La frustración del campo artístico (x de x)

Creo que no hay nada más difícil que ayudar a recordar a las personas de artes que existe algo llamado LIBERTAD. Que tienes que luchar por ella conquistando tus miedos. Que no hay nada malo con el miedo de convertirte en tu padre o en tu madre, que no hay nada malo con el miedo a la vejez y los estragos horribles que trae -si te dejas-.

No hay nada más difícil que pedirles a estas personas que salgan de su concha y empiecen a abrir sus cabezas, a adoptar tácticas que tal vez no les gusten, pero que serán las mejores para el futuro que se va a abrir de frente, al costado, al medio y suavemente, mientras nos volvemos vulnerables… ¿por qué temen tanto aceptarlas?

Raro el mundo del artista, que profesionalmente actúa como una piraña o un tiburón pero en lo personal es un mar de incertidumbres y ritos anquilosados.

Yo no quiero ser ese artista.

Mi artista necesita hacer revolución desde el amor y la comprensión del otro, no ve de otra forma el presente.
Mi artista necesita atravesarse vulnerable, verse bisexual y crédulo, verse en los ojos de niño con cuerpo de adulto y en las manos de anciano con el corazón vuelto al medio.

El arte no lo concibo como una escisión espiritual sino como una conexión de mundos.

Para la separación, está ya la política.

Así que, ¿por qué no dejarse de pavadas y hablar de alternativo o independiente y empezar a taclear esto de construir el colchón de sueños propio, donde quepan otros, en serio?

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Sobre marchar

Marchar es un símbolo. ¿De qué? Para mí, de querer ir de un estado, de un modo de vida, a otro.
No es puro.
No es coherente por sí mismo.
No carece de propósitos, de necesidades de recursos, de gente que los pone, de gente que omite lo que le conviene.
No es cómodo. Y a veces, simplemente no es bonito.

Sin embargo, me parece más bello el fragor de una marcha que la alharaca de querer que haya un cambio pero no apostar nada por ello.

Yo veo a las marchas como algo inherente a una democracia. Algo que necesitamos sentir, algo que necesitamos aprender a hacer para dejarnos tocar por los demás. Las apropiaciones no importan, los apoyos políticos no importan, las representaciones laceradas no importan –estas últimas menos, los golpes de pecho son para la culpa no digerida y así no se va bien a ningún lado-. La transmutación por el estar presente en el sentido pleno de la palabra -sí, incluido el místico- es el que se necesita y eso no lo logras intermediado por aparatos y sistemas haciendo siempre lo mismo.

Minga”. “Minga es caminar tu palabra.”Y como caminar es un esfuerzo, es poner un pie delante de otro, es respirar y darme cuenta que hay un mundo más allá de mi ombligo y que aunque un solo cuerpo es insuficiente para cambiarlo todo, ese cuerpo propio está lleno de conexiones que hacen un cambio posible.

El mar de mermelada, la promesa McDonald’s de una democracia y el mundo de eterno champán, bit y marihuana más otros sin com-pli-ca-cio-nes, solo sirve para alimentar McMafias.¿Y nos vamos a quedar quietos mientras siguen tragándose todo, con el cielo rompiéndose y la locura como modo de vida?

No.

Entonces, minga. Entonces, aprendemos qué es poner un pie delante del otro, así como en nuestra vida alguien con amor nos enseñó a amarrar una línea de tela enrollada llamada cordón una y otra vez, hasta que aprendimos a ponernos bien nuestros zapatos. Y a cuidarlos, y limpiarlos, y quererlos, y…

Eso, es lo que hace una democracia.

El impulso humano de sentarse sobre su trasero y dejar que ‘otros’ hagan y decidan por mí incuba dentro de sí una fuerza muy fuerte que deriva en el automatismo. Ese impulso es lo contrario de la democracia y justifica a las grandes dictaduras, las quemas de libros, la extirpación del clítoris y la sodomía de niños, todo un gran esfuerzo por aplanar artificialmente la piel deelefante, la diferencia y arruga que es el ciclo vital.
Entonces, por eso es que cuando vaya a una marcha, déjese tocar. Juegue. Reclame su derecho a jugar, a imaginar otro mundo posible. Y tal vez, a fuerza de hacerlo tantas veces, caerá en cuenta que se ve tan bello que está caminando con fluidez hacia él. Claro, fluidez no implica que no haya un esfuerzo detrás, ¿no?
Esfuerzo habrá. Lo habrá. Siempre lo habrá.
Y eso es lo bello. Lo que hace todo perfecto.

Eso, es lo que hace que superemos los conceptos y los pajazos mentales y hagamos comunidad.
Caminamos con otros que caminan en sus perfecciones y sus percepciones para abrir la puerta de un mundo nuevo, cada vez más integrado, coherente, erotizado y diverso.

Hay también personas que marchan en el sentido contrario del nuestro, y están ahí para enseñarnos algo, y nosotros necesitamos aprender porque son otra parte de nuestro propio rostro humano. Simple ambición, codicia, ansia de control y destrucción también son facciones que importan tanto como las más nobles. Sin una la otra no puede existir. Pero si al marchar se queda uno solo en el confrontarse con el otro, está luchando contra sí mismo y a menos de que se pueda arrancar el corazón no sirve de nada eso, pues lo oscuro lo lleva también adentro.
Por eso es muchísimo mejor afilar la atención al marchar, para que no sea una mera caminata que no afecte en nada, ni a usted ni al grupo que le quiere comunicar algo de hecho. Se vuelve algo militarizado, algo de guerra, el andar así.

Camine hacia la paz. Vea qué es paz. Sea usted paz. Y esté en paz.

Y en ese instante que ponga los pies en ese movimiento, antes de que sea muerto y estadística, antes de que llegue el recuerdo y la vejez, sepa que su serenidad y alegría y búsqueda de plenitud le darán la inmortalidad que tanto busca.
Es solo una forma más de celebrar que está vivo. Que usted elige cómo habitar su propio tiempo.

Y por esto, por todo esto, es que hay que marchar.

Fragmentos de un discurso amoroso: Plutón.

Vas a perdonarme.
El atrevimiento, el dolor, el sin sabor, la rabia que mal llaman ‘coraje’.
Vas a tomarme de las manos y me vas a besar la frente y a pedir disculpas, yo lo sé.

Apenas recupere estas plumas de amor peregrino desparramadas por el suelo, vas a hacer lo que miles de sombras de pelvis anchas prometieron conmigo: volver para pedirme disculpas por lo que ya es.

La palabra fue es demasiado amplia como para permitir que le nazca adentro flor alguna.

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Dormí y dentro de mi beso habían espacios que estaban rotos. Soñé con miles de seres, vivos y no vivos, que se retorcían por amor a sí mismos alrededor y dentro de mí… y ví como una brizna de origen rojolunar me recorría y me mostraba las cicatrices como millones de puntitos y pixeles, como si fueran partículas de palabras puestas a secar sobre el amor desahuciado que ahora ocupaba el olvido al ser expulsadas, como costras secas, de mi cabeza.
Desperté y en mi coronilla yacían dos pájaros.
Uno cantaba que el tiempo de ocupar el sillón de abandonado había pasado, que había que venderse hacia otra cosa totalmente diferente. El otro, el otro te lo quedo debiendo en descripción y variaciones. Todavía se niega a que lo abrace completamente.

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Si temo la normalidad, la normalidad me rodea y me intenta engolfar. Si temo la mediocridad, la mediocridad me hace nadar en ella. Si soy incapaz de ver lo que sobra de mi cabeza cuando dejo de parpadear para verme contigo, estoy en problemas y en lo que no es cierto.
Empujo con mis manos canicas que juro que son de cristal pero son esferitas de óxido de minerales de planetas extraños en lenguas extrañas, así paso mis días, muevo mis manos para que sean de cristal pero puedo sentir a veces cómo van retrocediendo, retrocediendo, retrocediendo mis articulaciones.
Lucho contra la vejez como medalla por haber sobrevivido. Chistosa la vida, que te condena a la inversión de valores para la supervivencia… perdés frescura si te lo permites, existe todo un aparato para que te sientas feliz por ser cada vez más vegetal, mientras en estos años solamente deberías regocijarte en que conoces las llaves para cada vez ser más vital.
Lo triste es que eso solo lo puedes celebrar tú.

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Tal vez no entiendas que desde el canto de mi mano se desprende un aroma enorme de compasión. La razón por la que quiero hacer todo esto, la razón por la cual quiero que oigan, es porque quiero que yo pueda oír el murmullo del mar y el pulso de una montaña sin tener que estar rodeado de las reglas tontas del hombre. ¿Qué estoy dispuesto a sacrificar? ¿Qué quiero sacrificar? ¿Si sigo este camino, voy a poder mirar atrás en diez meses y decirme a mí mismo que sí, apruebo la contracción y el estiramiento, el dolor se volvió dulce victoria y valió la pena?
Me siento como una pira sentimental que flota en todas las direcciones girando en caída de celestina con estrellas que no se pueden degustar bajo un marco en el cual la dirección de la historia tomó un curso y yo, errores o no, tomé otro; ahora somos colores y sabores diferentes, ahora lucho por integrar ese cuarzo roto luego de moler las culpas como polvo de nuevas creaciones, nuevas pinturas, estoy sobre todo buscando con ansiedad cómo cantar la lengua franca de las nuevas emociones que me regalaste al perdonar mi cuerpo sobre tu mesa de quirófano, madre.
Yo siento que el mundo me quedó debiendo tiempo y me quedó debiendo matriz. Que por más que lo intenté, no cupe, no ocupé el espacio que podía ocupar por pura negligencia y ahora tengo como una combinación de luces electrónicas sobre mi cara, como una LED, tengo una imagen espectral en la cual veo cómo parpadea y se desvanece un sueño de vida, mientras se disuelve la posibilidad de vida y quedo lanza en mano, cazando la comida de otra vida, abriendo sus opciones.
Algunas personas desean haber nacido antes para ser lo que realmente son. Yo hubiera deseado haber nacido 10 años después, para haberme evitado todas las desgracias y dolores que curten el sentir afinidad natural por hematocritos en clave 8Bit, dejando de sentir esta culpa tan necia, tan infantil, por gozarme el presente en lugar de vivir de las fiestas pasadas como un mediocre.

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Después de un tiempo te repites, pero no por fuerza del destino solamente, sino por opción. Entonces quieres un cambio de vida. Quieres un cambio de fortaleza. Quieres modificación pero hay agarrotamiento. Agarrarse de las últimas ramitas de lo que te rezó tu madre y te amplió tu padre como modos de actuar y desear porque se ajusten a tus experiencias.
Saltar de negación en negaciones, mientras el agua nos lleva a todos hacia un mejor lugar, un mejor mundo, un espacio en el cual perdemos la debilidad de las promesas.
Viento, juego, fuerza y salsa. Abandonar lo cíclico y desesperadamente evitar el borde de tus labios, que son la promesa en el recuerdo de un mañana mejor juntos, encarando el mundo como dos locos de plenitudes, sintiendo que yo fallé a la mitad de mi acuerdo de posenamorado -como cuando comía demasiada azúcar sabiendo que me iba a dar caries pero de alguna u otra forma quería la sensación del poder actuar sobre mi cuerpo sin que lo restringiera nada sobre este planeta-.

Agito frente a tí como un pañuelo el espacio breve en el que se transmutan mis pensamientos. Qué decirte. Qué hacer contigo, con tu sueño y con el mío, con el alcohol rebosado de los que comen a deshoras -forma de matarse lenta es esa-, con jurar que se avanza y ya lo ves, hallarse amarrado sin razón a esta vieja roca, perdido entre lo que quiero hacer y lo que me toca.
Humillado en la comprobación de que no hice nada y que tengo que empezar desde abajo. Siempre, desde abajo.
¿Será que la dificultad es para mi encarnación más que un estado, una posición sexual? Ya me lo voy preguntando…

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Arrojo cartas desde la sinrazón del abismo. Sentado, no veo cielo, no siento tierra, soy un mimo nadando entre la oscuridad de su realidad virtual y los fogonazos de una vida alterna, en la que el éxito y el status social se alcanzaron a pesar de sí mismos y de todos los demás. Entonces fuego, Luna, mesa pintada y hojas rojas. Entonces paz, huída, liberación y promesas alzadas a las patadas, un bebé en mis manos dos segundos antes de ser lanzado por un séptimo piso de un hospital a una avenida rota. Entonces martillear suavemente las teclas y las mentes reconocerlas como perdidas.

Necesito, es claro, algo: necesito un amor que me brinde la dirección al desenfoque de fuerza que ahora me recorre con la excusa de llamarse ‘mi propia vida’.

Desconfío naturalmente de las personas que se justifican diciendo que no hay nada allá afuera para ellos en el mundo. Es más cómodo vivir dentro de la casa, es más cómodo no cambiar de estado, es más cómodo expulsar a las personas que te rodean que realmente desintelectualizar la vida y desafiar los arcanos. Yo ya no quiero salvarles, no quiero salvar al mundo, tan solo quiero salvar mi pobre y vapuleada alma de nigromante… ¿en serio te parece, a estas alturas del juego, tan extraño?

Creo que no. Creo que no estoy dispuesto a sacrificar más por los demás, a entregar más, en pos de una recompensa y una piedad que no van a llegar jamás. Te lo digo de frente: beso hoy por hoy cada palabra como si fuera un espada corta con la que he de desafiar a un conquistador, y no me interesa lo que otros esperen del viento en contra, querido hermano. Porque después de tanto horadar en el alma, estoy luchando por mi supervivencia y mientras me convierto en el mejor cazador y recolector de oportunidades que pueda ser, no me voy a dar el lujo de perderme por la promesa vana de una mano abierta.
Y me cansé de hacer elipsis, de juzgarme como indigno de libertad de pensamiento y adolescente por seguir lo que realmente quiero y debo. Ahora veo cómo estaba de herido y de ciego, ahora quiero dejar de repetirme todos los días, para contener un rojo de vampiro y francotirador muerto, las palabras ‘necesario’-‘ciclo’-‘normal’-‘propósito’. No quiero bañarme en la fuente de una hipocresía que intenta darle mayor trascendencia a algo que no es tal… y me veo en el espejo de obsidiana y me corto de forma ritual una a una las siete capas de la piel, amando como se deshilachan las fibras de maíz alrededor de lo que realmente se generó en mi interior en el tiempo en el que me exilié de este mundo. El hecho concreto es que lo que tememos es nuestra mutación, es en lo que nos convertimos. Y ahora no tengo más puente hacia el infinito que caminar sobre esa falla para trascender.
Pero iré a dormir esta noche sabiendo que cada fragmento, cada lienzo roto que llamo piel se destruirá. Porque no podía dar lo que no tenía adentro. Y ahora que lo tengo, solo puedo reforzarme este hecho: nadie más va a correr por mí la maratón del Averno a los labios de Adonis. Nadie más va a tallar un torso de mármol y a lamer el jadeo del aire después de soltar entre mar-sudor-lágrimas el placer y dolor que ello conlleve.

Nadie tiene derecho a decirme qué vivir o cómo desde el ojo del hombre, si los caminos se desviaron y mi especialidad abarca los mundos prohibidos al ojo del hombre común. Y ello, será realidad o será potencia, pero jamás será invisibilizado.

Nunca más.