Katún añil y rojo

No sé si voy o vengo. O si voy. O si vengo. O si voy y vine y ya vengo. O si las sombras son solamente la manera en la cual nos podemos comunicar tú y yo… o a qué horas el reloj se paró y de golpe las cosas que creía que éramos tú y yo y superyo reflejadas dentro de un perfil de un espejo cualquiera se estallaron en miles de pedazos y me levanté una mañana inquieto por sentirme habitado por temores que había empujado, con celeridad, hacia el final del abismo… y ellos simplemente lo pusieron hasta el final contra las cuerdas, pero sin los vampiros, no hacen más que aparecer acá mordiéndome desde la sombra. Vengo, voy, vine, volveré. Dudo y vuelvo a perderme -retruécanos dentro del pensamiento- con lo cual no comprendo qué es libertad y qué es arriba y cómo es sentirse enraizado, las manos se liberan y se vuelven palmas o palmeras y esta realidad se vuelve insufriblemente real y es como si el paso del tiempo solamente me hiciera la pintura hiperrealista y entonces, me dice mi cerebro, un susurro de hombre sabio envuelve un posible paso, pero la dirección está aislada profundamente del corazón de muchos, muchos, muchos hombres. Andar… ¿dónde estoy? ¿Realmente he avanzado, cómo puedo cualificar lo que ha ocurrido sin caer o buscar medir con reglas de antaño? Y además, ¿cómo funciona, sinceramente, esto de medir los logros? ¿Estar vivo y haber sobrevivido hasta este punto cuenta como un logro, o es una gran nada, es un gran Omega resbalándose con la cera sagrada derretida al borde de un candelabro cualquiera?
Volví. ¿A dónde me había ido? ¡Cómo estaba de lejos, mi señor, de saber realmente las plegarias que quería enviar a tu geométrico cielo, la forma de las letras con las que sostienes a estos universos! Y cómo, cómo pude vivir sin estar oyendo el color en cada ladrillo, en cada textura, en cada pensamiento… cómo pude negar la naturaleza de un cielo ahuecado interconectado en canción y haber perdido tanto, pero tanto tiempo. Hoy temores me atacan y no me dejan en paz, como avispas malditas de un cenicero dentro del amanecer… por ejemplo, temo perder fuerzas, capitular, rendirme, que todos los sue;os hayan sido de una pueirl generosidad genérica, no algo real, no algo de composición abierta más allá de un edificio o un libro, un árbol, un libro. Y si la brújula era mala, bueno, al menos me servía para poderme mover dentro de un cielo de papel crepé pero era mi cielo, y esa y esa y esas eran mis constelaciones y mis besos. ¿Cómo pueden decir que saben qué se hace cuando en realidad, todos vivimos dentro de un entramado de ilusiones gritándole al otro cómo y dónde amar? Después de ir y venir por las avenidas desiertas -en las cuales, sospecho, se hallarán insertadas las memorias de un Nueva York en los años 90 del siglo XX y un abrazo al cielo multicolor de un Buenos Aires que ya no sé si es y las grandes academias que mágicamente habría de visitar…- trazadas en los pliegues de mis manos, me da curiosidad conocer qué ha de ser de mi nueva memoria, porque estas bitácoras viejas han sido expulsadas, la vida de nuevo cabe en cuatro cuadrados de ortogonales intenciones de transporte, viene una incertidumbre diferente pero familiar pero diferente pero similar; esta tensión solo hace que quiera quedarme en tu cama y no salir jamás al mundo… cosa que tal vez no vaya a cambiar jamás. No lo sé. Prefiero trabajar ese miedo a de frente ponerlo a marchar. Prefiero eso que la sensación de haberla exprimido y botado a un lado, como me nace hacer ahora que me intenta decir qué fue lo que hizo o no por mi bienestar, cuando lo principal… lo principal, era estar.
Me fuí. A veces, tenemos que irnos, tenemos que exorcizar los demonios y violar (y disfrutarlo), abusar de la confianza, manipular y amoldarse, jurar fidelidad cuando la daga está a la vista en el cinto: y a veces, hay que invocar súcubos infernales para destruir la identidad, para dejar de ser ese que se era y volver a ser realmente el que se Es. Ver los espejos de la arrogancia detrás de una falda con bolero y un libro y una conferencia y un concierto y avanzar… continuar… despellejarse, lentamente, los sentidos de los corazones hueros para poder concretar los abrazos rotos en pieles en cercanía, sentir dentro del alma que cada cosa nueva es lejía que limpia los canales ocultados por la mentira de un futuro que nunca pudo materializarse en su totalidad, conocer una mente que en realidad estaba plegada al pasado y que su nuevo potencial asusta, inconmesurable en sus intenciones y potencias.
Pagué mi peaje, ¿ya?, ¿ya es suficiente?, ¿ya puedo sentarme al fin al frente de tí y empezar a tocarte con un dedo las memorias que escuché cuando todos decían ‘lunático’ y yo solo estaba sonriendo por la simpleza de la palabra ‘luna’? Volví me fuí regresé viajé en avión volví por bus terminé el taxi finalicé el recorrido en autobús el bondi me alejó el Transmilenio me acunó internet me hizo soñar que algún día podría volver a irme y de pronto de un golpe me desperté y no era para nada lo que me había jurado solemnemente ser algún día, si llegaba a mayor, a la sombra de una iglesia de ladrillo en una catedral que conservaba lo que para mí era la honestidad en persona y su cabeza destrozada.

Y sin embargo… algo me dice que siga buceando a profundidad, para tocar el lecho de lo que parece mar; y entonces, darse cuenta que es ribera, que estoy llegando a la playa, que podré estar ahí, sin sobresalto. Porque el mar siempre seguirá siendo del profundo aguamarina que solo el crepúsculo y las playas de Vega conocemos.

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