Jarabes para la tos, para Thanatos, para vos

Soy
lo que se pone el zapato
y lo sacude para andar y caminar
y trasegar por todos los reinos
la arena blanca de la realización.

Soy lo que mueve los hilos de colores, y vacía la copa de agua,
mira de frente cómo pagarle la comida a los niños,
y abraza un pedazo de plástico o de madera que llamo escapulario.

Soy
lo líquido
lo huidizo
lo ambrosiano
lo que no encaja
sino que se amolda
cuando en el espejo te bebes la luz
con los ojos.

Soy
un espacio innombrable, subatómico, inconmesurable,
desperdiciado por todos
buscando lo que no es nuestro
o lo que sí lo es pero sin fuerza
que es mayor pecado capital que no desearlo en el primer lugar
y me visten de extrañas telas
que bautizan como les quede cómodo, mientras lo que creé
con confianza para amor de ustedes y diversión
se quema mientras queman las naves.

Soy
lo que inflama el pecho
del trabajo humilde que desarrolla
la paz
la alegría
la reconstrucción
la búsqueda de la expresión.
Sí, ese y no otro soy. Ese y no cualquiera estaré.

Tú que lees estas letras
tienes atravesadas las variaciones de un cielo que no alcanzas a conocer
escritas con claves de luz
dentro de tu paladar por mi mano franca.
La mano tuya será de sanación o paciencia, dependiendo de la medida en la cual la misma se haya logrado colocar
por tu hijo parido, por tu planta abrazada, por tu lectura compartida, por tanto que puedas dar.

Porque no hay miserableza más grande que la de tocar la puerta de los otros reinos y negarse a admitir que lo que pasa en este es hijo directo de los mismos: es una verdad, tal vez sin filtro, tal vez sin procesar, pero la magia nos transtorna la vida y si no respetamos su mandato divino de florecer aún en los parajes más extraños -siendo híbridos de hongo fluorescente y gardenia-, no, queridos, no hay nada de qué hablar.
Lección enorme y esta: que el otro Reino te enseñe a desafiar a Este Reino, para realmente ser feliz… a como dé lugar.

****-****

Un pabellón de futuros se abren frente al dolor digerido, una vez este ha sido evacuado del organismo. ¡Liberación, grita el pueblo! ¿Liberación, puede manejar, el pueblo? Estamos de malevajes, ¿regresaremos, podremos regresar? La marea de arrastre es fuerte y el Sol estalla de alegría y miedos como un recién parido: tanto ríe, tanto caga. Fuerte es la mano que nos cae del cielo en estos días.

La lección más grande que puede haber es para mí, el ser fiel a sí mismo. Semper Fidelis, “siempre fiel”, pero no a un grupo, sino al corazón propio. Al receptáculo de memorias y coordenadas que se teje dentro de la vida, que nos rodea y abraza… lo mío lo he hecho a tiempo, he sacrificado juventud y compasión, recibido pérdida y parco calor, y aún así la fuerza enseña que queda más, que podés ganar más, que podés esperar y generar más. ¿Es esto así para todos los amores bajo el cielo? ¿Es acaso este el verdadero hijo, el lazo filial desnudo de pretensiones? Es solo así para mi tipo de amor. Un amor de debilidades humanas, amor de fisuras y de delicadelias vivientes, amor por cleptócratas o cronoclépticos y no por burócratas, confianza por los niños y los perros y desconfianza de la palabra sincera de los que adolecen de la juventud del presente.
No es mi amor romántico el que importa, sino el que se escapa por el borde de las palabras pero frente al cual, el hombre estallado en memorias de infancia frente a la muerte asiente en silencio con un ‘gracias’ congelado en los labios. Notorio. Así sea congelado.

************-*********

Siempre que se hace una historia, se habla de un hombre, de un niño o de sí.
Que esta historia sea difícil: hablemos de un hombre que es común. Como un molotov de Agua de Roca estallando contra las puertas de una barricada en el Vaticano…

Cuando me vaya, que de mí hablen esta partícula: golpeé las puertas del cielo y me enviaron a mi propia casa a barrer el polvo, sacudir las ventanas. Dentro de ello, conocí las huestes de Satán, los círculos que existen en los que habitan los Nombres Oscuros, conocí el velo que une los dos puentes mientras te comes un plato de avena y una cucaracha baila la danza de la muerte después de invadir tu casa, comprendí que brujería y cursilería machista colombiana están juntas y ambas te pueden afectar. En ese interior, prosigo, carcomí huesos, perdí músculos, subdesarrollé y devalué la confianza en mí y por mí de la sociedad y el éxito: abandoné el ser una maquinita perfecta de cerebros para acercarme a la vida amplia del que ya no tiene pierde porque se sometió a perder todo lo posible. Articulando, además, comprendí que puedes cantar como los dioses, pero algunos se dejaron ensordecer el alma y no van a agradecer un aria, sino el trash metal, porque el ruido hace vibración y no importa lo densa, es lo que mejor les queda.
Dejando a un lado el devaneo de sesos, que la fama muera y la calidez perdure. Con ello es que caminamos cuando retornamos al final del viaje.

******-******

La trascendencia poco me importa si abarca el dejar de lado la creación de un mundo nuevo.
La liberación me importa muy, muy poco, si no hay un espacio de acción y coacción entre el vaivén de tus caderas y la médula roja que se halle rígida en mi espalda. Si no puedo mover no un milímetro, sino un kilómetro, lo que me ha parasitado adentro para reverdecer como humano, no tengo derecho a hablar de los nuevos mundos: abrazar una lágrima y contener un orgasmo antes de que lo seque la factura y los años mal vividos es fundamental para la plenitud de mi propia voz.
Y jamás lo olvidaré.

Que recuerden las prédicas de lo pragmático, que de lo invisible ya hay una forma de tocarlo y de habitarlo para oír el canto leve de Dios. Y aunque el dolor hoy me ensordece el alma, apagando una zona del mundo y encerrándolo en barricas de roble, también veo que se tuerce la forma y surge un alambique que destila lo podrido del vino y ¡oh sorpresa!, se recupera el fondo y la forma.

*****-*****

La lección más grande que queda es esta: oír con sinceridad este álbum compuesto entre 1968 y 1970, comprender que su vigencia es sempiterna y su propuesta de vida experta. Y jamás expulsar de la vida la posibilidad de sonreír, por quedar bien con ello que se opone a la sinceridad tratada en el mismo.
Esa desviación del camino propio, es la mayor ofensa que le podemos hacer al Cielo. No la abordemos.

Porque el que se comporta como oveja, irá directo al matadero, así esté bendita esta bestia domesticada por un Lama.

Levanto la copa llena de decencia. Que me aclame la sensibilidad y lo noble el otro.

Y bebo por tu ausencia un poco más de polen. Me habitas en risas blancas, luego, no te puedo perder.
Y el ser estandarte de libertad bajo tu nombre, termina aquí.
El mío, arranca así.

[In Memoriam B. M.]

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