Tamizando oro de hierbas

No quiero irme a dormir sin manifestar algo.
 
Yo me acuesto a veces con la ira enorme de no desear trabajar para un sistema que sabe ponerme peso encima, pero siente placer sádico en violar las florecitas que conozco y que voy poniendo sobre su vereda.

Y me da a veces un placer sordo la idea de combatir, pero también, de cambiar de planeta.

La frustración del campo artístico (xii de xii)

[Nota de Autor: Este post tiene dos formas de leerse. Una de arriba hacia abajo. Otra, de abajo hacia arriba. En cualquier caso, solo ponga la música y empiece a leer. Ah… y feliz viaje]

Que finalicemos el proceso entero de transmutación de un hombre cualquiera a el hombre pleno que puedo ser, sin ansiedad como presupuesto en la cartera. ¿Angustia? La que quieras -Silvio Rodríguez en eso tiene toda la razón-. Pero ansiedad: cero.

Que no me baste la plegaria para cada día estar protegido de hacerme daño y evitar hacerle daño a los demás. Que me vuelva yo un solo acto, tanto de Broadway como de alineación estelar, cada mañana, cada tarde, cada noche. Que yo camine cada vez con menos peso en los hombros, sin culpa de sentir la conexión que siento, lejos de los deseos de personas que no comprenden cómo habitarla, lejos de pensamientos y palabras para sacudir las cabezas podridas que impiden que el agua de nuevo corra sana.

Con esto no quiero justificar las castraciones, las ruedas con palos, los arranques trancados, las muletas invisibles de madera podrida que tenemos que usar para caminar. Con esto sí quiero decir que así como es necesario recuperar la valentía de expresarse y asumirse como un foco de desarrollo y de conexión de percepciones (que es a lo que llega una persona artista cuando su trabajo es pleno), así mismo es necesario recuperar la serenidad y fuerza para tener tantos orgasmos seguidos como queramos transformando la vida en un sibaritismo y alegría amplios, con profundidad y carisma, con remordimientos vaciados. Tal vez se pierda un poco de control, pero lo que está al otro lado del muro de hielo es el poder propio de la sensualidad, y ese es un dragón que es necesario aprender a caminar con él, para un día poder montarnos en su lomo y poder salir volando, para reírnos de tanta pendejada universal.
Erróneamente nos dicen que tiene que ver el placer con no meterle cabeza sino probar, dejarse llevar. Claro. ¿Y esa angustia, ese dolor se apaga cuando lo hacemos? No. Surge una costra encima, pero el dolor, la inmanencia de sentir que no se goza pleno, sigue: no es una voz en la cabeza, es un malestar corporal. Luego algo no está bien. Algo más debe poderse hacer. Por eso nuestro proceso artístico solamente se vuelve fructífero y pleno cuando encaramos ese factor. Aprender a amar la fluidez de la vida implica un solo momento de decisión, pero toda una vida de práctica para (sin remordimientos) aplicarlo.
Algunas personas venimos a este mundo a recuperar la noción de placer. A reaprenderla, resignificarla, cocrearla. A gozarla de otra forma. A unir el deseo de un placer luminoso con el deseo de cuero, látigo, espuelas y humedades.

Reemplacemos las palabras.
Lo opuesto de la degradación y la destrucción como actitud preestablecida desde el a(A)rte atacando a los centros del poder  es la decisión de entrar en una vida plena de desafíos orgánicos: somos ya seres cibernéticos, bueno, entonces hagamos la fantasía de todo comic realidad: transmutémonos en seres tecno-orgánicos. ¿Y cómo realizarlo? Aprendiendo a reciclar. Aprendiendo a recuperar espacios de reciclaje. Aprendiendo a cambiar el cableado mental mediante el ritual para la expulsión definitiva de los anclajes de consumo que rigidificaron las neuronas y nos impidieron estar ahora, proyectándonos, con esa amplitud propia de los buenos espíritus.
Lo opuesto del “vamos a destruirlo todo y además es lo que está de moda, luego, me paga” no es un paganismo reencauchado, no es la obsesión por no caer en ismos. Es la postura de zazen, es la postura de zeiza, es la comida y el agua en cantidades abundantes, es el preguntar “¿qué diablos hago con todos estos residuos de vida que ya no son míos?, ¿a dónde los llevo para que se vuelva una nueva humanidad?”, es el pasar de la estrechez porque se considera como forma grandiosa de vida al uso responsable y abundante de los recursos de la Madre Tierra como proyección permanente de vida que atrae riqueza por estabilidad, no por consumo desaforado. Dicho de otro modo lo último, es atraer la plata para comprar lo que necesitamos y deseamos, el influjo de caja que queremos sin volvernos los Homo Faccio Consummistas que tanto criticamos en nuestros padres y madres.
Lo opuesto es pasar por ese aprendizaje e insistir en el poder del cableado nuevo. La idea es superponer a la onda magnética de una idea la onda sana completamente opuesta, para realzar el poder que tenemos. Lo necesario es que todos los artistas que trabajan con el cuerpo empiecen un proceso de desintoxicación de drogas de un año, para poder realzar realmente los tejidos que tienen y darle la vuelta de tuerca que tanto desean al sistema porque se decolonizaron por dentro del modus vivendi: en un mundo de adictos, no hay nada más revolucionario que el ayuno, el enema, lo zanahorio.

Reemplacemos las palabras.
Para mí, creo que no deberían existir propuestas que apuntaran a crear un ejército de artistas nuevos, sino un micelio de artistas nuevos, o una simbiosis de artistas nuevos, o quizá un DiversiPanal de artistas nuevos. El artista pasó de l’ art pour l’ art a el punk por el punk y se juró que estaba avanzando… pero es incapaz de poner en cintura a CocaCola, pero es incapaz de poner en cintura a Glencore Xstrata, pero es incapaz de reclamar su mente como propia, pero niega lo trascendente y lo ansía a punta de gramos de cocaína. A mí no me da pena decir que escribo para la mente nueva hoy, porque el mañana no tiene acción para mí y el accionar de la memoria del ‘hace unos años’ lo uso para vaciarme de otras intenciones: no me interesa ese modus vivendi en el cual queremos los latinoamericanos un Renacimiento que no nos pertenece, así como un Barroco que solo nos trajo sangre y un posmodernismo que solo es sangre degastada con lavandina, porque no puede aportar nada que realmente sacuda este sistema sin anarco-destruirse.

Yo veo que adolecemos, que somos adolescentes, que la adolescencia social llegó a su fin y entramos en un periodo en el que hasta el mismo cielo tendrá otro color y otros nombres, sin rendirnos pleitesía y sin la intensidad de jurarnos ombligos hormonales del universo. Y no soy digno de habitar ese sendero a casa, no a veces. Y por eso, reconecto.
Yo quiero conectarme porque brinda paz, serenidad, una fortaleza sobria que me permite moverme sin el dolor de sentirme abandonado a una cierta miserableza que es, a mi modo de ver, la única opción que elegantemente me regala este sistema de producción, como un hombre gordo que ha sudado alcohol estando fusionado a una mujer, masturbándose en su interior, botando lo que para ella representa su próxima cena en forma de hoja de papel pintadas con números, encima de una mesa cualquiera de país cualquiera.
Yo quiero reconectarme porque necesito saber a qué saben los frutos de un mundo sin pena, sin dolor, sin exorcismos de virilidad en las fotos de la prensa.

Algunas personas nacemos con un desafío muy grande. Ese desafío es el desafío de conectarse con la Tierra, con lo que representa la naturalidad y la fuerza de la misma. Se nos pide y exige que seamos fieles a otras cosas, pero no podemos, porque eso es lo que desafía y amplía nuestro día y noche: el recuperar los lazos con la que nos sustenta a todos.
Muy lejos de mí está esa ilusión de que todos somos iguales como una gran nata blanca batida: todos somos igualmente constituidos, pero no todos estamos igualmente desarrollados espiritualmente. Y las grandes mafias corporativas y eclesiásticas lo saben, y por eso capturan tantos adictos, porque en un mundo de locos o tú elijes un desatino controlado o alguien elije para ti tu esquizofrenia con arias exquisitas como modus vivendi perpetuo. No hay puntos intermedios en ello, es otro plano y otra vuelta en el tango la que se abre frente a ti cuando lo admites.

Debería importarnos porque todos somos uno. Debería importarnos porque estamos conectados. Debería importarnos porque nunca, jamás, estaremos tan cacofónicos como lo estaremos cuando nos alejamos de nuestro centro. Pueden surgir las ganas de pelear, de decir que no es importante, que el nihilismo es la única opción, pero eso lo dice solamente el que no siente la savia debajo de los pies, ni huele el amor de los árboles, ni oye en el viento contaminado –todavía- caricias de amor, ni el que siente que el cosmopolitismo es bello, pero poco o nada tiene que ver con una vida sana para sí mismo… no como te trata, no como te oye, no como te desconecta, no como te miente. Eso lo dice el que está dispuesto a ser comida para otros seres.

¿A quién le importa? ¿Por qué debería importarnos? ¿Por qué no deberíamos morir jóvenes y quemarnos en vida?

Nadamos en un universo de petróleo pero luego nos preguntamos el por qué está todo a una chispa de distancia para incendiarse…
Mirar que esa podredumbre también te ha afectado. Tienes un mundo lleno de inmundicia y basura por dentro y no eres capaz de hacer levantar cabeza ni vientre. Como los verdaderos hombres. Como un ser completo. Como si no fueras una rémora.
Es ver como el interés inicial se rompe y desespera.
La memoria de un mundo mejor corre sempiterna. Deseas, desde el fondo de tu corazón, que no sea mentira, que las personas se detengan a escucharte, a oírte, a comprender lo que está pasando al frente de ellos, ahorita mismo, en un espacio alivianado para sus caderas. Rejuvenecimiento total para todos como modus vivendi.

Es la enfermedad nativa de cualquier persona nacida el borde del tercer milenio del calendario tributario romano.
Es por amor a la Tierra. Sus conexiones, lo que la compone.
Es por imaginación.

Americanías

Latinoamérica no es un pueblo al sur de Estados Unidos.

Latinoamérica es un inconsciente colectivo que se caracteriza por la unión -pendiente- de las dos sangres que le complementan, Latinoamérica siendo un cuerpo de voces que no son armónicas porque no se reconocen visibles, Latinoamérica como abrazos desviados de un cauce natural si no se tiene cuidado alguno.

Latinoamérica como experimento. Latinoamérica como forma de vida. Latinoamérica como vaciar la palabra tantas veces que adolecemos de reconocimiento del peso cultural que implica el ser mestizo entre, ¡hasta dentro de dos mismas naciones, como Bolivia y Colombia, Argentina y Colombia, Haití y Costa Rica, Panamá y Brasil, eso ya es demasiado para nuestras mentes porque están gimiendo las memorias!
Latinoamérica es la prueba fehaciente que los cuentos de hadas existen cuando se ponen a andar y no cuando descansan sobre un periódico: los periódicos, al fin y al cabo, están ahí para dramatizarnos la vida, no para desarrollar o acompañar su natural tejido. Latinoamérica entonces, ¿estará muy pero muy pero muy pero muy lejos de los periódicos?… ¿toca aprender a estudiarlos para dejar de decir como un ancianito ‘¡a mí no me engañan!’, sino refrescarse mirando hacia adentro?
Latinoamérica como un viaje iniciático con sustancias varias.
Latinoamérica como el sueño húmedo de sustancias que abren la percepción al color de los diálogos internos y a los más avezados, los cosmonautas, a las conexiones de trascendencia que superan lo que la sintaxis ponga en palabras. Latinoamérica como el deseo y la fertilidad inmanente que continúa seduciendo a Holanda y Tokyo para yagé enlatado, brotes de peyote ‘mejorados genéticamente’ y salvia-coca-cannabis adornando pasteles.

Latinoamérica como pináculo del contraste entre ser rico y ser pobre. Latinoamérica como la joya de la corona de la justificación mental del ‘devórame lentamente todas las verdades a punta de aguardiente y sexo’. Latinoamérica como una lasagna, por capas de crujientes escondiéndose en un mar de hervores, definiéndose por la temperatura y lo que chorrea por los bordes más que por el valor de su contenido. Latinoamérica como la nutrición encogida de la mente en cuerpos con quince centímetros más de talla. Latinoamérica como un guión de teatro que debemos escribir a cinco manos todas las personas que podemos hablar coherentemente… a veces pienso que mi mayor crimen es el solamente hablar pulido en castellano, que me estoy debiendo más de la mitad del continente, que tal vez, solo tal vez, el mejor tiempo esté por venir y un leve escalofrío de la inmensidad del tiempo de antaño vuelto hoy presencia, vuelto hoy manifiesto decisivo y extraño. Latinoamérica como un beso que se desliza entre cada ventana enrejada, cada cobertor de almohadas desgastado, cada sábana salpicada de comida y de sangre, de corporeidad y paciencia, de lejanías que se vuelven tontas porque al pasar el tiempo no hay debilidad que no quede al descubierto. Latinoamérica como graffitti repetidos por las autopistas de una ciudad que le gusta que le den por el culo, pero por las buenas costumbres de un señor con sotana que no sabe nada de sexualidad sana, niega lo que le amplíe ese grisáceo manifiesto que tiene por arquitectura.
Latinoamérica como densidades, como la población más joven de todo el planeta y la timidez solitaria de tener que regresar al origen de la serpiente para esta vez, sí, esta vez avanzar, sí, esta vez no deberse a nadie y por nadie complicarse y de nuevo poder emigrar. Latinoamérica es un baño de albahaca, destrancadera y plantas de yagecero. Latinoamérica es el miedo telúrico a ser la sombra eterna de lo pacato y atermorizado, a punta de bayoneta y glande, de todo este pueblo.

Latinoamérica es la contracción de la presión social que en este momento me permite ver diamantes… aún cuando ellos mismos no los conozcan como tal. Latinoamérica es también la reproducción del que cree que el sistema funciona, cree que la justificación no nos abandonará y que los militares ponían todo en orden, también es la ceguera de las generaciones jóvenes menores a 24 años que nunca han vivido un estado de conciencia profundo como para reevaluar eso. Latinoamérica es una mujer joven en un taxi haciendo catarsis mientras va a la casa de un supuesto chamán que después de haberla enredado durante meses la violará plácidamente, mientras su corazón no metabolizará las heridas sino a destiempos, mientras su evaporación de Arcadias sucesiva se deberá a la fatalidad de un continente.
Latinoamérica también es la mujer que va por la vida actuando, porque no le da el corazón para reconocer su propio destrucción y abuso, con los pies en la tierra, que tan lejana está del pulso acelerado de la cocaína y el byte. Latinoamérica es el abrazo en un hostal del que vino a conquistar cuerpos y finalizó conquistado una etapa de su ser, lléndose a su continente de origen con cicatrices amorosas en la espalda y una linternita para ver el palacio enjoyado de las diferencias que todos llevamos por dentro. Latinoamérica es la mente enana e inane de las chicas jóvenes que son al mismo tiempo objeto del deseo y objeto de condescendencia, porque nadie puede tomar en serio a la persona que confía su magnanimidad en su apariencia de madurez o potencia plena. Latinoamérica es el baño diario de sarcasmos y quejas sobre lo prohibido y rechazado que es el continente, en lugar de la amplificación del avance de un continente que, colmena extraña, habita al mismo tiempo con abejas, escorpiones, colibrís y quimeras dentro de un solo panal… porque todo es perversamente dulce en esta tierra, hasta la tierra misma lo es.

Latinoamérica es un viaje de estados alterados de conciencia que está hasta ahora haciéndose consciente del inmenso daño que causó el no digerir su miedo por parte de sus papás y abuelos, qué tanta libertad le han quitado esos miedos… es un niño adolescente quitándose los barros, con el peso del mundo entero sobre sus hombros y reclamos de manutención y comprensión cuando nadie le da una mano, buscando entre las flores que se materializan paulatinamente una con forma de caja de resonancia azul y ámbar para cantar la sanación posible.

Latinoamérica en presente se conjuga con desilusión, reinicio, amor, transmutación, sensualidad en Fa# Mayor… y frontera nueva.

El vientre blando del dragón

En la madrugada, desempolvo dos pañuelos y tu memoria.

Tus labios,
el ángulo de tus ojos al sonreír,
el aleteo que te persigue al caminar,
tu espalda ancha y tu estilización de colibrí,
tu risa de color madera y las vetas de otros cielos sobre tu cabeza.

Uno más.

Tu caminar de osito,
tus ambiciones desmesuradas para tu pequeño paso,
el tendal de caricias que impresionaban,
los besos a las cuatro de la tarde que harían soñar hasta a una estatua…
y se suman al caminar irrigando mis sueños,
sembrando con cuidado el amor,
paladeando con delicadeza los abrazos que se habían perdido,
perfumando los sueños de un color celeste precioso,
mientras con la cabeza se hacía un nudo en mi mente sobre un desconocido pero ya posible
París.

Y entonces toco el borde de la barca y con las manos la empujo hacia afuera de mi oquedad.
Muerdo una almendra, luego otra, luego agua, luego nada más.

Metiéndome las manos en los bolsillos, salgo a caminar y aprendo a no pensar… corrijo, aprendo qué es no vivir más con vos.

La frustración del campo artístico (xi de xi)

El beso de la muerte a la carrera académica de haberse dado cuenta de que no es solo cuestión de compromiso artístico, es cuestión de sinceridad con el nivel de radicalismo y el nivel de comodidad propio, el nivel enseñado, el nivel imitado… y el nivel que necesitaremos para en paz llegar a buen puerto.

200 gms de bicarbonato de sodio para exfoliarse la piel, el alma, los dientes y el intestino en pequeñísimas dosis en vasos de agua.
Peso del amor.
Evolución.

Una vez le oí decir a una persona que no estábamos listos para el cambio. Que eso lo haríamos para dentro de veinte años, para dentro de treinta, cuando la sociedad no estuviera tan inmadura.  Que por más que golpeara la puerta, la gente cambiaba cuando estaba lista a cambiar. Y punto.
Eso me recordó el cuento de la piñata y los niños pobres:

“En una fiesta de unos niños ricos, todos bailaban sin cesar. Afuera, un grupo de treinta o veinte chicos miraban con el estómago crujiente la comida tan rica que caía de las fuentes, las piñatas, todo lo que se inventaron para la alegría de estos privilegiados, desde la vista de la venta que regalaba un viejo árbol de mango.
Un chico rico, conmovido, convenció a sus padres y amigas de que pusieran una piñata afuera en el árbol. Colaboraron con toda la fuerza que tenían. La piñata estaba rellena de pasteles de carne y de tortas, de juguetes y dulces, era realmente un gran árbol de navidad con colores tropicales esperando a ser compartida.
Los chicos que estaban afuera se alegraron y se reunieron y rieron durante horas debajo de la gruesa rama por la noche. Con esa imagen en mente, el chico que cumplía años se regocijó y se regresó a la fiesta.

A la mañana siguiente,
un grito agudo y dolido lo despertó. Salió de su propia casa, pero pronto parte del barrio empezó a registrarlo también por igual. Un coro de preguntas y llantos le hizo buscar a sus padres y, con el miedo típico de la ternura, buscar la fuente del dolor.
Encontró al asomarse a la calle rostros compungidos, digiriendo la situación.
Y halló que debajo del árbol habían veinte o treinta niños muertos de hambre. Todos con los ojos clavados en la rama y lo que colgaba en ella. Todos con el desespero de no haber podido.
Todo porque estaban convencidos, viendo la facilidad de lo que pasaba adentro en la fiesta, de que la piñata se abriría por sí sola.

Pero una piñata no se abre sola.
Tienes que tomar un palo y reventarla.”

Me acuerda mucho de cómo las personas piensan que un país prostituyendo a sus mujeres y vendiendo selva como si no importara la inmensa vida que contiene, va a ser desarrollado. Claro, la imbecilidad que estaba en potencia ahora es un hecho: romperse los dedos hablando de arte político mientras no se ha trabajado de campo fuera de una gran ciudad en este país es como hablar de prostitución y violación y trata de blancas sin haber tocado de frente el fenómeno… no aplica, no va, no se dimensiona justamente.
La novedad se ataca, me dijo una mujer una vez con ojos de topacio clavado en verde. Me dijo también, que por
ello se intenta destruir mediante la confusión de la percepción del encierro propio del que se le narra el relato.

Una virulencia sobrenatural, como espasmo de clímax, me arroja a la maleza de miles de datos que confirman lo que he sabido desde hace 14 años: la guerra del cambio se avecina, y no estaremos listos. Qué lindo es ver que se busca una salida espiritual a todo el proceso; que mal que se abalancen tantos estéticos sobre el tema como mercaderes de mesías.
Querer parar. Darle sentido a la inercia enorme que me arroja a los brazos de la misma acción de ingerir ese veneno.
Ver noticias para comprobar los tiempos de la locura.

Eugenesia y un breve amor al orden homogéneo, para tapar la podredumbre que heredaste y que si no abandonas, no puedes comprender tu identidad.
Entonces, ¿cómo me vas a venir con que estoy demasiado pequeño, o no sé de lo que hablo, o es un sueño de adolescente? ¡Pues claro que adolezco, tu indolencia me causa esa llaga con forma de flor roja en el pecho, la idiotez sin filtro me la fumo mientras esperas la excusa de la violencia como única forma posible de sostener tu relación con el mundo!
No va a funcionar porque ahora necesitamos otra respuesta. Recorro con los dedos las plantas en BrasilBolivia y en Bolivia misma y en ArgentinaBuenosAiresMardePlataBarilocheNeuquén y el olor de VillavicencioBogotáPopayánYopalSanAndrésChía y el olor a despedida que no cesa es el mismo.
Ilusión de separación. División. Pasaporte. “Mi país es mejor que el suyo”. “Le funcionó así a mi abuelo con la gente, ¿por qué a mí no?”

Se vuelve confetti barato el talento cuando ya no hay nada para alimentarlo excepto títulos y sesudos análisis, mientras hay allá afuera un ritual masivo con mi nombre y el tuyo esperando que recuperemos la línea para integrar lo que ya existe.
Nunca me sentí interesado en el cuerpo humano de las medidas como tal. Quise durante mucho tiempo poseerlo, dibujarlo perfecto, representarlo con esa voracidad enorme que da el realismo, pero la pared que surgió fue: ¿qué hará eso ahora, cómo funcionará, qué logrará desarrollar en los demás aparte de cierta admiración figurativa?

No quiero más que las violaciones de mis abuelos y abuelas determinen mi porvenir.
Quiero un día ver a los artistas de este continente reciclando el Eje de los Acuerdos que desearon pero nunca tuvieron nuestros abuelos: cuerpo sano, mente sana, lengua sana, espíritu volando.
Y quiero verlos girando en el espacio. Los quiero ver alejándose de sus identidades. Desafiando con tesón, con valentía, la basura mental regada por nuestros padres sin reciclar.

Yo quiero ver a más artistas enfocándose en desmilitarizar sus cuerpos. En recuperarlos para sí. En recuperar la posibilidad de ternura y delicadeza y calentura tibia que da la confianza, en lugar de tanta represión barata que no hace más que dilatar todo el miedo que están sintiendo hoy en día todos los que me rodean con su supuesta fertilidad increíble pero con esa falocracia con pies de arena tibia y contaminada…
Vivo en un mundo en el cual, hoy por hoy, es más fácil ser fascista que aceptar la sexualidad propia y del otro. Si me reconociera como Jano, con dos caras, con dos tipos de genitales, con dos tipos de labios, con dos necesidades eróticas complementarias, ¿podría trabajar, hacer amigos, vivir en el medio que me rodea? La respuesta es profunda y es negativa… y yo no tengo en este momento debilidad para ser mártir.
Labia. Vulva. Frenillo. Glande. Asterisco del ano. Dilatación del orto. Piel nueva. Piel curtida. Piel ajada. Piel deshecha por los viajes y las manos ajenas. Piel regentada por las dietas. Piel mal nacida.

Y es más fácil decir que es mentira, pseudociencia, afán de figuración o un añoramiento por el mundo hippie. Yo no sé de lo último. Pero algo sí puedo asegurar: no vivo en un mundo feliz y me da pena ajena la debilidad de tantos artistas que salen a la plaza pública sin poder desarrollar el miedo, el dolor y el placer que sienten por no poder recibir un manojo, o lo que es peor aún, por vil chantaje a perder el que con esfuerzo han conseguido.
Rasguémonos las vestiduras, ¡pero en serio!, porque la fórmula ya perdió su eficacia y este mundo flúor-ácido-extremo de los noventas dió paso a un mundo 8bit-liseínamescalina-yagé-cristal drugs-redRedrEd en el que la diferencia nos hace sentir dinosaurios en la propia piel… rasguémonos las vestiduras porque no tuvimos los cojones de asumirnos completos y ahora lloramos porque “está estancada la escena artística”… ¡pero cómo no lo va a estar, si necesitamos un enema en el alma todos!

No me vengan con que hay una diferencia entre si es institución pública o privada, que llevo 11 años viendo cómo se cae a pedazos todo y los que ayer pelearon porque el trabajo corporal era demasiado influenciado por una estética gay son casi los mismos que por usar gafa pasta y hablar con un acento porteñizado juagado en una lejana Quilmes se asumen completos parangones del progresismo total.
Tal vez si fueramos sinceros, un punto de Tao necesitamos, nada más, para retornar.

¿Qué es el dibujo? ¿Qué es la pintura? ¿Qué es la performancia? ¿Qué es lo que late dentro de mi interior?
La demencia senil de seguir el planteamiento de padres y hermanos como fuerza única posible para la punta de la lengua desenrollar.
El grito de caer en vertical cuenta de lo que ocurre y ocurrió dentro de lo que se divide al medio.

Ver a personas creerse animales de mito navegando entre palmoteos de aprobación de dioses y no ser más que puros potros en el establo dando coces, solo ser efebos para cualquier ventisca, Ganímedes desechables ante cualquier peso impuesto de ‘realidad’.
Oficio de ingratitud que te encierra a la primera entre paredones de mierda y miedo, con dolores anclados en el medio del pecho que nunca te dejan respirar de tanta vertiginosa información que se sigue desplegando en tu andar.
Manifiestos. Labios ajados por la cafeína, el azúcar, la marihuana, la cocaína, el tabaco…

La locura sempiterna de recordar lo que hemos sido y la angustia de querer ser algo que no se puede, desoyendo a cada paso el beso eterno que da el hecho contundente: que ningún hombre o mujer se negará jamás a su hora, pues en esta late el beso completo de lo que ocurrió y la caricia cercana de lo que será.
Los dedos chasqueando pidiendo respuestas, invocando memorias, evocando paisajes emocionales que ya no están, ya no fueron, ya no vuelven.

Un beso desvanecido entre las olas que pasan y las que se pierden.
Desgaste.
Cansancio.