14 cierres (II de X)

1.
Me quito una piel, y otra, y otra.
Y se va derritiendo lo que quedaba debajo.
Descubro que mi interior ha sido un témpano, que ha estado congelado.
Descubro también, como no se puede estar al mismo tiempo, en uno u otro lado.

Ahora estoy con el corazón dentro de dos paredes, dos paneles, dos fuertes vendavales.

2.
No sé para qué buscar reducir aquello que es importante. O intentar quitarle el lustre a lo que fue y es bello.
Después de tanto botar y botar y botar y reír y llorar un poco, es bueno y es consuelo hallar una sola luz en la mitad de la mañana, que varíe entre un meridiano y otro, que permita recapitular con calma.
Porque de eso quiero y mucha, calma… porque de eso y abunda, calma… porque de eso no he tocado, mi tarrito propio está vacío, la despensa sin embargo está llena de kilos y kilos de una fruta larga… y continuar en puntitas de pie, abrazando el tarro que cae y comiéndolo con celeridad. Y calma.

3.
No quiero que desdobles lo que está doblado, ni que te lastimes lastimando lo que no es lastimable. Ni que grites a todo volumen lo que ha pasado, ni que decidas que por siempre se es miserable. Mi querer asume, no maldice así.

Yo siento que hay un tipo de dolor que está full a conciencia, yo creo que hay un tipo de amor que está en la punta de los dedos y que a veces, por más que lo intentemos, una pieza no encaja en otra y ese dolor es lo que más nos desgarra el pecho. Y entonces hasta que yo suelto, no puedo superar ese pedazo del libro.
Yo no quería irme con un vaso de hiel a la cama, no quería perderme en la vera de otros caminos y causar incendios por la silueta ausente tuya. No lo hice antes, aún cuando se me ofreció la copa plena para flama -tentado estuve, pero me latió que no era real y así lo hice, tranquila mi conciencia está-… ¿para qué iría a hacerlo ahora, que en cualquier paso que doy, palpita tenso el duelo?
El masoquismo está sobrevaluado.
También lo mío quedó con lesiones en sus arterias… también me duele que no sea ni el momento, el lugar o el tiempo. Que llueva sangre sobre las cabezas, está bien: todavía quiero seguir aprendiendo.

4.
Te voya hacer una pequeña elegía, o intentaré hacerlo, o intentaré intentaré intentaré intentaré hasta que la palabra vacua me deje exasperado en el suelo y entonces, me despierte realmente el ingenio de un mar que siempre vivo en mi sueño.
Qué te voy a decir que no te haya dicho antes. ..
Me estaba demorando, o mejor, me estaba retrasando a mí mismo para no ver lo inevitable: esa parte se endureció de tanto recibir un full impacto, como nudillo de boxeador que acaricia su mujer preocupada. Sí, nunca hay forma de parar el golpe y el golpe ya está acá.
Voy a tener que cerrar la ventana con parsimonia, o con dulce dolor (elije el nombre, va a ser igual).  Prefiero verte así, libre, fuera de ese desgaste enorme que no cuadra con el olor a cocina y sal con el que relacioné durante eones tu casa, con las ciclas, con la honestidad, con el esfuerzo, con la delicadeza y los nervios, con todo lo poderoso que entoné por tí, porque lo busqué, porque fallé, porque siempre estuviste ahí y nunca me dejaste ocultarme tras un libro. Realmente no sé qué voy a hacer cuando tenga que levantarme por las noches a recoger mi pedacito de cristal de verdad y no te vea ahí como una lucecita con tu sonrisa de duende viejo.
Dejas atrás… abrazos enormes, contenidos, poderosos, bailes, diversión, la mejor de las voluntades, el potencial y el sabor de lo sencillo que, por cabeza dura, no alcancé a comprender a tiempo. Serás otra memoria de aplazar amor por curar heridas: ¡sabia decisión que me avinagra los logros, porque no los voy a poder compartir contigo como siempre soñaba!
Y sobre todo, la búsqueda interna y una gran lección para mí: no hay espacio interno que pueda llenarse con nada que no sea amor. Ese terrible desgarrador vacío es el que nos hace Jesusitos de los Andes.
Y es tan duro saberlo sin duda, pero: cuando camines esa hilera blanca, solo sé que mi amor se irá con vos. Y así estaré.

5.
Estoy ciego porque estoy descamándome. No estoy sin muda, estoy en la muda… y no sé dónde termina o donde acaba mi color arcoiris de escamas vistas por dentro de nuestra piel -la de lo nuevo y lo que he sido hasta hoy-. Estoy intentando hacer un mapeo, hacer un registro, poder darle al mundo así sea solo un tercio de lo que viví, pues ya nada de lo que pensaba que era mi pasado me sirve para poder definir lo que realmente causó y se desarrolló: hay arces, hay maderas, hay vetas profundas de árboles que nunca conocí y otros que florecieron de una forma tan grandiosa que debe haber un límite para las veces que un hombre dice ‘gracias’ en un día.
Estoy…
busco infructuosamente en mi memoria un asalto a mano armada, pero solo consigo abrir más y más y conectar las cosas para armar pequeñas hileras de viento con las que caminar de la mano. Me siento valiente porque tú conoces con qué fabrico las barricas en las que hago vino, y de eso no me arrepiento ni arrepentiré jamás. Me siento fecundo no por las dádivas, sino por las delicadezas: nunca tuve alma de tarántula, nunca la habré de tener… los tratos ocultos que habían estado allí se han ido ya.

Pero necesito más tiempo para poder mapear lo que ahora soy, después de que tú pasaste por mí, definida. Pero escucho un rasgueo y ahí estás. Te doy una canción y hago un discurso, sobre mi derecho a hablar…

¿Pero, y cuando son nuevas palabras y no conozco el idioma sino de a pocos, qué es lo que voy a hablar?

6.
Bebí de una estrella. Le hice daño a otra. Busqué reconciliar las dos. Se abrieron los extremos. Mi mente se volvió papiroflexia. Me llevé por delante caminando una señal de PARE con cadena y cable incluido. Un perro me miró con sus ojos de niño limpio y me pidió que lo dejara respirar en paz. Una niña por la calle se cambió de línea recta al caminar en mi acera, refugiándose en las manos de sus abuelas y tías firmemente, a pesar de ser casi 15 cms más altas que ellas. Seduje con una sonrisa horizontal al ojo de la luna y sentí fuerza en las piernas y el peso de la felicidad, como el lobo que fui antaño y ahora ni conozco… y deseé correr a cuatro patas como un animal por toda la ciudad, sonriendo de placer por estar vivo.
Aislé la sonrisa esquiva dentro de una cruz y esquivé la mentira abierta de la igualdad de los hombres: algunos somos más iguales que otros y queremos romperte la crisma. Bajé de peso kilos de dolor y subí kilos de agua dentro del corazón y el vientre.
Y lavé junto con mis interiores los dos amores enormes que tenía y me encontré con que no puedo quitarme de encima tu perfume de cielo verde.

7.
El día que yo cierre la puerta, ojalá la cierres tú también. El día en que yo comprenda que nuevo animal soy gracias a tí, qué y cuáles y cómo funcionan los superpoderes que me conferiste, deseo que tú también vivas algo similar. No todo lo que escribo es una declaratoria o una nota compuesta para mover el mundo. Pero si por una fracción de segundo puedo conmoverme, y puedo gritar, y puedo hacer valer lo que soy frente a una máquina que me mira con su ojo incesante de producción eterna, entonces lo haré una y otra vez.
No pretendo ser nada más que desnudo, por obra y gracia tuya. Y desnudo camino, y desnudo me hago conocer, y desnudo estoy a salvo del dolor inmenso del ácido y el sarcasmo. Porque aunque este pueda doler un poco, no puede robarme lo que ví florecer dentro de mí. Por más que haya musgo y madera vieja, late, late, late e inhala sol dentro de mí.
Pues de mí emergió un sauco, y la hiedra de los keltas la bendijo,
abrazándose a su fe para siempre jamás.

8.
Aprender de lo que se removió durante el fulgor de Shen no ha terminado. Pero sí ha finalizado un algo, que cuando lo sumo a otros, empiezo a caminar en la dirección abierta.

Tú eras mi adolescencia e infancia y si quiero algún día llegar a estar en paz con el hombre que soy, debo dejarte ser.

Me pregunto qué abrá más allá de la adicción a tu mapa de bits…

me pregunto cuál es la brújula qué la diferencia de la soga y la escalera, querida herramienta.

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Anatomías multipolares, modelo A.C.

A ves somos más que la combinación de los hechos,
sino simplemente,
la arquitectura eterna narrada desde las promesas que hemos hecho.
¿A quién seguir? ¿Cómo amar?
¿De qué se compone el volumen de la creación del propio mal?

Río con los dientes apretados y enuncio tu nombre, y el libro me arroja esta respuesta: Preparar los animales muertos para que conserven la apariencia de cuando estaban vivos.

Dalshmek, Horus. Empecemos.

Los versos rotos son el producto de invocar desde entonces géneros que combinan el filo del vino, el filo de la vulva, el eje de la pelvis, los isquiones bañados en sangre humana y el beso poderoso de las manos aladas que emana el ojo omnisciente de un bebé que estaba muerto antes de nacer… todo son memorias de tiempos en los cuales el arcadio era lengua corriente y valía más un beso de un fenicio que la palabra huidiza de un tebano (y más allá, hasta Trinidad y Tobago tú y yo viajamos). Las enseñanzas para volverse colectivo dentro de una manifestación de ajuares de hierro y acero, con los cuales hacer el amor y picar en rodajas al que por amor se sacrificaba, para como vampiro devorarlo dentro de las mandíbulas de los que se sentían caminar vacíos de luz. Era flor seca sedimentaria, era el terreno barrido de vida por los hombres y su violación pero gracias a manos largas, frías e iridiscentes -como hielo seco-, aunado al beso de cualquier antigua perdida de horizonte, recibir en los besos luengos de la madre Invertida el poder de parir legiones de perdición. Espacio de mares rojos secos soy ahora, viendo a las que fueron realeza despojadas de su manto vagar por el éter sin huésped al que susurrarle seducciones. La matriz es una víscera hueca, de forma de redoma, situada en el interior de la pelvis de la mujer y de las hembras de los mamíferos, donde se produce la hemorragia menstrual y se desarrolla el feto hasta el momento del parto.

Espacios dentro de la médula que convierten en poderosas canciones para las cuales las mentes juran fidelidad a sectas de antaño, rostros que niguna persona se atrevería a mirar, pero sí a invocar su nombres para pagar la adquisición de las fuerzas de este universo como poderosas aliadas dentro del mapa mental cuando uno es pobre, cuando uno es humillado, cuando uno es miserable, cuando la derrota militar es real, cuando el amor de ella es imposible y la posición de sanación es lo último que pasa por la mente: deseo y venganza se aloja dentro del reino de las solicitudes, y cualquier puma de piedra alado con cabezas de eclipse serviría para durante setescientos o veintesietemil años decapitar a las flores que impidan el regreso del mal y a ese arte la vida consagrar. Entonces una mano abierta, entonces río y fuerza, entonces frío y renuncia, entonces la sacudidad de la nueva tecnología y la mano de amante que lleva al portal donde se cierra el círculo, entonces las lápidas de piedra salen disparadas del pecho y los tatuajes escritos a sangre y fuego de la espalda son liberados, y el ojo entronado se expulsa de los discos articulados en hélice de la columna. Las vértebras son cada uno de los huesos cortos, articulados entre sí, que forman el espinazo de los animales vertebrados.

Mis cajas de resonancia miden un metro setenta y ocho centímetros, mi lengua se siente como una lengua bífida, como una serpiente oliendo pacíficamente al pie de un pino viejo… o como una anémona saboreando con su estómago a la luz del mar lo que dejó el rastro de un cardumen viejo en el arrecife… soy sensibilidad y descarga iónica que perciben los que me rodean sin que yo abra la boca. Soy rítmica y desarrollo sin pensarlo, soy un canto de metal y rock sin parar: el golpe y la resonancia parecen un enorme yunque dentro de la atmósfera de cualquier salón. El martillo es uno de los tres huesecillos que hay en la parte media del oído de los mamíferos, situado entre el tímpano y el yunque.
La piel es capas, la piel es protección de rayos ultravioleta, pero a la dermis no llega la luz. La dermis es la capa conjuntiva que forma parte de la piel de los vertebrados, más gruesa que la epidermis y situada debajo de esta. ¿Será que a la dermis también le sirve a seres de antíquisimo rostro para hacer nido y alimento, ya que la luz del sol no les llega, y por eso debemos pelarnos el cuero propio, aprender a ser nuestros propios destajadores, para que al entrar la luz del Sol podamos realmente darle orden a este supuesto amor con sabor a puerto de miedo que llamamos ciudad?
De tu rostro, cuando estaba tomando una ducha al regresar de trotar por calles y carros, salieron perfiles. Eran viejos. Cuando abriste la boca, no habían besos, lo que habían eran arañas. Que miedo se debe sentir cuando un afecto es como una gran vulva enrazada con las patas filudas de una viuda negra… ni siquiera el intento de ablandarte la sensación con un verso de Etta James me lo cura, pequeña, ya no sé si de hecho I’d rather go blind than to see you with someone else sea la dimensión adecuada entre la distancia de un beso de cigarrillo y una cáscara (cualquiera) de fruta caribeña con más flores que los conjuros que he presenciado. Patas de animales que ya hubiera querido yo conocer a través de las caricaturas, sino terriblemente reales, van emergiendo intentando dominar mi anatomía… hacen ellos parecer a un trilobita como una quinceañera bien arreglada.
La sensación de paladear scat a trescientos besos por segundo y tener que quitarse el audífono porque hay un olor: ¿acaso está la nariz y el oído conectados y nadie me había avisado?
Queratina y abrazos desaforados. La queratina es un proteína rica en azufre, que constituye la parte fundamental de las capas más externas de la epidermis de los vertebrados y de sus derivados, como plumas, pelos, cuernos, uñas, pezuñas, etc., a la que deben su resistencia y su dureza.
Besos rojos.

Y en silencio con las manos junto a los antiguos comensales de nuestro querer, estoy acá para desperdigarlos.

Katún añil y rojo

No sé si voy o vengo. O si voy. O si vengo. O si voy y vine y ya vengo. O si las sombras son solamente la manera en la cual nos podemos comunicar tú y yo… o a qué horas el reloj se paró y de golpe las cosas que creía que éramos tú y yo y superyo reflejadas dentro de un perfil de un espejo cualquiera se estallaron en miles de pedazos y me levanté una mañana inquieto por sentirme habitado por temores que había empujado, con celeridad, hacia el final del abismo… y ellos simplemente lo pusieron hasta el final contra las cuerdas, pero sin los vampiros, no hacen más que aparecer acá mordiéndome desde la sombra. Vengo, voy, vine, volveré. Dudo y vuelvo a perderme -retruécanos dentro del pensamiento- con lo cual no comprendo qué es libertad y qué es arriba y cómo es sentirse enraizado, las manos se liberan y se vuelven palmas o palmeras y esta realidad se vuelve insufriblemente real y es como si el paso del tiempo solamente me hiciera la pintura hiperrealista y entonces, me dice mi cerebro, un susurro de hombre sabio envuelve un posible paso, pero la dirección está aislada profundamente del corazón de muchos, muchos, muchos hombres. Andar… ¿dónde estoy? ¿Realmente he avanzado, cómo puedo cualificar lo que ha ocurrido sin caer o buscar medir con reglas de antaño? Y además, ¿cómo funciona, sinceramente, esto de medir los logros? ¿Estar vivo y haber sobrevivido hasta este punto cuenta como un logro, o es una gran nada, es un gran Omega resbalándose con la cera sagrada derretida al borde de un candelabro cualquiera?
Volví. ¿A dónde me había ido? ¡Cómo estaba de lejos, mi señor, de saber realmente las plegarias que quería enviar a tu geométrico cielo, la forma de las letras con las que sostienes a estos universos! Y cómo, cómo pude vivir sin estar oyendo el color en cada ladrillo, en cada textura, en cada pensamiento… cómo pude negar la naturaleza de un cielo ahuecado interconectado en canción y haber perdido tanto, pero tanto tiempo. Hoy temores me atacan y no me dejan en paz, como avispas malditas de un cenicero dentro del amanecer… por ejemplo, temo perder fuerzas, capitular, rendirme, que todos los sue;os hayan sido de una pueirl generosidad genérica, no algo real, no algo de composición abierta más allá de un edificio o un libro, un árbol, un libro. Y si la brújula era mala, bueno, al menos me servía para poderme mover dentro de un cielo de papel crepé pero era mi cielo, y esa y esa y esas eran mis constelaciones y mis besos. ¿Cómo pueden decir que saben qué se hace cuando en realidad, todos vivimos dentro de un entramado de ilusiones gritándole al otro cómo y dónde amar? Después de ir y venir por las avenidas desiertas -en las cuales, sospecho, se hallarán insertadas las memorias de un Nueva York en los años 90 del siglo XX y un abrazo al cielo multicolor de un Buenos Aires que ya no sé si es y las grandes academias que mágicamente habría de visitar…- trazadas en los pliegues de mis manos, me da curiosidad conocer qué ha de ser de mi nueva memoria, porque estas bitácoras viejas han sido expulsadas, la vida de nuevo cabe en cuatro cuadrados de ortogonales intenciones de transporte, viene una incertidumbre diferente pero familiar pero diferente pero similar; esta tensión solo hace que quiera quedarme en tu cama y no salir jamás al mundo… cosa que tal vez no vaya a cambiar jamás. No lo sé. Prefiero trabajar ese miedo a de frente ponerlo a marchar. Prefiero eso que la sensación de haberla exprimido y botado a un lado, como me nace hacer ahora que me intenta decir qué fue lo que hizo o no por mi bienestar, cuando lo principal… lo principal, era estar.
Me fuí. A veces, tenemos que irnos, tenemos que exorcizar los demonios y violar (y disfrutarlo), abusar de la confianza, manipular y amoldarse, jurar fidelidad cuando la daga está a la vista en el cinto: y a veces, hay que invocar súcubos infernales para destruir la identidad, para dejar de ser ese que se era y volver a ser realmente el que se Es. Ver los espejos de la arrogancia detrás de una falda con bolero y un libro y una conferencia y un concierto y avanzar… continuar… despellejarse, lentamente, los sentidos de los corazones hueros para poder concretar los abrazos rotos en pieles en cercanía, sentir dentro del alma que cada cosa nueva es lejía que limpia los canales ocultados por la mentira de un futuro que nunca pudo materializarse en su totalidad, conocer una mente que en realidad estaba plegada al pasado y que su nuevo potencial asusta, inconmesurable en sus intenciones y potencias.
Pagué mi peaje, ¿ya?, ¿ya es suficiente?, ¿ya puedo sentarme al fin al frente de tí y empezar a tocarte con un dedo las memorias que escuché cuando todos decían ‘lunático’ y yo solo estaba sonriendo por la simpleza de la palabra ‘luna’? Volví me fuí regresé viajé en avión volví por bus terminé el taxi finalicé el recorrido en autobús el bondi me alejó el Transmilenio me acunó internet me hizo soñar que algún día podría volver a irme y de pronto de un golpe me desperté y no era para nada lo que me había jurado solemnemente ser algún día, si llegaba a mayor, a la sombra de una iglesia de ladrillo en una catedral que conservaba lo que para mí era la honestidad en persona y su cabeza destrozada.

Y sin embargo… algo me dice que siga buceando a profundidad, para tocar el lecho de lo que parece mar; y entonces, darse cuenta que es ribera, que estoy llegando a la playa, que podré estar ahí, sin sobresalto. Porque el mar siempre seguirá siendo del profundo aguamarina que solo el crepúsculo y las playas de Vega conocemos.