicen y nos vuelven enlatados, cuando somos y podemos ver mucho más.

 

Vivimos con una depresión tan enorme que nos cuesta levantarnos de la cama a salir de la casa a contactar al mundo… porque por más felices que estemos en nuestro mundo individual, podemos ver a muchas más personas sufriendo y querámoslo o no ese ruido de lija áspera sobre madera virgen se nos cuela dentro del corazón. La mejor ofensa que tienen los más ciegos es decirle a otros locos, pero, ¿acaso no está loco el que se jura normal dentro de este sistema construido con la sangre de miles de mujeres y los sueños desangrados de los niños?

Y entonces surge la verdad.
Nuestra realidad ha sido virtual.

Y ahora el planeta empezará a mostrarnos, sin ningún tipo de piedad, que hemos querido ignorar su poder y magnificencia al permitirnos habitarlo. Y a menos de que un abrazo enorme, desde el fondo de nuestro corazón, expulse esa enorme serpiente que surca los cielos como un arco flamígero de una prostituida antigua Europa… a menos de que ello, digo, ocurra,
el golpe frontal no nos llevará lejos.

Nos destruirá a todos.

Pero hay esperanza. Y hay que esforzarse por avivarla. Por mantenerla pura. Por regenerar lo que ya no es virgen pero puede volver a ser liberado. Por completar y limpiarse el alma, al costo que sea, para poder volver a encontrarle un sentido, más allá de las posesiones físicas, al medio que nos está encontrando y arrasando. Cada día. Sin cesar.
El vértigo nos exige una sola cosa: soltarnos a él y soltar todo lo que no sea necesario para estar levitando en su gloriosa potencia.

Y en la mañana siguiente, bailar.