Taquigrafía mental

A veces el camino está plagado de distracciones.
Póngase los puntos sobre las íes.

No hay nada más decepcionante que un grupo de personas, en pleno siglo XXI, pensando en términos idiotas de ‘liberación del pueblo’ y ‘autonomía del pensamiento’, sin haber pasado primero por la madurez que genera el desguazamiento emocional propio.
Póngase los puntos sobre las íes.

Hay que deberse al impulso. Acumular la energía, la rabia, la sensualidad, para estallar como una saeta en la cara de la dificultad.
Póngase los puntos sobre las íes.

Superar el desgaste y abandonar malos hábitos. Descargar la cabeza de pensamientos estúpidos y buscarse, en el fondo de la mayor y más larga soledad, los retazos de amor que engendran abrazos.
Póngase los puntos sobre las íes.

Mirar cómo la miopía se vuelve ley en un país de personas con hambre de cambios pero con una imaginación desnutrida hacia el presente y con obsesión por el pasado, por “tener raíces”.
Póngase los puntos sobre las íes.

Me dicen que no sea pajero. Que las tome en cuenta. Que las respete.
Pero algunas mujeres solamente desean venganza contra el mundo por haberlas reducido a objetos sexuales, y uno debe hacerles los deberes… ¿o no?
¿Si uno no hace los deberes de ser lo que ellas quieren, qué es uno? ¿Cómo queda uno, entonces? ¿Hay alguna opción extra que ser el villano de la película para estas mujeres?
Ponte los puntos sobre las íes.

Me dicen que la gente no está lista. Que mañana. Mejor me calle, dicen. Que igual nadie escucha. Que tire a la izquierda o tire a la derecha. Y que me acompañan.
Pero no se bajarían de su condescendencia y clasismo ni a palo limpio. ¿Y uno tiene que cuidar delante de ellos su palabra?
Ponte los puntos sobre las íes.

Es de locos sacrificar el presente por el bienestar general. Es infundado. Es rídiculo.
Capaz otros no ven la vida como una carga, sino como una farra.
El problema es que la fiesta termina y tienes que pagar la factura. El problema es que no importa qué tanto te escondas, y a donde pretendas huir, la realidad de tu corazón cariado siempre te carcome.
Y entonces, la castración que aplicaste a otros, se te regresa duplicada. ¿Qué harás cuando ya nadie quiera alabar tus llantos, por baratos?
Ponte los puntos sobre las íes.

Dejar de ser heroico, de hacer gesta libertadora, encerrarse a lamerse el ombligo, como única opción de desarrollo. Vivir los tiempos de puñaladas por la espalda, benefactores autosatisfechos y arrogancias disfrazadas de humanitarismo. Las personas que piensan que le hacen un favor a otros sin revisar primero su propio clasismo están dándole la espalda al Dharma.  Y el Karma, patea muy duro, los culos.
Ponte los puntos sobre las íes.

Sentir en la boca del estómago la rabia del que con una palabra invalida todo.
El esfuerzo, el abrazo, todo. Y comprender que la divergencia se paga con sangre, pero fertiliza árboles que engendran música, frutas y baile.
Sencillo es, en fondo y forma.
Aún cuando los demás no oigan la música, se inventen síndromes para describir la necesidad de libertad humana que demuestra “
esto-no-funciona”, y bailes como un derviche… aún así, el sacrificio es dentro de la carne propia.
Ponte los puntos sobre las íes.

 

Remontar despacio, que la luz llega. Lenta, pero llega. Constante, pero llega. Soportar las ofensas, licuarse hasta que ya nada pueda ser punible u ofensivo. Y así, avanzar. Sin el sol a cuestas, sin sol que se ponga en el reinado propio: avanzar majo, bajo un cielo tachonado de estrellas.
Ponte
los puntos
sobre
las íes.

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