Caracoles modelo 2008.

¿Qué realmente voy a decir, o puedo decir, de lo que tendré que abandonar?

Voy a extrañar la libertad creativa. La posibilidad de explorar y desarrollar miles de átomos de fuerza cada día, buscando llegar al momento en el cual el éxito sea sentir: sentir ganas de levantarse solo a pintar, a dibujar, a escribir, a cantar, no sentir ganas de más, que sea algo más fuerte que la comida o el sexo mismo, que esa pulsión no acabe y nunca pueda acabar de despertarse en mi interior, que sea un eterno presente dinámico.
Voy a extrañar la libertad de vivir en un taller, de que mi cabeza sea puesta en pos de esa libertad y esos colores que sabía anidaban en mi interior pero que nunca podían desarrollarse por falta de compensación y estimulación del medio -huelga decir, de falta de sincronicidad con el tiempo que era adecuado para ello-.

Voy a extrañar la libertad de estar solo, de compartir espacios desde el ser solo, de haber vivido durante cuatro años en una isla de posibilidades, regenerando delicadamente y haciendo el esfuerzo inmenso de nunca rendirse para llegar, algún día, a poder abrir las puertas internas de cielos que no fueran imaginados, sino aterradoramente reales… como los que hoy navego, como los que veo que pueden aplicarse a mi alrededor.

¿Qué voy a extrañar?

Voy a extrañar que al fin pude llegar al espacio de poder desplegarme y ser fertilidad, y justo cuando ello ocurre es que se debe terminar el uso de este sitio, para llegar a otro destino más. Se ha sacrificado tiempo, salud, dinero, posición social y recursos económicos. Se ha desperdiciado y derrochado recursos, se ha cerrado y cercenado aún más posibilidades de recuperación, se cerraron puertas pero se abrieron curiosas ventanas, se ha recuperado (también) de forma increíble la potencia que nunca se había creido posible recuperar excepto en el reseteo bello e inmenso que nos concede a todos esa pequeña puerta plenipotenciaria que yace en el beso de la delicada muerte, se ha habitado más de lo que se creía posible lo epitelial…

Va a ser memoria el querer que llegue la gente que quiero o aprecio para poder abrazarlos y ser con ellos como quiero en este espacio. El mundo que quiero crear en el cual todas las personas son recibidas y no me importa su tabulación social ni su edad sino su contenido vibracional… eso lo tendré que sacrificar para poder trabajar con otras personas y ser aceptado en lo social en el día a día. Esa necesidad no se me puede borrar.

[[Da miedo un poco, andar entre tanta mentira+supuesto y terminar olvidando que se deben extirpar las mismas patrañas dentro de uno para dejar de acolitar tanta miseria confundida con introspección: da miedo el olvidar la naturaleza sabia del lobo para ponerse mal el traje de puta oveja.]]

Da un miedo fuertísimo el abandonar las ilusiones inmaduras para concretar los sueños con impecabilidad, respetando la sabiduría sagrada de ese corazón sin cicatrices que poseemos cuando somos jóvenes y que nos intentan encorbatar en melancolías y proyecciones basura, para que no interrumpamos el sueño de los justos, caimanes vestidos de hadas que navegan las calles (un día sí y otro también) sin parar; eso que nos dicen que debemos olvidar para ser algo o alguien… claro, cómodo para alguien más, no para el corazón propio.
Da un miedo, también, haber cercenado ya todas las opciones posibles de vuelo y quedar atrapado para siempre en lo que no se ha deseado de país, de tierra, de circuitos. No preocupe el caro lector, pues hay un pacto claro consigo mismo, y quedan 3 años para abrir esas puertas. Al final del cuarto año si nada hubiere en realidad cambiado, ese beso hexagonal de las moléculas químicas será muy atractivo [e inevitable]. Oh, y definitivo.

¿Qué dar a cambio, qué retribuir? ¿A quién? ¿Quién realmente tiene potestad para afirmar que apoyó y ayudó, quién puede negar la presencia de lo que se es ahora porque le incomoda y irrita, y qué tanta reverencia se le ha de pagar? ¿Cómo abandonar las proyecciones infundadas para poder, reseteado, tener acceso al poder pleno de una diferente etapa, sin atar ni comparar? ¿Vale la pena, en realidad, un futuro proyectar? ¿O es más válida una utopía y abrazar ese viento cálido y con olor a fruta que sale del horizonte cuando se camina hacia ella?
Esa respuesta está demasiado cruda y solo el desarrollo la dará. No el tiempo. El desarrollo.

Esto de la normalidad y la casa lujosa ha sido una jaula dorada, ha sido una mentira y una humillación constante sobre todo para las posibilidades de emancipamiento: ha sido un recordatorio de física no-libertad y una lucha para que las sombras que posee no me lleven al siquiátrico. Pero me enseñó a luchar contra viento y marea, a nunca rendirme, a confiar en mi instinto y a acordarme de algo: con los años, lo que más pesa es hacer la misma idiotez año tras año y esperar algo diferente… así que eso es lo que cansa. Mientras uno más cansado se sienta a medida que pasen los años, eso es lo que debe tomar en cuenta: las vacaciones, los espacios de soledad son para regenerarse por dentro… pues la vida humana puede ser larga, pero los procesos son manejados tan aceleradamente que la vitalidad se encoge y acorta. Luego la muerte de lo posible. Luego tragedia. Luego el vicio. Luego el desamor y los crímenes en nombre de las buenas intenciones, bajo un cielo abierto que quiere que te perdones sin más ni más.

Quién sabe.

A lo mejor,
esta será la mejor oportunidad real que tenga en mi corta existencia.

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