Lanzas desenterrando

[Oír mientras se lee]

Soy un cielo escarlata bajofondo, recuperando dentro de mí las memorias aciagas de mis padres, con preguntas sobre mi corporeidad y sus mutaciones, aceptando las fallas de la gran apuesta y comprendiendo hoy, día a día, las necesidades inmensamente concretas que implican el ser impecable hasta el fondo con el devenir de esas palabras.

Te hallaré, cristal dentro de mi frente que implanté a los catorce años. Y con una mano limpia, te tocaré y pronunciaré las palabras claras de cambio. No parpadearé en el momento de encontrarme libre de esta ilusión de futuro y esta proyección de pasado: moriré a lo perdido, para poder adquirir rienda y maestría sobre lo que se abre como un abanico de viejo mármol.
Mármol y hierro, arroz y espasmos, erotismo vaciado de contenido por el bien de una casta que a la final es basura… pues todos llevamos ya una gracia por dentro inscrita en nuestra genética. Lo que necesitamos son enemas, ayunos y orgasmos, en pos de la serialidad fluida que nos hereda la naturaleza, en pos de adquirir el verdadero poder del canto.

Veneno espúreo invocado por mis enemigos, tres veces tres te miro a los ojos y sin miedo desarrollaré tus nombres, para tonificar mi alma y los muslos de este sentimiento antiquísimo de existencia, toda vez que se abra al cielo lo que la bóveda profunda de la tierra ya delimita.

Humillación y tres mil cantos. Hora de echarle llave a la nevera, al computador y a las frases viejas, y buscar con las garras abiertas el poder para evacuarse del alma el dolor viejo en cada mañana.
Humillación: la sonrisa lateral que promete nuevas sensualidades pero con la cornisa de los músculos de la quijada torcidos… con esa mandíbula de tiburón en ciernes, nos quedamos atados a las imposibilidades y a las resignaciones que nos han vuelto lo que somos en nuestras zonas más débiles.
Humillación: intentar que la puerta se abra y una vez abierta alejarse cada vez más de las estructuras enjoyadas del inframundo.
Humillación. Dejar de tener la mesa servida no lo es. Buscar con ansia la salida, no lo es. Limpiar la herencia maldita de las únicas formas posibles de trabajo, vida y eficacia, no lo es. Despedir el dolor inmenso de la ingratitud y el estupro, no lo es. Aceptar que si no se suelta el pasado, lo inevitable por el roce social es el anquilosamiento, no lo es.
Pero todo lo demás sí lo comprende, lo abarca y lo sostiene.
Humillación. Concretar las limpiezas como formas de vida y las nuevas formas de vida como universos abiertos a nuevas luces… aún cuando el mundo real se esté desintegrando… aún cuando se acabe de perderlo todo para tener que ganar y empezar de ceros con un nuevo algo.
Humillación. Es buscar entre los huecos del aura la salida roja y azul para, con un poco de nieve, bajar al infierno y aplacar a los dioses ofendidos pero también aplacar a los demonios invocados que se alimentan del sufrimiento y de la raíz bifurcada todavía, es tener que bajar cabeza y aceptar las derrotas pero buscar la fuerza en los arcos abovedados de la Alhambra y de los templos donde se habla hebreo para nunca más volver a estar roto.
Humillación. Es tener, verse obligado a.
Humillación. Es el tener que admitir el beso de la muerte de ángeles invertidos como una posibilidad de replantearse las propuestas planteadas como posibles.
Humillación. Vivir dominado por el miedo a ser descubierto y ser juzgado y ser petrificado por lo mismo. Estar condenado a un círculo vicioso en el cual las fracturas son incesantemente continuas y nunca se puede materializar la libertad de elección sino la de supervivencia, mientras el mundo baila sin cesar en alegría, libre de dolor, libre de soledades, libre de angustias.
Humillación. Temer perder todas las llaves de toda la casa y quedar reducido a unas pocas… ver cómo se viola la privacidad y la maestría y se queda de nuevo reducido al dolor de un par de momentos viejos en los cuales nadie ni nada nos garantiza volver a estar completos. Es incesantemente estar teniendo que demostrar que se puede cargar más, se puede llevar más, se puede ser más alto, se puede ser cada vez más y más hombre, intentando borrar el dolor o renegando de la existencia concreta de un pasado.
Humillación. Es el terror nocturno que se despliega, me quita el sueño, me engendra gastritis, me cohíbe y daña para impedirme la resolución definitiva de abandonar el nido antiguo, aunque este no sea más que un coctel de arañas.
Humillación. Es buscar la salida con una escafandra dentro de un mar de tapetes, tubos y maderas que condenan fuertemente a aquel que piense diferente.
Humillación. No poder soportarlo, no poder aguantarlo, tener que comprender que nada de lo que quedaba estaba bien, porque soy un simple tapete al cual le pasan por encima y no hay nada que perder.
Humillación. Querer ser el mejor, tener que ser el mejor.

Y una raja en la raíz que lleva a la tierra dentro del alma nos indica que la posibilidad de la lucha, no ha terminado. Que la búsqueda de lo normal es solamente la búsqueda de la felicidad de nuestro condicionamiento familiar. Y que nunca debemos o podemos olvidar engendrar nuestro rostro, a como de lugar.

Necesitamos invocar las muertes que tengamos al alcance de las manos, para resurgir rotos los enlaces y realmente conociendo las posibilidades nuevas que abren las despensas dentro de nosotros de hilos y libros sagrados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s