Al filo de memorias del Equinoxio

Baila. Va y regresa.
Se funde en miles de canciones de odio o de amor o de belleza.

Colecciones de ojos y destellos visionarios mientras se amplifica el poder del pensamiento desde la luz que debemos emanar todos los seres humanos.

Para algunos lo místico es un rasgo más de la visión de la psilocibina, para otros, el hijo natural de los dolores de cabeza humanos.

Piedra y fuego y caldera de agua incesante como forma natural de invocar al poder del ser humano.
Luego ángel, luego abstracción, luego dudas, luego abandonar lo humano.

Habitar la complejidad de lo que ya no está orfandado, ya no está deshabitado, ya remite a un cielo más cercano en frutos terrestres la melodía propia. Se aprovechan los Señores de las Sombras de aquellos que miran al cielo buscando imponer sus visiones de oscuridad disfrazada de grandeza, de mentira y choque disfrazada de hermandad.

Encender la llama es menester.
Se busca  la hermandad humana, pero para algunos, es más importante el beneficio económico. ¿A qué temer? Tema, a andar rodeado de gente que no puede asumir esa resonancia como parte propia de esta realidad… y lo reduce a los números y los impulsos deliberadamente agresivos, nada más.

Podemos estallarnos o podemos elevarnos en una espiral que vaya más allá de la ruta de odio que intentan proyectar sobre nuestras cabezas. Nuestra decisión final.

Viene. Va. Viene y va.

Ya no habrá más odio y más dudas. Ya se disipará el temor a actuar y desarrollar con el tamaño adecuado el proceso de la semilla de girasol sempiterna y gigantesca en la cocina del mundo entero.

Y mientras más habito mis incomodidades, cosas raras, y entrego regalos, más puedo desinhibirme, navegar con algunos similares aunque paralelos a mí, para crear un buen subterfugio, donde el deber de rezar por el amor de los levantados en almas sea una realidad profunda…

donde el devocionario de almas sea la ley eterna para mi pueblo entero.

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La frustración del campo artístico (xiii de xiii)

¿Saben por qué las personas más corruptas ganan?
Por su constancia.

Ganan porque no se rinden. Porque, contra viento y marea, con una linfa que se parece más al cinismo que a otra cosa, insisten e insisten e insisten hasta que la logran.

Y mientras esas personas se aseguran tradiciones y memorables hazañas (negativas, pero hazañas), los intereses positivos (los más válidos) se quedan en el suelo porque las acciones que tienen el poder de cambiar al mundo no son creídas por las mismas personas que las proponen.

Uno de los desafío más grandes en el mundo del arte y en el mundo social “adulto” (sic) es comprender que cuando una persona quiere conseguir algo, miente o tiende a la mentira. Eso es un indicador enorme del nacimiento de la corrupción y podredumbre que permuta las instituciones artísticas, que permiten abuso, miopía, injerencia indebida y una opacidad que pondría a sudar petróleo a Superman para ver qué hay en su interior. También es un indicador de la debilidad emocional y mental de los artistas, que intentan justificarlo todo con términos intelectuales, pero al final del día, no son capaces de asumir esos desgarros llenos de pus que los convierten en cajas negras de poder, recursos, relaciones.

De esas personas, en los ojos siempre hay un brillo… metálico. Intuye uno el vacío y la posibilidad muy cercana de recibir la puñalada si le da la espalda. Y hay que cuidarse.
Porque estas personas han perdido el desafío y se han vendido. Así no tengan un cargo tan importante como director de un museo moderno o contemporáneo o no sean curadoras de festivales nacionales como para asumir que eso los hace “parte del sistema”, son personas que matarán a los Otros para llegar ahí, a esa parte de la montaña.

¿Y qué pasa con los Otros?
Se quedaron debatiendo en lugar de hacer, proponer y confiar. Se quedaron en los “pero preguntémonos, ¿para qué hacemos las cosas?” en lugar de afirmar “yo puedo hacer esto, vamos a reinventar las cosas y explorarlas desde sus entrañas haciendo“. Se quedaron sentados acariciándose el ego y delegando la acción mientras el país, sus familias, sus sexos y sus mentes estallan de locura por poder manifestar alegría pero su debilidad no se los permite.
Se quejan cuando alguien asume control sobre sus propios actos y lo señalan como dictador, en lugar de preguntarse si, por un breve momento, están ellos aprendiendo a responder y re-ligarse para saber hacia donde y cómo enfocar sus energías.

Por eso, es que las personas corruptas ganan. Y sí, sí es una guerra. Y sí, es parte de la naturaleza humana que sea desigual, si se cultiva más una cosa que otra (recuerden los dos lobos internos mostrados por la leyenda Cherokee). También es un hecho indiscutible que el no someterse a las experiencias de trabajo de campo y de exploración espiritual constituye a los artistas en los hijosdeputa déspotas cobardes más grandes de la población humana.
El que se denominen “introvertidos” como justificación solo empeora esta situación.

Si usasen así fuera el 30% de su cobardía como leña, la quemaran en el horno del empoderamiento propio y decidieran asumirse desde el quién soy, cómo soy, dónde estoy, de dónde vengo y hacia donde voy, podrían, con suerte, cambiar su derrotero e inercia.
Si usan el 50%, el cambio es inmediato, exponencial e iluminador en su medio circundante, y la diversidad podría florecer muchísimo más fácil y de forma pacífica, no pacificadora.

El único momento real es el ahora. Así que… ¿qué harás ahora, tú, que no eres inmortal?

Taquigrafía mental

A veces el camino está plagado de distracciones.
Póngase los puntos sobre las íes.

No hay nada más decepcionante que un grupo de personas, en pleno siglo XXI, pensando en términos idiotas de ‘liberación del pueblo’ y ‘autonomía del pensamiento’, sin haber pasado primero por la madurez que genera el desguazamiento emocional propio.
Póngase los puntos sobre las íes.

Hay que deberse al impulso. Acumular la energía, la rabia, la sensualidad, para estallar como una saeta en la cara de la dificultad.
Póngase los puntos sobre las íes.

Superar el desgaste y abandonar malos hábitos. Descargar la cabeza de pensamientos estúpidos y buscarse, en el fondo de la mayor y más larga soledad, los retazos de amor que engendran abrazos.
Póngase los puntos sobre las íes.

Mirar cómo la miopía se vuelve ley en un país de personas con hambre de cambios pero con una imaginación desnutrida hacia el presente y con obsesión por el pasado, por “tener raíces”.
Póngase los puntos sobre las íes.

Me dicen que no sea pajero. Que las tome en cuenta. Que las respete.
Pero algunas mujeres solamente desean venganza contra el mundo por haberlas reducido a objetos sexuales, y uno debe hacerles los deberes… ¿o no?
¿Si uno no hace los deberes de ser lo que ellas quieren, qué es uno? ¿Cómo queda uno, entonces? ¿Hay alguna opción extra que ser el villano de la película para estas mujeres?
Ponte los puntos sobre las íes.

Me dicen que la gente no está lista. Que mañana. Mejor me calle, dicen. Que igual nadie escucha. Que tire a la izquierda o tire a la derecha. Y que me acompañan.
Pero no se bajarían de su condescendencia y clasismo ni a palo limpio. ¿Y uno tiene que cuidar delante de ellos su palabra?
Ponte los puntos sobre las íes.

Es de locos sacrificar el presente por el bienestar general. Es infundado. Es rídiculo.
Capaz otros no ven la vida como una carga, sino como una farra.
El problema es que la fiesta termina y tienes que pagar la factura. El problema es que no importa qué tanto te escondas, y a donde pretendas huir, la realidad de tu corazón cariado siempre te carcome.
Y entonces, la castración que aplicaste a otros, se te regresa duplicada. ¿Qué harás cuando ya nadie quiera alabar tus llantos, por baratos?
Ponte los puntos sobre las íes.

Dejar de ser heroico, de hacer gesta libertadora, encerrarse a lamerse el ombligo, como única opción de desarrollo. Vivir los tiempos de puñaladas por la espalda, benefactores autosatisfechos y arrogancias disfrazadas de humanitarismo. Las personas que piensan que le hacen un favor a otros sin revisar primero su propio clasismo están dándole la espalda al Dharma.  Y el Karma, patea muy duro, los culos.
Ponte los puntos sobre las íes.

Sentir en la boca del estómago la rabia del que con una palabra invalida todo.
El esfuerzo, el abrazo, todo. Y comprender que la divergencia se paga con sangre, pero fertiliza árboles que engendran música, frutas y baile.
Sencillo es, en fondo y forma.
Aún cuando los demás no oigan la música, se inventen síndromes para describir la necesidad de libertad humana que demuestra “
esto-no-funciona”, y bailes como un derviche… aún así, el sacrificio es dentro de la carne propia.
Ponte los puntos sobre las íes.

 

Remontar despacio, que la luz llega. Lenta, pero llega. Constante, pero llega. Soportar las ofensas, licuarse hasta que ya nada pueda ser punible u ofensivo. Y así, avanzar. Sin el sol a cuestas, sin sol que se ponga en el reinado propio: avanzar majo, bajo un cielo tachonado de estrellas.
Ponte
los puntos
sobre
las íes.

Jarabes para la tos, para Thanatos, para vos

Soy
lo que se pone el zapato
y lo sacude para andar y caminar
y trasegar por todos los reinos
la arena blanca de la realización.

Soy lo que mueve los hilos de colores, y vacía la copa de agua,
mira de frente cómo pagarle la comida a los niños,
y abraza un pedazo de plástico o de madera que llamo escapulario.

Soy
lo líquido
lo huidizo
lo ambrosiano
lo que no encaja
sino que se amolda
cuando en el espejo te bebes la luz
con los ojos.

Soy
un espacio innombrable, subatómico, inconmesurable,
desperdiciado por todos
buscando lo que no es nuestro
o lo que sí lo es pero sin fuerza
que es mayor pecado capital que no desearlo en el primer lugar
y me visten de extrañas telas
que bautizan como les quede cómodo, mientras lo que creé
con confianza para amor de ustedes y diversión
se quema mientras queman las naves.

Soy
lo que inflama el pecho
del trabajo humilde que desarrolla
la paz
la alegría
la reconstrucción
la búsqueda de la expresión.
Sí, ese y no otro soy. Ese y no cualquiera estaré.

Tú que lees estas letras
tienes atravesadas las variaciones de un cielo que no alcanzas a conocer
escritas con claves de luz
dentro de tu paladar por mi mano franca.
La mano tuya será de sanación o paciencia, dependiendo de la medida en la cual la misma se haya logrado colocar
por tu hijo parido, por tu planta abrazada, por tu lectura compartida, por tanto que puedas dar.

Porque no hay miserableza más grande que la de tocar la puerta de los otros reinos y negarse a admitir que lo que pasa en este es hijo directo de los mismos: es una verdad, tal vez sin filtro, tal vez sin procesar, pero la magia nos transtorna la vida y si no respetamos su mandato divino de florecer aún en los parajes más extraños -siendo híbridos de hongo fluorescente y gardenia-, no, queridos, no hay nada de qué hablar.
Lección enorme y esta: que el otro Reino te enseñe a desafiar a Este Reino, para realmente ser feliz… a como dé lugar.

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Un pabellón de futuros se abren frente al dolor digerido, una vez este ha sido evacuado del organismo. ¡Liberación, grita el pueblo! ¿Liberación, puede manejar, el pueblo? Estamos de malevajes, ¿regresaremos, podremos regresar? La marea de arrastre es fuerte y el Sol estalla de alegría y miedos como un recién parido: tanto ríe, tanto caga. Fuerte es la mano que nos cae del cielo en estos días.

La lección más grande que puede haber es para mí, el ser fiel a sí mismo. Semper Fidelis, “siempre fiel”, pero no a un grupo, sino al corazón propio. Al receptáculo de memorias y coordenadas que se teje dentro de la vida, que nos rodea y abraza… lo mío lo he hecho a tiempo, he sacrificado juventud y compasión, recibido pérdida y parco calor, y aún así la fuerza enseña que queda más, que podés ganar más, que podés esperar y generar más. ¿Es esto así para todos los amores bajo el cielo? ¿Es acaso este el verdadero hijo, el lazo filial desnudo de pretensiones? Es solo así para mi tipo de amor. Un amor de debilidades humanas, amor de fisuras y de delicadelias vivientes, amor por cleptócratas o cronoclépticos y no por burócratas, confianza por los niños y los perros y desconfianza de la palabra sincera de los que adolecen de la juventud del presente.
No es mi amor romántico el que importa, sino el que se escapa por el borde de las palabras pero frente al cual, el hombre estallado en memorias de infancia frente a la muerte asiente en silencio con un ‘gracias’ congelado en los labios. Notorio. Así sea congelado.

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Siempre que se hace una historia, se habla de un hombre, de un niño o de sí.
Que esta historia sea difícil: hablemos de un hombre que es común. Como un molotov de Agua de Roca estallando contra las puertas de una barricada en el Vaticano…

Cuando me vaya, que de mí hablen esta partícula: golpeé las puertas del cielo y me enviaron a mi propia casa a barrer el polvo, sacudir las ventanas. Dentro de ello, conocí las huestes de Satán, los círculos que existen en los que habitan los Nombres Oscuros, conocí el velo que une los dos puentes mientras te comes un plato de avena y una cucaracha baila la danza de la muerte después de invadir tu casa, comprendí que brujería y cursilería machista colombiana están juntas y ambas te pueden afectar. En ese interior, prosigo, carcomí huesos, perdí músculos, subdesarrollé y devalué la confianza en mí y por mí de la sociedad y el éxito: abandoné el ser una maquinita perfecta de cerebros para acercarme a la vida amplia del que ya no tiene pierde porque se sometió a perder todo lo posible. Articulando, además, comprendí que puedes cantar como los dioses, pero algunos se dejaron ensordecer el alma y no van a agradecer un aria, sino el trash metal, porque el ruido hace vibración y no importa lo densa, es lo que mejor les queda.
Dejando a un lado el devaneo de sesos, que la fama muera y la calidez perdure. Con ello es que caminamos cuando retornamos al final del viaje.

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La trascendencia poco me importa si abarca el dejar de lado la creación de un mundo nuevo.
La liberación me importa muy, muy poco, si no hay un espacio de acción y coacción entre el vaivén de tus caderas y la médula roja que se halle rígida en mi espalda. Si no puedo mover no un milímetro, sino un kilómetro, lo que me ha parasitado adentro para reverdecer como humano, no tengo derecho a hablar de los nuevos mundos: abrazar una lágrima y contener un orgasmo antes de que lo seque la factura y los años mal vividos es fundamental para la plenitud de mi propia voz.
Y jamás lo olvidaré.

Que recuerden las prédicas de lo pragmático, que de lo invisible ya hay una forma de tocarlo y de habitarlo para oír el canto leve de Dios. Y aunque el dolor hoy me ensordece el alma, apagando una zona del mundo y encerrándolo en barricas de roble, también veo que se tuerce la forma y surge un alambique que destila lo podrido del vino y ¡oh sorpresa!, se recupera el fondo y la forma.

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La lección más grande que queda es esta: oír con sinceridad este álbum compuesto entre 1968 y 1970, comprender que su vigencia es sempiterna y su propuesta de vida experta. Y jamás expulsar de la vida la posibilidad de sonreír, por quedar bien con ello que se opone a la sinceridad tratada en el mismo.
Esa desviación del camino propio, es la mayor ofensa que le podemos hacer al Cielo. No la abordemos.

Porque el que se comporta como oveja, irá directo al matadero, así esté bendita esta bestia domesticada por un Lama.

Levanto la copa llena de decencia. Que me aclame la sensibilidad y lo noble el otro.

Y bebo por tu ausencia un poco más de polen. Me habitas en risas blancas, luego, no te puedo perder.
Y el ser estandarte de libertad bajo tu nombre, termina aquí.
El mío, arranca así.

[In Memoriam B. M.]

Hiatus de Frustración: La balada del chip y el monstruo bello

Porque dentro de mí ya está el árbol.

Estoy listo para el desfile de los tambores. Es probable que caiga. Es probable que sufra o que riña. Es probable que, también, se eleve en almas este planeta y sea un final en el cual recordemos que tenemos la opción, entre el conocimiento y la potencia de lo gregario, de retornar a la paz.

Pero no me voy a quedar acá sentado esperando saberlo.

Creo que comprenderé como dejar de amasar las palabras y los pensamientos con el hambre floreciendo y el estómago pegado al espinazo… siento que estoy listo para empezar a desafiar esa programación automática que hace que siga la energía condensada fluyendo automáticamente por la autopista que no es: porque nadie, pero nadie, puede dar ayuda, si esta inmerso en un discurso de miserableza y tristeza… no está haciendo revolución, está involucionando.

El sabor rojo de la sangre en la boca, pero el placer del dolor de la pequeña llaga en la boca por ser la energía condensada menor a diez centímetros que puesta bajo un microscopio enseñaría miles de mandalas y estructuras de palabras que pujan y se muerden entre sí por salir.
Surgirá una llama de colores únicos, traslúcidos, apastelados a fuerza de vibrar con la electricidad. Humo de cigarrillo y tinto, viajar por diferentes países y confirmar que todo es igual en todas partes.
Asesinaré al de gafas gruesas y bata blanca, al igual que al calvo, al igual que al enano de overol… todo se modificará en pos del plan.
Continuaré con el plan y desandaré lo aprendido.
Destierraré lo domesticado.
Anidaré águilas.
Cazaré ciervos.
Ahora.