Americanías

Latinoamérica no es un pueblo al sur de Estados Unidos.

Latinoamérica es un inconsciente colectivo que se caracteriza por la unión -pendiente- de las dos sangres que le complementan, Latinoamérica siendo un cuerpo de voces que no son armónicas porque no se reconocen visibles, Latinoamérica como abrazos desviados de un cauce natural si no se tiene cuidado alguno.

Latinoamérica como experimento. Latinoamérica como forma de vida. Latinoamérica como vaciar la palabra tantas veces que adolecemos de reconocimiento del peso cultural que implica el ser mestizo entre, ¡hasta dentro de dos mismas naciones, como Bolivia y Colombia, Argentina y Colombia, Haití y Costa Rica, Panamá y Brasil, eso ya es demasiado para nuestras mentes porque están gimiendo las memorias!
Latinoamérica es la prueba fehaciente que los cuentos de hadas existen cuando se ponen a andar y no cuando descansan sobre un periódico: los periódicos, al fin y al cabo, están ahí para dramatizarnos la vida, no para desarrollar o acompañar su natural tejido. Latinoamérica entonces, ¿estará muy pero muy pero muy pero muy lejos de los periódicos?… ¿toca aprender a estudiarlos para dejar de decir como un ancianito ‘¡a mí no me engañan!’, sino refrescarse mirando hacia adentro?
Latinoamérica como un viaje iniciático con sustancias varias.
Latinoamérica como el sueño húmedo de sustancias que abren la percepción al color de los diálogos internos y a los más avezados, los cosmonautas, a las conexiones de trascendencia que superan lo que la sintaxis ponga en palabras. Latinoamérica como el deseo y la fertilidad inmanente que continúa seduciendo a Holanda y Tokyo para yagé enlatado, brotes de peyote ‘mejorados genéticamente’ y salvia-coca-cannabis adornando pasteles.

Latinoamérica como pináculo del contraste entre ser rico y ser pobre. Latinoamérica como la joya de la corona de la justificación mental del ‘devórame lentamente todas las verdades a punta de aguardiente y sexo’. Latinoamérica como una lasagna, por capas de crujientes escondiéndose en un mar de hervores, definiéndose por la temperatura y lo que chorrea por los bordes más que por el valor de su contenido. Latinoamérica como la nutrición encogida de la mente en cuerpos con quince centímetros más de talla. Latinoamérica como un guión de teatro que debemos escribir a cinco manos todas las personas que podemos hablar coherentemente… a veces pienso que mi mayor crimen es el solamente hablar pulido en castellano, que me estoy debiendo más de la mitad del continente, que tal vez, solo tal vez, el mejor tiempo esté por venir y un leve escalofrío de la inmensidad del tiempo de antaño vuelto hoy presencia, vuelto hoy manifiesto decisivo y extraño. Latinoamérica como un beso que se desliza entre cada ventana enrejada, cada cobertor de almohadas desgastado, cada sábana salpicada de comida y de sangre, de corporeidad y paciencia, de lejanías que se vuelven tontas porque al pasar el tiempo no hay debilidad que no quede al descubierto. Latinoamérica como graffitti repetidos por las autopistas de una ciudad que le gusta que le den por el culo, pero por las buenas costumbres de un señor con sotana que no sabe nada de sexualidad sana, niega lo que le amplíe ese grisáceo manifiesto que tiene por arquitectura.
Latinoamérica como densidades, como la población más joven de todo el planeta y la timidez solitaria de tener que regresar al origen de la serpiente para esta vez, sí, esta vez avanzar, sí, esta vez no deberse a nadie y por nadie complicarse y de nuevo poder emigrar. Latinoamérica es un baño de albahaca, destrancadera y plantas de yagecero. Latinoamérica es el miedo telúrico a ser la sombra eterna de lo pacato y atermorizado, a punta de bayoneta y glande, de todo este pueblo.

Latinoamérica es la contracción de la presión social que en este momento me permite ver diamantes… aún cuando ellos mismos no los conozcan como tal. Latinoamérica es también la reproducción del que cree que el sistema funciona, cree que la justificación no nos abandonará y que los militares ponían todo en orden, también es la ceguera de las generaciones jóvenes menores a 24 años que nunca han vivido un estado de conciencia profundo como para reevaluar eso. Latinoamérica es una mujer joven en un taxi haciendo catarsis mientras va a la casa de un supuesto chamán que después de haberla enredado durante meses la violará plácidamente, mientras su corazón no metabolizará las heridas sino a destiempos, mientras su evaporación de Arcadias sucesiva se deberá a la fatalidad de un continente.
Latinoamérica también es la mujer que va por la vida actuando, porque no le da el corazón para reconocer su propio destrucción y abuso, con los pies en la tierra, que tan lejana está del pulso acelerado de la cocaína y el byte. Latinoamérica es el abrazo en un hostal del que vino a conquistar cuerpos y finalizó conquistado una etapa de su ser, lléndose a su continente de origen con cicatrices amorosas en la espalda y una linternita para ver el palacio enjoyado de las diferencias que todos llevamos por dentro. Latinoamérica es la mente enana e inane de las chicas jóvenes que son al mismo tiempo objeto del deseo y objeto de condescendencia, porque nadie puede tomar en serio a la persona que confía su magnanimidad en su apariencia de madurez o potencia plena. Latinoamérica es el baño diario de sarcasmos y quejas sobre lo prohibido y rechazado que es el continente, en lugar de la amplificación del avance de un continente que, colmena extraña, habita al mismo tiempo con abejas, escorpiones, colibrís y quimeras dentro de un solo panal… porque todo es perversamente dulce en esta tierra, hasta la tierra misma lo es.

Latinoamérica es un viaje de estados alterados de conciencia que está hasta ahora haciéndose consciente del inmenso daño que causó el no digerir su miedo por parte de sus papás y abuelos, qué tanta libertad le han quitado esos miedos… es un niño adolescente quitándose los barros, con el peso del mundo entero sobre sus hombros y reclamos de manutención y comprensión cuando nadie le da una mano, buscando entre las flores que se materializan paulatinamente una con forma de caja de resonancia azul y ámbar para cantar la sanación posible.

Latinoamérica en presente se conjuga con desilusión, reinicio, amor, transmutación, sensualidad en Fa# Mayor… y frontera nueva.

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